Traiciones familiares: la herida que más duele

La traición de una madre, un padre o un hermano se vive de manera dolorosa. Son heridas que persisten y que no siempre sabemos manejar.
Traiciones familiares: la herida que más duele
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater el 26 Mayo, 2021.

Última actualización: 26 Mayo, 2021

Las traiciones familiares son en buena parte de los casos el sustrato de muchos traumas. Sentir el dolor del engaño, del abandono, de la ayuda que no llega cuando se necesita, de la crítica que destruye y la indiferencia que anula marca el devenir de muchas personas. De algún modo, es como si estas decepciones trazadas en el seno familiar generaran un tipo de sufrimiento diferente a cualquier otro.

A lo largo de nuestro ciclo vital hemos experimentado más de una traición con gran probabilidad. Amigos, compañeros de trabajo y hasta parejas. Ese tipo de faltas morales y de asaltos emocionales a la confianza son dinámicas que, más o menos, sabemos lidiar y hasta asumimos que sucedan de vez en cuando. Ahora bien, cuando esa herida a la lealtad llega de un padre, una madre o un hermano, la experiencia es distinta.

Hay quien señala que las relaciones familiares están sobrevaloradas. Tal vez sea así. No obstante, lo cierto es que el núcleo familiar no deja de ser nuestra primera red de apoyo y el suelo sobre el que aprendemos a ponernos de pie. Si lo que recibimos son golpes y desaires, lo queramos o no, nos costará un poco más caminar con resolución y seguridad el día de mañana.

“Hay puñales en las sonrisas de las personas y, cuanto más cercanos son, más sangrientos resultan”.

-William Shakespeare-

Hombre sintiendo el peso de las traiciones familiares

Traiciones familiares ¿por qué son tan traumáticas?

Cuando hablamos del trastorno de estrés postraumático es común asociarlo a situaciones muy concretas. La muerte de alguien cercano de forma inesperada o violenta. Padecer un asalto o una violación. Vivir eventos como desastres naturales, secuestros, experiencias violentas… Todo ello conforma un impacto tan intenso que es común derivar en un efecto traumático.

Ahora bien, hay otro tipo de vivencias más silenciosas y hasta invisibles. Las dinámicas que se viven en el interior del seno de las familias conforman a menudo un tipo de estrés que también deriva en experiencias traumáticas. Pensemos en el niño que es abandonado por un padre o una madre a quien no vuelve a ver más. Pensemos en esas confrontaciones por temas monetarios que llegan a separar a las familias.

Trabajos de investigación como los realizados en la Universidad de Michigan señalan algo revelador. A pesar de clásica idea de que la mayoría de las familias están unidas, lo cierto es que las desavenencias son una constante. Y este fenómeno, el de las diferencias, las traiciones y las decepciones, afecta al bienestar mental de muchas personas.

¿De qué manera nos puede traicionar nuestra familia?

A veces, suele decirse que basta solo una pequeña traición para que la grieta de la desconfianza empiece a abrirse. Lo habitual es que nos encontremos con las siguientes dinámicas:

  • La ruptura de una promesa es la más común de las traiciones. Esta es además una de las experiencias que pueden empezar a sentir los niños de manera temprana. Cuando se le promete a un niño que mamá o papá tendrá tiempo para ellos ese fin de semana y no sucede, ese hecho no se olvida, sobre todo si es una constante.
  • Las traiciones familiares se gestan también al descuidar a quien se ama. Dejar a los hijos o la pareja en un segundo plano es un ejemplo de ello.
  • La ruptura de la confianza al revelar hechos personales a terceras personas también es un ejemplo.
  • Por otro lado, también son recurrentes las traiciones de origen económico. En el momento en que el aspecto monetario pesa más que el vínculo padre-hijos o entre hermanos, se genera una nueva herida emocional.

Traiciones familiares, ¿por qué nos impactan psicológicamente?

Las traiciones familiares siempre duelen y quien lo niegue es que aún no ha procesado su propia vivencia. El daño emocional derivado de esas experiencias parte de una serie de dimensiones en las que vale la pena profundizar.

  • Nuestra sociedad nos sigue transmitiendo la idea de que la familia es una institución. Es una estructura orientada solo a conferir amor, respeto y aprecio constante. Cuando descubrimos que nuestros padres y hermanos no están de manera incondicional para nosotros, el impacto es más lesivo.
  • Tenemos una historia compartida con esas figuras. Hemos crecido con esas personas y lo queramos o no, conforman parte de lo que somos. Cuando aparece una traición familiar es como si una parte de nosotros se derrumbara también.

Por otro lado, en muchos casos, nos encontramos con relaciones familiares con una elevada dependencia mutua. Los padres dependen de los hijos y a la inversa. Si surge una traición o una decepción y no podemos poner distancia porque dependemos económicamente los unos de los otros, la situación es altamente complicada.

El efecto más peligroso de las traiciones experimentadas en el seno de la familia desde edades tempranas es dejar de confiar en las personas. 

chica sufriendo el peso de las traiciones familiares

¿Cómo se maneja el dolor ocasionado por esas experiencias?

Desde la Universidad de Texas, la doctora Anita Vangelisti habla en un trabajo de investigación sobre el dolor de la traición y sobre esos sentimientos contrariados en este tipo de interacciones. A veces, el dolor por esa vivencia termina sanando, pero en la mayor parte de las ocasiones, la traición familiar prevalece en la memoria.

En estas situaciones, es bueno reflexionar en una serie de ideas. La primera es que es prioritario sanar ese trauma, en especial, si el dolor de las traiciones es una constante desde la infancia. Quien se ha habituado desde niño al peso de la traición deja pronto de confiar en los demás, y esto es algo que debemos atender por nuestro bienestar y por nuestro equilibrio.

Por otro lado, es importante practicar un tipo muy concreto de perdón. Ese en el que uno renuncia a seguir guardando rencor, resentimiento o incluso odio. Desprenderse de esas emociones adversas libera y deja espacio a la sanación. Si una vez alcanzada esa paz interna uno desea perdonar a la familia, ya es una elección personal.

Sin embargo, es más decisivo trabajar nuestro bienestar emocional liberando la carga de la inquina, el despecho, la desafección… Hay hechos que no podrán olvidarse, pero es esencial aprender a vivir con ellos sin que duelan, avanzando hacia el futuro con o sin la presencia de nuestra familia.

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