Tinder y el amor: Cuando más es menos

Eva Maria Rodríguez · 18 octubre, 2015

Las webs de citas no son algo nuevo. Hay decenas de ellas y, según cuáles sean tus objetivos, puedes elegir la que más se adapte a ti. Al fin y la cabo, no es lo mismo buscar sexo fácil que encontrar pareja para toda la vida (o buena parte de ella, por lo menos). Pero lo de Tinder es algo aparte. Tinder es una app para ligar que está causando furor por el planteamiento de las citas que hace.

Tinder funciona como un juego. Para jugar solo tienes que rellenar tu perfil y la app busca personas que estén cerca de ti y que sean compatibles con tu perfil y tus intereses. También te permite votar anónimamente por las personas y te facilita el contacto con las que desees conocer vía chat. Las opciones de quedar con alguien se multiplican.

Las preguntas que surgen son, inevitablemente, las siguientes: ¿Tiene algún beneficio conocer a tanta gente y poder elegir entre tantas personas? ¿Qué puedes de esperar de alguien que “juega” a buscar pareja? ¿Cómo elegir en medio de tantas opciones?

La libertad de elegir no nos hace más felices, sino más insatisfecho

Tener una gran cantidad de opciones hace difícil elegir. En el caso de elegir pareja, poder poner en la balanza a tantas personas y poder acceder a tantas citas no hace sino alimentar la frustración.

Caras de personas diferentes

Aplicaciones como Tinder abren la puerta para que la gente tenga más facilidad para encontrarse y conocerse y tener la oportunidad de ver qué pasa. Pero tener tanta libertad de elección no te hace ni más libre ni más feliz, sino que a medida que experimentas y juegas la propia dinámica del sistema te hace ser más insatisfecho.

Esto se debe a que la gente tiende a entrar en la dinámica de forma muy activa, y queda con unos y con otros solo por probar. ¡Es tan fácil! Acumular citas termina siendo el objetivo de muchos usuarios, más allá de encontrar o no pareja, incluso de tener una aventura pasajera.

La paradoja de la elección

Según el psicólogo Barry Schwartz, la libertad de elección que se erige como principio central de las sociedades occidentales no nos hace más libres. Elegir no nos ha hecho más libres, sino más paralizados, no más felices sino más insatisfechos. Barry Schwartz ha llamado a esto paradoja de la elección.

Según su teoría, la abundancia perjudica la libre elección. En 2004 Barry Schwartz publicó su libre La paradoja de la elección: Por qué más es menos, en el que argumenta que la eliminación de las opciones ofrecidas a los consumidores puede reducir en gran medida la ansiedad para los compradores.

Este mismo argumento puede aplicarse a las citas cuando se plantean del modo que lo hace Tinder. En el juego, los usuarios no dejan de ser un producto que puede ser probado por otro. Inevitablemente, tener la posiblidad de probar mucho te invita a probar mucho.

Por qué sufrimos ante el hecho de tener que elegir

Schwartz integra varios modelos psicológicos sobre la felicidad que muestran cómo el problema de la elección puede ser abordado mediante diferentes estrategias. Lo importante es que cada una de estas estrategias viene con su propio conjunto de complicaciones psicológicas.

Elección y felicidad

Schwartz discute la importancia de los métodos de investigación comunes que utilizan una escala de felicidad. En este sentido, comparte las ideas de David Myers y Robert Lane, los cuales, de forma independiente, concluyen que la abundancia actual para elegir a menudo conduce a la depresión y produce sentimientos de soledad.

Schwartz llama  la atención especialmente sobre el precio en que la sociedad industrializada está pagando por el aumento de la riqueza y la libertad, ya que esto produce una disminución sustancial en la calidad de vida y las relaciones personales.

Hombre abriendo puertas

 

Decisiones de segundo orden

Cass Sunstein utiliza el término “decisiones de segundo orden” para las decisiones que siguen una regla. Tener la disciplina de vivir “según las reglas” elimina innumerables opciones problemáticas en la vida diaria.

Schwartz muestra que estas decisiones de segundo orden se pueden dividir en categorías generales de eficacia para diferentes situaciones: presunciones, estándares y códigos culturales. Cada uno de estos métodos son formas útiles que la gente usa para analizar la amplia gama de opciones a las que se enfrentan.

Oportunidades perdidas

Schwartz encuentra que cuando las personas se enfrentan a tener que elegir una opción de muchas opciones deseables, van a empezar a considerar hipotéticas compensaciones. Sus opciones se evalúan en términos de oportunidades perdidas en lugar del potencial de la oportunidad por sí misma.

Schwartz sostiene que una de las desventajas de hacer compensaciones es que se altera la forma en que sentimos en relación a las decisiones que enfrentamos. Además, también afecta el nivel de satisfacción que experimentamos por nuestra decisión.

Mientras que los psicólogos conocen desde hace años sobre los efectos nocivos de la emoción negativa  en la toma de decisiones, Schwartz apunta que la evidencia reciente muestra cómo la emoción positiva tiene el efecto contrario: en general, los sujetos se inclinan a considerar más posibilidades cuando se sienten felices.

Las personas no son un producto que se pone en el mercado

Encontrar pareja o crear relaciones de amistad no es lo mismo que ir al mercado a comprar manzanas. En el mercado te paseas por los puestos, ves las manzanas que hay y te planteas cuál te llevas. Quieres las mejores, pero son todas muy bonitas y están muy bien presentadas.

¿Le pedirías a cada frutero que te diera a probar una manzana de cada para elegir cuál te gusta más? Dejando a un lado el hecho de que probablemente no te las diera gratis (menos aún si te ve probando manzanas en todos los puestos), ¿qué crees que pasaría? Por otra parte, ¿te gustaría que la gente te considera una caja de manzanas que tiene que probar, junto con otras muchas, para ver cuál le gusta más?

Si buscas pareja o amistades, empieza a pensar con respeto hacia los demás y hacia ti mismo.

Ilustración de Nuria Turiel