Sexo y tecnología: influencia y particularidades

Pedro González Núñez · 20 diciembre, 2018
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González el 20 diciembre, 2018
Sexo y tecnología se puede convertir en un binomio excepcional si es bien entendido, o en una pesadilla siempre que no se respete el vínculo creado.

Sexo y tecnología son dos términos que cada vez mantienen una relación más estrecha. Durante miles de años la sexualidad humana no se ha visto afectada por demasiados avances tecnológicos; sin embargo, en la actualidad, la tecnología también ha empezado a cobrar protagonismo en este campo.

Por supuesto, esto es posible gracias a que existe la propia tecnología, pero también gracias a que la manera de entender y de vivir la sexualidad también se ha trasformado. A continuación profundizaremos un poco más en este tema.

Sexo y tecnología: influencias

Los avances tecnológicos han ofrecido a los seres humanos nuevos espacios. Sin duda, este hecho ha provocado que se generen nuevas formas de socializar en todos los ámbitos, el íntimo, incluido.

Al ser la sexualidad una faceta tan importante en la vida de un ser humano, cualquier elemento que la condicione pasa a ser importante. Respecto a la tecnología, las apps móviles, internet y las redes sociales son, seguramente, las que más han influido.

Mujer mirando el móvil

Hoy en día, casi todos tenemos un «teléfono sombra»; sin embargo no llamamos más que antes. Por el contrario, solemos decantarnos por formas de comunicación más distantes. En este sentido, la evolución se está produciendo a tal velocidad que cuesta estudiar y sacar conclusiones sobre cómo nos relacionamos con la tecnología.

Pero no cabe duda de que, a nivel personal y social, su influencia es importante. Y, aunque a veces parece impredecible, hemos de estar al día de la relación entre tecnología y sexo, de manera especial si nos referimos a conductas inadecuadas o patológicas.

Internet y sexo

Internet es infinito, siéndolo también infinita la cantidad de páginas y referencias con contenido sexual. Tanto a nivel lúdico como para informarse, la gran red es un destino de preferencia, aunque no necesariamente adecuado en todos los casos.

Por otro lado, en el estrato social más joven (incluyendo a adolescentes y menores de edad), el compartir contenido sexual de generación propia es una práctica que se ha implantado con fuerza. Tiene atributos que la hacen muy atractiva, el protagonismo se lo lleva lo visual – en un mundo de personas cada vez más visuales- y no requiere de mucho tiempo.

Contenido para adultos

Podemos encontrar material sexual en distintos formatos. No hace falta buscar demasiado. Por otro lado, las estadísticas nos dicen que hablamos de un género que tiene un público numeroso y de un amplio abanico de edades.

Por otro lado, lejos de ser inocuo. Hoy sabemos, por ejemplo, que el contenido compartido y consumido condiciona en buena medida las expectativas sexuales de las personas que lo consumen. De alguna manera, nuestro cerebro parece no procesar lo que percibe como ficción.

Sexting

Una de las prácticas que unifican sexo y tecnología y que se encuentra entre las más peligrosas es el sexting. Se da sobre todo entre jóvenes y adolescentes y consiste en el envío de fotos y vídeos con contenido sexual explícito que se toman a modo de selfie con el móvil.

Si bien puede ser una práctica que introduzca seducción en la vida sexual adulta, entre los jóvenes se ha convertido en un juego erótico arriesgado. Y es que, además de aumentar el deseo, también ha provocado que algunos materiales acaben en manos no deseadas, haciendo que se difundan contenidos no permitidos e inadecuados.

Por desgracia, en la perversión de esta práctica encontramos el grooming. El groomer es un individuo que busca hacer daño al menor utilizando redes sociales y métodos tecnológicos para contactar con personas, generalmente mucho más jóvenes, disfrazando su apariencia y con el propósito de conseguir material sexual explícito de sus víctimas.

“Se ha vuelto terriblemente obvio que nuestra tecnología ha superado nuestra humanidad”.

-Albert Einstein-

Hombre mirando el móvil sonriendo

Sexo y tecnología, una relación polémica

Aludiendo al tema que nos concierne, podemos decir que sexo y tecnología configuran un binomio polémico. La tecnología nos abre todo un campo de posibilidades, la contrapartida es que muchas de ellas, lejos de aportarnos, nos pueden hacer mucho daño. Elegir bien qué queremos o no queremos, además de ser nuestro derecho, tiene mucho que ver con nuestra autoestima y empatía.

Por otro lado, la tecnología ha revolucionado la vinculación afectiva de los individuos. Aplicaciones como Tinder, que dan lugar a relaciones o pseudorelaciones en las que todas las etapas se suelen quemar muy rápido, encajan muy bien en una concepción del amor un tanto perversa: el amor como objeto de consumo con independencia del otro.

También la tecnología ha desarrollado lo que se conocen como aparatos hápticos (relacionados con el tacto). Es decir, aparatos que permiten simular la sensación de tocar o ser tocados por otra persona. Pero todo este sexo virtual que necesariamente se ha de considerar como una ventaja, no implica que la comunicación íntima mejore. De hecho, en muchos casos ha creado conflictos, desconfianza y perjuicios severos.

Al final, podríamos decir que no se trata de la tecnología en sí, sino de cómo la apliquemos. La tecnología aplicada al sexo no es mala en sí misma, el uso o abuso que hagamos de ella será lo que determine su bondad para cada persona o pareja.

  • Bonavitta, P. (2015). El Amor en los Tiempos de Tinder. Cultura y Representaciones Sociales
  • Espinoza, J. (2015). Reconfigurando el amor: Mediación tecnológica y relaciones afectivas. Revista Question Académica
  • Villacampa, C. & Gómez, M.J. (2016). Nuevas Tecnologías y Victimización Sexual de Menores por Online Grooming. Revista Electrónica de Ciencia Penal y Criminología