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Trastornos de personalidad: mitos y realidades

Cristina Medina Gomez 4, Agosto 2015 en Psicología 86 compartidos
Trastornos de personalidad: mitos y realidades

“Sea como fuere, el origen mental de mis heterónimos está en mi tendencia orgánica y constante a la despersonalización y a la simulación. Estos fenómenos –felizmente para mí y para los demás- se cristalizaron en mi mente, quiero decir que no se manifiestan en mi vida práctica, exterior y de relación con la gente; estallan hacia adentro y sólo yo los vivo”

(Fernando Pessoa, Carta a Casais Monteiro)

Si bien, lo que ocurría en la mente y la mano del poeta no ha podido ser corroborado como una enfermedad o como un don imaginativo sin igual, su reflexión acerca de eso que se conoce como “galaxia pessoana” puede ayudarnos a entender mejor estas cuestiones psicológicas que suponen los llamados “trastornos de personalidad”.

Por trastorno debemos entender aquel conjunto de conductas que se salen fuera de los patrones sociales a los que estamos acostumbrados.

La cultura, la edad y el mundo en el que vivimos relativizan, en cierta manera, nuestros modelos de comportamiento, interviniendo de forma acentuada en la aparición de dichos trastornos.

Como han podido demostrar numerosos estudios, nuestra personalidad no se configura solamente bajo un fondo genético, sino que depende mucho del contexto en el que nos encontremos.

Es por ello, que una de las grandes controversias que han tenido estas enfermedades ha sido la de considerar que podría tratarse de modas.

Algunos ejemplos al respecto pueden consultarse en la red, pero podríamos mencionar entre ellos el caso de la película “Sybil”. Ésta contaba la experiencia vital de una mujer diagnosticada, en los EEUU, de trastorno de identidad disociativo: ella podía tener más de 16 personalidades.

A partir del conocimiento en que la película vio la luz, el  número de afectados por este trastorno pasó de 75 a 40000.

desorden emocional

Mitos y realidades

Lo cierto es que este tipo de enfermedades que tan cercanas nos quedan a nuestro desarrollo mental han experimentado, por esa misma cuestión, un hilo de mitos y mentiras a su alrededor. A continuación te damos a conocer algunos de ellos:

1. Una de los mitos más extendidos al respecto  es el de que las mujeres sufren lo que se conoce como trastorno limite de la personalidad y los hombres trastorno antisocial de la personalidad.

Realmente lo que ocurre es que ambos sexos pueden llegar a padecer los dos trastornos e, incluso, pueden darse de forma paralela en una misma persona.

No obstante, el número de mujeres que sufren el TLP científicamente es mayor al de los hombres.

2. Una de las mentiras más negativas que gira en torno a este tema es la de pensar que las personas que tienen TLP nunca mejoran. No es verdad. Existen tratamientos que ayudan a regular aquellos condicionantes que van más allá de los biológicos, aunque sean procesos duros, dificultosos y complicados.

3. El TLP no existe. Esto es lo que todavía alguna parte de la sociedad piensa: creen que forma parte de otros trastornos relacionados de los que puede derivar. Sin embargo, investigaciones fehacientes han demostrado que no es verdad, que dicho trastorno existe.

4. Los trastornos de personalidad tienen condicionantes, síntomas y actuaciones comunes. Este es otro gran mito que ha tratado de enfrentar la psicología: cada enfermedad puede cohabitar con otra, pero tiene sus preceptos específicos.

5. El trastorno antisocial es aquel que sufre aquella persona a la que se califica de “psicópata” y, tal como enseñan las películas o los libros, son asesinos en serie. Para nada.

Es cierto que las personas que padece de este trastorno no tiene sentimiento de culpa y que, normalmente, actúa en beneficio propio; pero, la realidad  es que casi nunca puede relacionarse con la imagen de un asesino.

¿Afecta el mundo a la configuración de nuestra personalidad?

Todas estas afirmaciones que hemos podido denominar como mitos está claro que surgen por algunas razones que van más allá del acceso a las nuevas investigaciones y a la información más actual.

Una de estas razones podría ser la que adelantábamos al inicio de este artículo: ¿Es la sociedad y la cultura del medio en el que vivimos lo que condiciona nuestra personalidad?

Es evidente que sí. Al igual que se suma a la genética para dar lugar a los trastornos de personalidad.

Aunque en ocasiones se ha pensado que, por ejemplo, el TLP puede fingirse, la verdad es que la sociedad actual propicia que el hombre, en cuanto ser humano, se sienta escindido. Nos relativizamos, nos dividimos y la globalización provoca que, muchas veces, nos despersonalicemos. 

doble personalidad

Si Pessoa fue capaz de crear tantos heterónimos a los que dar vida propia fue porque el mundo en el que vivía le permitía hacerlo. Él podía ser “el otro, el mismo” (como lo fue Borges) o podía ser “Je est un autre” (como lo fue Rimbaud).

Desde que somos pequeños vamos nutriendo nuestro comportamiento fijando reglas que nos parecen positivas y negativas en el círculo que nos rodea.

Los trastornos de personalidad surgen cuando la persona no sienta las riendas de la fijación de dichas pautas convencionales o se aleja de ellas.

A veces, la gravedad de la enfermedad es tan grave que la persona siente su vida diaria bloqueada y, en ocasiones, incomprendida

Pero, ¿podemos cambiar?

El número de veces que hemos escuchado esta frase de alguien cercano es muy grande. Normalmente, los comportamientos que se alejan de lo que la visión global cree como correctos se califican de defectos.

Sin embargo, hay una distancia muy amplia entre tener una determinada forma de ser que nos gusta o complace a otra persona y sufrir algún tipo de enfermedad.

Los estudios demuestran que nuestra personalidad puede cambiarsepero también indican que hay ciertos casos que no es tan fácil y pueden ser o volverse crónicos.

Cristina Medina Gomez

Teóricamente filóloga y esencialmente humana, por lo que siempre busco encontrar en las palabras la manera de conocerme y, por qué no, de conocernos: a veces escribir no es brindar belleza, es hallar moldes emocionales que nos unan a los demás.

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