Trastornos externalizantes en niños: tipos y cómo tratarlos

Agresividad, conducta desafiante, impulsividad, falta de aceptación a las normas... En caso de no tratar este tipo de realidades de manera temprana en el niño, esos comportamientos pueden empeorar en la adolescencia y la edad adulta. Lo analizamos.
Trastornos externalizantes en niños: tipos y cómo tratarlos
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater.

Última actualización: 01 febrero, 2022

Los trastornos externalizantes son frecuentes entre la población infantojuvenil. Hablamos de realidades, como las conductas impulsivas y desafiantes, los comportamientos antisociales, la desobediencia e incluso la baja tolerancia a la frustración. Son, sin duda, situaciones muy complicadas de manejar y con elevado impacto tanto en las aulas como en el seno de muchas familias.

Todas estas condiciones que tienen una base emocional y relacional con el entorno del niño o del joven suelen categorizarse en trastornos internalizantes o externalizantes (Achenbach et al., 1983; Quay et al., 1987). Así, mientras los primeros hacen referencia al apego excesivo, a los miedos, a la somatización, la depresión infantil, la timidez, la vergüenza o los sentimientos de inferioridad, los segundos trazan justo lo contrario.

Son conductas desadaptativas que, en ocasiones, de no tratarse en edades tempranas, derivan en serios problemas en la edad adulta. Un ejemplo, puede darse el caso de que los comportamientos externalizantes den pie en algún momento al consumo de drogas o actos delictivos. Lo analizamos.

Niña que sufre trastornos externalizantes

Tipos de trastornos externalizantes

A día de hoy, no está aún del todo claro cuál es el desencadenante de la aparición de los trastornos externalizantes. No obstante, estudios como los realizados en la Universidad Sapienza (Roma) señalan que hay una correlación positiva entre el alcoholismo de los padres y la aparición de conductas externalizantes en los hijos. Aunque también podríamos hablar de muchos factores.

La crianza, la educación, el entorno social del niño e incluso los desencadenantes neurológicos son también aspectos a tener en cuenta. Ahora bien, más allá de qué los origina, está el problema de cómo abordarlos. Porque hay un hecho innegable: muchas de estas conductas impulsivas, desafiantes y agresivas se relacionan con el fracaso escolar y la exclusión social. Son, por tanto, realidades que deberíamos tener más presentes.

Conozcamos por tanto cuántos tipos de trastornos externalizantes existen.

Trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH)

Los niños y adolescentes con TDAH pueden tener problemas para centrar la atención y, en ocasiones, también para controlar los impulsos. Esto hace que actúen sin pensar en numerosas veces o muestren una actividad excesiva. A día de hoy existen diversos modos de tratar esta condición y, en ocasiones, los resultados son buenos.

No obstante, en caso de no recibir una atención adecuada e integral es común que sufran retraso escolar.

El trastorno negativista desafiante (TND)

El DSM V (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales) integra el trastorno negativista desafiante (TND) en el apartado de trastornos disruptivos, del control de los impulsos y de la conducta. Por lo general, define a ese niño que se comporta de forma no cooperativa, protestona y siempre desafiante.

Su negatividad y clara hostilidad ocasiona serios problemas a nivel familiar y escolar. Su principal característica es oponerse a toda figura de autoridad. Esta condición es la más ilustrativa dentro de los trastornos externalizantes porque, por lo común, suele derivar en conductas antisociales.

Trastornos de conducta

Los trastornos del comportamiento en niños y adolescentes abarcan un gran número de conductas. Todas ellas problemáticas, complejas y, por lo general, de gran impacto en su entorno social. Suelen aparecer ya entre los 3 y los 4 años, para ganar en intensidad a medida que crecen en caso de no establecer mecanismos de gestión y contención.

Por lo general, los trastornos de conducta cursan con estas manifestaciones:

  • Enfados frecuentes. Son niños que siempre están irritables.
  • Contestan con elevada falta de respeto.
  • Se resisten a obedecer y pueden responder con patadas y gritos.
  • Son niños que se pelean constantemente en el colegio.
  • Mienten de manera continuada, cargan sobre otros las culpas.
  • No se responsabilizan de sus tareas.
  • Poca resistencia a la frustración.
  • Pueden ser violentos con los animales.
  • Pueden cometer pequeños robos.
  • Escaparse de casa puede ser a veces algo habitual.

Cuando llegan a la adolescencia sus comportamientos pueden ser más graves.

Trastornos externalizantes: el trastorno explosivo intermitente (TEI)

El trastorno explosivo intermitente en niños y adolescentes forma parte también de los trastornos disruptivos de control de impulsos y de conducta. Bien es cierto que pueden parecerse bastante a las condiciones descritas anteriormente (desafío a la autoridad, berrinches, irritabilidad, poca tolerancia a la frustración…). Ahora bien, presenta unas particularidades concretas:

  • El trastorno explosivo intecrmitente se caracteriza, sobre todo, por presentar explosiones cortas y repentinas de ira y agresividad. Surgen sin explicación alguna y no pueden controlarlo.
  • En esos ataques de ira pueden golpear objetos, a personas, animales o incluso a ellos mismos.
Nino gritando escalera

¿Cómo se tratan este tipo de trastornos en niños y adolescentes?

Gran parte de estos trastornos externalizantes pueden cronificarse. Tal y como hemos indicado al inicio, es muy común que estas condiciones deriven en conductas muy problemáticas, como la delincuencia, adicción a las drogas, exclusión social… Es importante, en todos los casos, realizar un diagnóstico temprano y aplicar un enfoque multidisciplinar en el que se incluya también a la familia (en la medida de lo posible).

El enfoque que más efectividad ha demostrado es la terapia cognitivo- conductual. Estudios, como los realizados en la Universidad de Bolonia, evidencian su idoneidad. Ayudar a los niños a identificar los detonantes de su ira, rabia y su frustración es imprescindible. Asimismo, las técnicas de control de impulsos, la gestión emocional y habilitarlos en adecuadas habilidades sociales es otro pilar decisivo.

Por último y no menos importante, es necesario valorar la situación personal de cada niño y adolescente. Aunque los trastornos externalizantes puedan parecerse entre sí, cada uno presenta unas particularidades únicas en sus detonantes y condicionantes. Es importante considerar cada aspecto para diseñar un buen plan de intervención y seguimiento.


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