Síndrome de Procusto: quiero que te vaya bien pero no mejor que a mí

Síndrome de Procusto: quiero que te vaya bien pero no mejor que a mí

Valeria Sabater 25, Agosto 2017 en Psicología 16220 compartidos
mujer que se tapa cara con abanico representando el síndrome de Procusto

El síndrome de Procusto hace referencia a esas personas que menosprecian a aquellos que las superan en talento y habilidades. Aún más, no dudan en discriminarlas e incluso en acosarlas. Son personas que ni avanzan ni dejan avanzar, perfiles frustrados o con autoestimas muy exageradas que habitan en muchos de los entornos en los que nos movemos.

Es muy posible que en este mismo momento a muchos nos venga a la cabeza más de un nombre, más de una persona. Cabe decir además que esta caricatura -con demasiados tintes de realidad, desgraciadamente- ha inspirado como es de esperar, múltiples tramas literarias y cinematográficas. Es, por así decirlo, el clásico antagonista que encontramos en todo escenario académico, laboral e incluso familiar y que va mucho más allá de lo que solemos conocer como “trepa”.

Asimismo, es interesante saber que aunque el síndrome de Procusto no esté presente en ningún manual de diagnóstico ni tenga entidad clínica alguna, recoge a la perfección aquello que los psicólogos conocen como “la conducta de los codazos”. Es decir, deshacerse de los más brillantes de forma hostil y boicoteando al más preparado por simple intolerancia y puro egoísmo. Porque para ellos, no puede haber algo peor que verse superados por los demás en algún aspecto, por pequeño que sea.

El mito de Procusto

Aunque el mito de Procusto no es muy conocido cabe decir que es sin duda uno de los más lóbregos y terribles. Cuenta la mitología griega que este personaje era un posadero que regentaba una taberna en las altas colinas de Ática. Allí, ofrecía además alojamiento a los viajeros. Sin embargo, bajo aquellas barbas y bajo aquellos techos amables que invitaban al descanso y la comodidad, se escondía un macabro secreto.

Procusto tenía una cama donde invitaba a tumbarse a los viajeros. Por la noche, cuando estos dormían aprovechaba para amordazarlos y atarlos. Si la víctima era más alta y sus pies, manos o cabeza salían de la cama, procedía a cortarlos. Si la persona era más baja, les rompía los huesos para ajustar las medidas.

Este oscuro personaje llevó a cabo sus macabras acciones durante años hasta que a su posada llegó un hombre muy especial: Teseo. Como ya sabemos, este héroe adquirió fama por haberse enfrentado al Minotauro de la Isla de Creta y por convertirse más tarde, en el rey de Atenas. Se cuenta, que cuando Teseo descubrió lo que aquel sádico ser llevaba a cabo por las noches, decidió aplicarle a Procusto el mismo castigo que este aplicaba a todas sus víctimas.

“Desde entonces, trascendió una advertencia a modo de refrán que dice lo siguiente: cuidado, hay personas que cuando perciban que tus opiniones no se ajustan a las suyas o cuando vean que eres más brillantes que ellos, no dudarán en acostarte en la cama de Procusto”
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¿Cómo actúan las personas con síndrome de Procusto?

Queda claro sin duda que en nuestra cotidianidad nadie aplica la violencia del Procusto del mito griego, pero sí esa agresividad encubierta que tan a menudo vemos en la esfera del deporte, la política o el mundo de la empresa. De hecho, algo que todos sabemos es que quienes ocupan los puestos de más relevancia en una organización, no siempre son los más capacitados ni los mejor preparados.

Ello hace que en cuanto aparece alguien brillante, alguien proactivo, creativo y capaz de superarlos en más de un aspecto, no dudan en aplicar mil estratagemas y ruines artimañas para anularlos, humillarlos y arrinconarlos en la esquina de la indiferencia donde dejen de ser “un riesgo”. Una amenaza capaz de derrumbar su pequeño mundo de incompetencia y vulgaridad.

Características de las personas con síndrome de Procusto

  • Son perfiles que viven en medio de una continua frustración y cuentan con una escasa sensación de control.
  • Pueden tener una autoestima muy baja o por el contrario, exagerada o desmesurada.
  • Son muy sensibles emocionalmente: cualquier situación donde ellos queden en evidencia frente a las capacidades o aciertos de otros, lo asumirán como una grave afrenta.
  • Asimismo, suelen “vendernos” la idea de que son muy empáticos, que valoran el trabajo en equipo… Sin embargo, lo que hay tras sus palabras es un auténtico egocentrismo y un pensamiento rígido y tremendamente hostil.
  • Acaparan todas las tareas. Su nivel de competitividad solo tiene un objetivo: sobresalir frente a los demás.
  • Temen el cambio, algo sin duda muy común en las empresas regidas por líderes tradicionales y nada proactivos que ven cualquier pequeño cambio una gran amenaza.
  • Realizan además atribuciones irracionales. Si por ejemplo llevamos a cabo una acción que puede suponer un beneficio para la empresa, ellos lo verán como un error, como una ingenuidad y una idea de nulo valor.
La persona con síndrome de Procusto usa todas sus energías en limitar capacidades ajenas: son apagadores de sueños, son cercenadores de esperanzas, manipuladores psicológicos y maestros de la agresión encubierta.
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Por último y no menos importante, cabe decir también que no dudan en manipular a otros o en usar su complicidad para “acabar” con el que más destaca.

Conejos gigantes manipulando a personas

Debemos salir de las jaulas construidas por las personas con Síndrome de Procusto

Cuando tenemos a nuestro alrededor personas complicadas, personas caracterizadas por determinados trastornos, conductas o comportamientos que consideramos nocivos, casi siempre te proponemos aquello de que “aprendas primero a comprenderlas y más tarde a manejarlas”.

En este caso, y cuando hablamos de perfiles que ejecutan el nivel más tóxico y amenazante del Síndrome de Procusto, lo más recomendable es poner distancia. No podemos olvidar que el talento no armoniza con la amenaza ni con el poder más rígido y dañino.

La “conducta de codos” va mucho más allá de la simple competición. Cuando se trasforma en ataque, cuando tenemos un directivo o incluso un familiar que nos boicotea de forma constante para humillarnos y anularnos, es necesario tomar la iniciativa y cerrar esa puerta. A la vez, es entonces cuando es recomendable dar un paso para buscar escenarios donde expandirnos al máximo, de acuerdo a nuestros talentos.

Cabe recordar también que, a pesar de que no falten los Procustos en nuestro día a día, jamás debemos doblegarnos ante ellos. Todos nacimos para destacar en algún aspecto, potenciemos esa habilidad y encontremos el contexto más idóneo para sacarle partido en libertad.

Valeria Sabater

Soy psicóloga y escritora. La curiosidad por el conocimiento humano es mi cerradura particular, la psicología mi llave, la escritura, mi pasión.

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