Sofya Kovalevskaya, biografía de una matemática osada

Edith Sánchez·
16 Enero, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas al
15 Enero, 2020
Sofya Kovalevskaya fue una mujer muy particular, a quien se le deben importantes contribuciones en matemáticas y física. También fue escritora y dejó una obra autobiográfica llamada “Mujer nihilista”, así como una obra de teatro. Toda una pionera.
 

Sofya Kovalevskaya fue una mujer muy notable, tanto por los aportes que realizó en campos como las matemáticas y la física, como por su impresionante tenacidad. Nació en un tiempo en el que la mujer tenía cerradas las puertas de la educación e incluso no podía ejercer el derecho a viajar sin permiso de su padre o de su esposo.

Lo más interesante de la vida de Sofya Kovalevskaya es, precisamente, la forma en la que logró sortear todos los límites que le imponía la sociedad y llevar a cabo sus sueños y proyectos. De hecho, fue la primera mujer que culminó una carrera universitaria en el mundo y, por supuesto, la primera profesora universitaria que se conoce en todo el globo.

“Es imposible ser matemático sin tener alma de poeta […] El poeta debe ser capaz de ver lo que los demás no ven, debe ver más profundamente que otras personas. Y el matemático debe hacer lo mismo”.

-Sofya Kovalevskaya-

Sin quererlo realmente, Kovalevskaya se convierte en una figura pionera del feminismo, pero lo que verdaderamente demuestra es que la determinación es una fuerza irrefrenable que, en ocasiones, nos ayuda a lograr aquello que parecía imposible.

Sofya Kovalevskaya, además de una importante trayectoria en el campo científico, también incursionó en la escritura, se dedicó a la poesía, a la divulgación científica y realizó aportes en astronomía.

Libro
 

La infancia de Sofya Kovalevskaya

Sofya Kovalevskaya provenía de una familia muy particular. Por el lado materno, era descendiente del rey de Hungría, Matías Corvino. Sin embargo, su abuelo se casó con una gitana, contrariando las normas reales y, como consecuencia, se le negó el título de príncipe al que tenía derecho.

Por el lado paterno, entre sus ancestros polacos, había varias luminarias, como el cartógrafo Friedrich Schubert y el astrónomo Theodor von Schubert.

Sofya nació el 15 de enero de 1850 en Moscú. Su hermana mayor fue la famosa socialista Anna Jaclard. Desde muy pequeña, se trasladó a vivir a Bielorrusia junto a su familia, en un entorno altamente influido por la ciencia y el conocimiento. Dos de sus tíos y por momentos su propio padre le inculcaron un gran amor por la lectura y la investigación.

Durante la mudanza a Bielorrusia, la familia se topó con una pared que no había quedado tapizada por completo en la habitación de Sofya. Por ello, decidieron solucionar el problema tomando las páginas de un libro y pegándolas con el fin de tapar los huecos que habían quedado sin tapizar. Por azar, se trataba de un libro de cálculo diferencial, que la niña comenzó a mirar y a leer con sorpresa e interés.

Una chica brillante

Aunque el padre contrató profesores particulares para que le dieran las primeras enseñanzas, sintió temor cuando vio los avances de Sofya. Le aterraban “las mujeres sabias”, así que le cortó de lleno su educación.

 

Sin embargo, la joven se las arregló para seguir estudiando por su cuenta. De manera autodidacta, logró aprender y deducir varios temas de álgebra.

El famoso escritor Fedor Dostoyevski cortejaba a su hermana, mientras que Sofya estaba totalmente enamorada de él. Fue su amor imposible.

Tanto ella como su hermana eran conscientes de que la única manera de conseguir algo de libertad era casándose. En aquel entonces, muchas mujeres acordaban “matrimonios blancos”, en otras palabras, por conveniencia.

Lo que se estilaba era acordar con el marido un matrimonio formal y que luego cada uno viviera en completa libertad. Anna, la hermana mayor, buscó esta opción con el paleontólogo Vladimir Kovalevski. Sin embargo, este prefirió casarse con Sofya, que tan solo tenía 18 años.

Libreta con apuntes de matemáticas

Una mujer única

Tal y como lo esperaba, el matrimonio le dio nuevas oportunidades a Sofya Kovalevskaya; primero se trasladaron a Heidelberg y, posteriormente, a Berlín.

Allí conoció al famoso matemático y analista Karl Weierstrass, quien al comienzo no creyó en su talento. Cuando se dio cuenta de su pasión e inteligencia, pidió que fuera aceptada en la universidad, pero no lo logró. Así que decidió darle clases privadas.

 

Gracias al apoyo de Weierstrass, Sofya logró graduarse como doctora. Él consiguió que le permitieran presentar su tesis de grado, sin el requisito de que se hiciera presente. Comenzó una larga peregrinación para conseguir un trabajo que le permitiera desarrollar su talento.

Unos diez años después de su graduación, su amigo Gustav Mittag-Leffler la ayudó para que fuera contratada como profesora en la Universidad de Estocolmo.

Para ese entonces, Sofya ya tenía una hija y su esposo se había suicidado. Su condición de viuda fue un factor que contribuyó para disminuir la resistencia a ser contratada.

A lo largo de su vida, recibió varios premios y con el tiempo también fue la primera mujer en formar parte de la Academia de Ciencias de Rusia. Murió tempranamente, a la edad de 41 años, como consecuencia de una pulmonía. Uno de los cráteres de la luna lleva su nombre, en homenaje a sus grandes contribuciones.

En definitiva, se trata de uno de tantos nombres femeninos que la historia pretendió ocultar, una de esas tantas mujeres de las que apenas se habla en las escuelas y cuya trayectoria, sin embargo, es igual de notoria e incluso superior que la de algunos coetáneos que sí conocemos. Una de esas mentes brillantes que, sin importar su género, florecen de tanto en tanto en la historia de la humanidad.

 
Kovalevskaya, S. (2001). Vida y obra matemática de Sofía Kovalevskaia (Vol. 4). Anthropos Editorial.