Una historia verdadera

19 julio, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater
Una historia verdadera nos cuenta el viaje de Alvin Straight, un hombre de 73 años que cruza el medio oeste americano sobre un pequeño tractor para reencontrarse con su hermano enfermo con el que no se habla desde hace diez años.

Una historia verdadera (The Straight Story) es una experiencia audiovisual maravillosa y profundamente emotiva. La película nos atrapa de inmediato al conocer a Alvin Straight, un hombre de 73 años testarudo, audaz y de gran corazón que emprende un viaje a lo largo del medio oeste americano con su cortacésped motorizado con un único fin: ver a su hermano enfermo.

Estamos ante una producción road-movie que nos invita por encima de todo, a explorarnos a nosotros mismos a través de un personaje muy cercano. Es el viaje espiritual y ante todo moral de un hombre que deja atrás las tensiones con un miembro de su familia, con el fin de darle un último adiós, con el fin también de reconciliarse consigo mismo. Atrás queda el orgullo y los errores del pasado. Ese trayecto de más de 500 kilómetros es en realidad un viaje interior hacia la liberación.

Humildad, afecto, superación personalLa película que David Lynch dirigió en 1999 se llevó el reconocimiento de la crítica y el público, pasando a ser una de sus producciones más sencillas, pero inolvidables al mismo tiempo.

«Nadie conoce tu vida mejor que un hermano que tiene casi tu misma edad. Él sabe quién eres y también, qué eres mejor que nadie en la tierra. Mi hermano y yo nos dijimos algunas cosas imperdonables la última vez que nos vimos, pero, estoy tratando de dejar eso atrás … y este viaje es un duro trago de mi orgullo. Solo espero que no sea demasiado tarde… Porque un hermano es un hermano»

-Alvin Straight-

Una historia verdadera

Una historia verdadera: Alvin y Lyle

David Lynch se decidió a llevar a la gran pantalla esta historia gracias a Mary Sweeney, su editora, productora y socia de entonces. Ella quedó conmovida con la noticia que apareció el verano de 1994 en The New York Times. En ese artículo se explicaba la proeza de un viudo valiente y desafiante, alguien que había llevado a cabo una maravillosa epopeya personal.

Alvin Straight tenía setenta y tres años y vivía en Laurens (Iowa) junto a su hija Rose. Tras pasar un tiempo ingresado en un hospital debido a su enfisema pulmonar, Alvin recibió una llamada que marcó un antes y un después: su hermano Lyle, de Wisconsin, acababa de sufrir un derrame cerebral y podía quedarle poco tiempo de vida.

Alvin y Lyle llevan diez años sin hablarse. El orgullo y también la bebida ha separado a dos hermanos ya ancianos que ven acercarse su final. El artículo del New York Times explicaba la proeza que se sucedió después: Alvin, sin dinero ni carnet de conducir, decide ir a ver a su hermano sea como sea. Para ello, recurre a lo único que tiene, su tractor cortacésped.

Después de unos días tras empezar su viaje,  Alvin se ve obligado a cambiar su cortacésped por un viejo John Deere de 1966. Tras ello,  entra en la autopista para viajar a una velocidad de 6 km por hora. Aquel viaje duró cerca de 7 semanas, pero finalmente, pudo llegar hasta Wisconsin para reunirse con su hermano y hacer las paces.

Un viaje para derribar obstáculos emocionales

David Lynch es conocido sobre todo por ser ese director de de vanguardia que no deja indiferente a nadie. Sus películas, rozan el surrealismo y el atrevimiento. Así producciones como Eraserhead (1977), Blue Velvet (1986) Mulholland Drive (2001) o la famosa serie Twin Peaks, trazan historias y realidades muy diferentes, en apariencia a Una historia verdadera.

Sin embargo, para el buen amante del cine de Lynch, no pasan por alto elementos siempre comunes. Volvemos a tener a un personaje que lucha contra sus oscuridades. Su orgullo, el peso del pasado, la confusión interior buscando una liberación, vuelven a ser ese hilo conductor inconfundible. También el hambre de amor y la búsqueda de la dignidad que vimos en El hombre elefante, se repite aquí nuevamente.

El ritmo de la película es también un elemento habitual en las producciones de David Lynch. En Una historia verdadera, la marca la lentitud del vehículo, el cual le ayuda también anímicamente al personaje para prepararse ante el reencuentro con su hermano. Tampoco podemos olvidar a ese artista habitual en gran parte de sus películas. Aquí Angelo Badalamenti, nos regala toda una joya de banda sonora. Es plácida, dulce, elegante y mágica, ideal para acompañaros en ese viaje por el medio oeste americano.

Una historia verdadera es una obra de arte cinematográfica donde se nos invita a derribar muros emocionales para liberarnos. Es un ante todo, un viaje interior para destruir la ira, el miedo, el orgullo y la vanidad. Es atrevernos a ser humildes para dejar ir nuestros auténticos sentimientos y conectarnos con las personas que amamos.

Lo que quiera que sea que hizo que Lyle y yo estuviéramos tan enojados… ya no importa. Quiero hacer las paces quiero sentarme con él, mirar las estrellas… como solíamos hacer, hace mucho tiempo.

-Alvin Straight-