Síndrome de la utopía

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 20 octubre, 2018
Beatriz Caballero · 22 octubre, 2018

Autores, como Watzlawick et al. (1974), explican la formación de problemas y las posibles causas. Una de las causas que puede generar la formación de problemas sería el síndrome de la utopía.

Cada persona tiene una visión sobre cómo son las cosas y, lo que es casi más importante, sobre cómo deberían ser. Cuando existe una discrepancia entre estas premisas, se exige un cambio para cerrar o acortar esta disonancia.

“Mientras perseguimos lo inalcanzable hacemos imposible lo realizable”.

-R. Ardrey-

¿Qué es realmente el síndrome de la utopía?

Los seres humanos poseen una tendencia inherente al sentido, es decir, a buscar un sentido de vida. El síndrome de la utopia del que hablan Watzlawick et al (1984) se refiere a la discrepancia que vive el ser humano entre el “ser” y el “debe/deber ser”.

En relación a este concepto, los autores hablan de potencialidad, es decir, esta discrepancia exige generar un cambio en ella. Por tanto, se puede deducir que el ser humano tiene recursos que no utiliza o desconoce.

Chica que mira un camino intentando poner distancia

Cuando tenemos expectativas muy elevadas, se pueden formar problemas, por ejemplo se puede producir una desesperación existencial. El síndrome de la utopía sería una de las formas de desesperación existencial.

Autores como Kierkegaard, Dostoyevsky y Camus hacen referencia a este concepto, que implica la firme convicción de que existe un sentido de vida, el cual hay que descubrir para sobrevivir. Ante el reconocimiento de que existe un sentido de vida, la persona trata de definirlo de forma utópica y afecta a los instrumentos y el camino que elegimos transitar para conseguir un cambio.

“En esta forma de desesperación existencial, la busca de un sentido de vida ocupa un punto central y se difunde a todo lo demás y tanto es así que el pensador pone en tela de juicio cuanto existe bajo el sol, con excepción de la premisa misma, es decir, la firme convicción de que existe un sentido y hay que descubrirlo para sobrevivir”.

-Kierkegaard, Dostoyevsky y Camus-

Las tres formas del síndrome de la utopía

“He comprobado mediante una investigación a fondo que Utopía está más allá de los límites del mundo conocido”.

-Guillaume Budé-

Los simplificadores no ven problema alguno donde realmente existe un problema, y al contrario los utópicos ven una solución donde no hay ninguna. Con frecuencia, el extremismo en la solución de problemas humanos parece desembocar en un comportamiento designado como síndrome de utopía, que puede adoptar tres formas:

  • Introyectiva. Ante el doloroso sentimiento de ineptitud personal, derivado de la imposibilidad de alcanzar el propio objetivo, se producen consecuencias psiquiátricas (huida, retraimiento, depresión, suicidio…). Cuando el objetivo es utópico, el mero hecho de plantearlo es una quimera y la persona acaba culpándose por su propia ineptitud.
  • Inofensiva. Esta segunda variante es menos dramática y posee cierto encanto, ya que se trata de una demora agradable hacia el objetivo utópico. Poetas como Constantino Kavafis ha descrito esta actitud como la de un navegante que disfruta del viaje, aunque el camino sea largo.
  • Proyectiva. El ingrediente básico de esta actitud es la rígida convicción de haber encontrado la verdad y, por tanto, asumir la responsabilidad de cambiar el mundo. Mediante una buena dosis de persuasión y esperanza, la persona va a intentar que los demás acepten su verdad, obteniendo un resultado totalmente opuesto en algunos casos.

Rostro transparente de una mujer

Los “debería” pesan y retraen, son muy característicos de la utopía introyectiva ya que el mapa mental suele ser bastante rígido. Cuando esta obligación es muy fuerte, el objetivo no se concretiza y los caminos para alcanzarlo se convierten difusos.

El aforismo de Stevenson “Es mejor viajar colmado de esperanzas que llegar a puerto” es muy representativo de la utopía inofensiva, también conocida como dilación o demora. También conocidos como eternos viajeros que nunca llegan a terminar su viaje, como, por ejemplo, una persona perfeccionista o el eterno estudiante.

A todos nos gusta que nos escuchen y que compartan nuestras ideas, pero no siempre es así, y tenemos que aceptar que cada persona posee su propia verdad. En relación a ello, cuando un utópico proyectivo no consigue que acepten o escuchen su idea utópica piensa que es debido a actos de mala fe o incluso que pretenden destruir su idea.

A modo de conclusión qué mejor referencia que Karl Popper, quien advirtió que los esquemas utópicos debían conducir forzosamente a nuevas crisis. En otras palabras, señalaba que es más fácil proponer un objetivo utópico, ideal y abstracto que resolver problemas concretos.

  • Paredes, C. (s. f.). Concepto de hombre en la Terapia Breve y la Logoterapia: Coincidencias y Diferencias, 11.