Los 12 tipos de memoria y sus características

Saber que Moscú es la capital de Rusia. Recordar las anécdotas de tu último viaje. Ser capaz de conducir. Todas estas son habilidades que implican diferentes tipos de memoria, los cuales colaboran entre sí.
Los 12 tipos de memoria y sus características
Elena Sanz

Escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz.

Última actualización: 30 abril, 2024

La memoria es una de las funciones cerebrales más útiles y, a la vez, más intrigantes. Esta capacidad para codificar, retener y recuperar datos nos permite definir quiénes somos, cuál es nuestra historia y cómo desenvolvernos en el día a día, entre muchos otros procesos.

Se plantean muchos interrogantes en torno a esta función cognitiva. ¿Necesitamos hacer un esfuerzo para acceder a los recuerdos almacenados en el cerebro? ¿Por qué algunos detalles se desvanecen al instante mientras que otros permanecen durante años? ¿Cuántos tipos de memoria humana existen? Reflexionamos al respecto y lo analizamos para ti.

¿Qué es la memoria?

En términos simples y generales, la memoria es la capacidad del cerebro para almacenar, retener y recordar experiencias e información.

Sin esta facultad, nos resultaría imposible sobrevivir en el mundo tal y como lo conocemos. O al menos, la vida sería muy diferente y limitada. Perderíamos no solo nuestra identidad personal, sino también la capacidad de establecer vínculos afectivos y de aprender.



Tipos de memoria

La memoria ha sido objeto de exhaustivo estudio en los campos de la psicología y la neurociencia. Desde tiempos remotos, el ser humano se ha interesado por conocer cómo almacenamos, recuperamos y utilizamos la información que nos rodea. Algo a tener en cuenta es que la memoria es como un músculo que se puede entrenar y mejorar con la práctica.

Gracias a la investigación, hoy sabemos que existen varios tipos de memoria. Sin embargo, es importante aclarar que no son excluyentes unos de otros, sino que interactúan entre sí. Esto implica que algunos pueden presentarse en forma simultánea y operar en el mismo momento, al término que contribuyen al funcionamiento de la memoria humana.

Dicho esto, clasificamos la memoria en cuatro grandes grupos: según su duración de retención, según el contenido, según la dirección temporal y según el grado de conciencia.

Según la duración de retención

El criterio más básico y aquel que todos conocemos para clasificar la memoria es la duración; es decir, el tiempo que permanece la información almacenada y disponible para ser recuperada y utilizada. Así, encontramos las siguientes.

1. Memoria sensorial

La memoria sensorial nos permite captar y retener información que recibimos a través de nuestros sentidos. Su duración es muy breve, de apenas unos segundos. Durante este lapso, retenemos los sonidos (memoria ecoica), imágenes (memoria icónica) y otros estímulos sensoriales. Esto brinda a nuestro cerebro la oportunidad de procesarlos y determinar su relevancia antes de desecharla.

2. Memoria a corto plazo

La memoria a corto plazo (MCP) retiene información limitada por un breve período de tiempo, en general, no más de un minuto. En la MCP, los datos almacenados son accesibles de forma consciente y se utilizan para tareas inmediatas, como recordar un número de teléfono mientras se marca.

A veces, la información retenida por la memoria a corto plazo debe ser manipulada de algún modo, y es aquí cuando entra en juego la memoria de trabajo (o memoria operativa). Esta implica funciones cognitivas activas de manipulación y procesamiento para llevar a cabo tareas más avanzadas. Los cálculos matemáticos serían un ejemplo de ello.

3. Memoria a largo plazo

La memoria a largo plazo (MLP) puede almacenar información de manera ilimitada en términos de tiempo y cantidad. Sin embargo, esta información también está sujeta al olvido y al deterioro con el tiempo si los recuerdos no se utilizan regularmente.

Algo interesante: los datos o conocimientos pueden transferirse de la MCP a la MLP a través de la repetición u otros mecanismos. Por ejemplo, cuando practicamos palabras de un nuevo idioma, facilitamos que ese conocimiento se almacene de manera más permanente en nuestra memoria. Este proceso se conoce como consolidación.

Según el contenido y la función

Al clasificar los tipos de memoria, también podemos considerar qué clase de información almacenan o qué función cumplen en el proceso cognitivo. ¿Piensas que utilizarías el mismo tipo de memoria para andar en bicicleta, memorizar la capital de Francia o recordar a tu primer amor? Bueno, no es así.

4. Memoria semántica

Es un depósito de conocimientos generales que incluye vocabulario, hechos, significados y conceptos. La memoria semántica a la vez forma parte de la memoria a largo plazo. Almacena información teórica que no tiene relación directa con nuestras vivencias personales.

Algunos ejemplos: recordar la fecha del atentado a las Torres Gemelas, saber qué tipo de animal es el león o recordar la definición de un número primo.

5. Memoria episódica

«Recuerdo lo dulce e inocente que fue mi primer beso», «El sábado fui a la playa con amigos», «La Navidad pasada, mi abuela me regaló un suéter tejido a mano». La memoria episódica retiene información autobiográfica en un contexto espacio temporal específico.

Al igual que la memoria semántica, forma parte del conjunto de recuerdos que mantenemos durante períodos largos y que podemos recuperar en el futuro, aunque su precisión y claridad pueden variar con el tiempo.

6. Memoria procedimental

Este tipo de memoria participa en el aprendizaje de habilidades y destrezas motoras. Se adquiere a través de la práctica y repetición. Es la responsable de que podamos atarnos los cordones, nadar, usar cubiertos o escribir a mano, sin la necesidad de pensar en cada paso. La memoria procedimental también es un tipo de memoria a largo plazo.

7. Memoria emocional

Implica la retención de experiencias emocionales específicas, como momentos de felicidad, tristeza, miedo o sorpresa. Por ejemplo, recordar cómo te sentiste al recibir una buena noticia o al enterarte quién será el próximo presidente de tu país. Como podemos observar, puede coexistir tanto con la memoria episódica como con la semántica.

La relación entre las emociones y la memoria es bastante interesante. En general, se observa que las experiencias intensas en términos emocionales tienden a ser más memorables que las neutrales o insignificantes.

8. Memoria espacial

Con el hipocampo y el giro hipocampal como bases neurobiológicas, la memoria espacial hace que seamos capaces de recordar y procesar información relacionada con el espacio y la ubicación. Esta habilidad resulta fundamental en nuestra vida diaria, ya que nos da la posibilidad de desenvolvernos de manera efectiva.

Por ejemplo, nos permite ubicar nuestro coche en un estacionamiento, recordar dónde dejamos las llaves o incluso jugar ajedrez, que requiere la planificación y anticipación de movimientos futuros.

Según el grado de conciencia necesario

En algunos casos, necesitamos detenernos a pensar para recuperar ciertos recuerdos. Mientras que otras veces estos llegan sin necesidad de un esfuerzo consciente. Así, los tipos de memoria también pueden ordenarse de acuerdo con el nivel de conciencia necesario para acceder a la información almacenada.

9. Memoria implícita

La memoria implícita está relacionada con la procedimental, ya que es aquella que no requiere de un esfuerzo consciente para recuperar la información. Sin embargo, es un término más amplio que abarca cualquier forma de aprendizaje o memoria que se produce de manera no intencional, más allá de las habilidades motoras y los procedimientos.

El efecto priming es un claro ejemplo. Se trata de un fenómeno en que la exposición previa a ciertos estímulos afecta la forma que reaccionamos a otros estímulos. Como muestra, si ves fotos de playas antes de un juego de palabras, es posible que pienses más fácilmente en términos como «olas» o «arena».

10. Memoria explícita

La memoria explícita, también llamada memoria declarativa, requiere de un esfuerzo deliberado para recordar y comprende tanto la memoria episódica como la semántica.

De forma voluntaria, podemos traer a consciencia eventos o conocimientos específicos, ya sean personales o no. Por ejemplo, preguntándonos «¿Cuál es la capital de Dinamarca?», o «¿Qué almorcé ayer?».

Según la dirección temporal

Por último, esta división nos permite comprender cómo recordamos situaciones pasadas y anticipamos eventos futuros.

11. Memoria retrospectiva

Como su nombre lo indica, se refiere a la capacidad de desplazarnos al pasado para recordar algo que ya sucedió. Nos permite evocar experiencias pasadas, ya sean recientes o de hace mucho tiempo. Por ejemplo, recordar qué autobús tomamos esta mañana para llegar a una cita médica o rememorar recuerdos de la infancia.

12. Memoria prospectiva

A diferencia de la retrospectiva, esta forma de memoria se orienta hacia el futuro. Nos permite tener en mente eventos o tareas que debemos realizar más adelante. Para ejemplificar, «Esta tarde tengo que llevar a mi hijo a su clase de baile», o «El próximo año se vence mi licencia de conducir, debo renovarla».



La memoria: una función compleja y dinámica

Antes de terminar, es preciso reforzar dos ideas claves. La primera, los diferentes tipos de memoria se complementan e interactúan entre sí. Cada uno de ellos contribuye de manera única a la interpretación del mundo que nos rodea, y pueden coexistir.

La segunda, si bien es cierto que el envejecimiento y ciertas enfermedades pueden afectar de manera negativa las funciones cognitivas, tales como la memoria, esta se puede estimular y fortalecer mediante ejercicios específicos. En este proceso, mantener la mente activa es fundamental.


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