¿Usamos bien el lenguaje del amor? - La Mente es Maravillosa

¿Usamos bien el lenguaje del amor?

Paula Murillo 10 febrero, 2017 en Cultura 0 compartidos
Palabra love representando el lenguaje del amor

El lenguaje es poderoso. El lenguaje del amor también. Las palabras que escogemos a la hora de expresarnos condicionan de alguna manera la respuesta del receptor y nuestra propia sensación. El amor es algo que circula y respira a nuestro alrededor. Aunque en un momento dado no lo sintamos o no lo busquemos como concepto de pareja, es inevitable verlo oírlo. No podemos huir de él, por lo que lo “razonable” sería entenderlo y llevarnos bien con él.

Lo que dice Mandy Len Catron (profesora de inglés y escritora) en una conferencia sobre el lenguaje del amor es que tenemos tendencia a usar expresiones lingüísticamente negativas para poner en palabras los sentimientos. Su análisis es sobre términos ingleses, pero algo similar pasa en los hispanoparlantes.

Enferma de amor, loca de amor, fue un flechazo, me rendí a sus encantos, caí completamente enamorada, arder de pasión, me tiene embelesada o me muero de amor. Enfermedad. Locura. Flechas. Rendir. Caer. Arder. Embelesar. Morir.
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¿Por qué estas expresiones con connotaciones negativas?

Esta contradicción podría estar relacionada con la riqueza del lenguaje castellano, pero en inglés resulta prácticamente igual. Son metáforas asociadas con enfermedad, con violencia o con ser víctimas de algo en dos lenguas distintas. Por tanto, podríamos decir que -por lo menos en gran parte de la cultura occidental- hay algo en común más allá de las palabras de amor.

Pareja con los ojos vendados

En múltiples ocasiones cuando hablamos de enamoramiento podemos describir reacciones propias de la droga. Cuando está presente encontramos placer, y cuando desaparece caemos en el algo parecido al síndrome de abstinencia. Encontramos vocabulario extremo y exagerado para intentar definir aquello que nos atrapa completamente.

La cultura no nos ayuda con el lenguaje del amor

Si hay algo en lo que nos refugiamos muchas veces es en la cultura. En ella encontramos identificación con lo bueno y lo malo que nos sucede. Canciones, películas o redes sociales se hacen eco en la caja de resonancia de todo aquello que conforma el ser humano.

Inevitablemente el amor esta presente en la mayoría de ellos. Con humor o con drama se nos instruye indirectamente sobre cómo debería vivirse el enamoramiento, la pareja o el desamor. En muchos casos el mensaje no es de gran ayuda por mucho que nos guste el formato.

Encontramos varios ejemplos:

  • “Every single day, and every word you say, every game you play, every night you stay,
    I’ll be watching you” – The Police –
  • “Amar es no tener que decir nunca lo siento” – Love story –
  • “La mayor declaración de amor es la que no se hace; el hombre que siente mucho, habla poco” – Platón –

No es problema de las nuevas tecnologías. Romances, partituras, pinturas y libros vistos antes de la era digital también asociaban el amor a síntomas parecidos un estado de locura o enfermedad mental.

La manera en que lo experimentamos está directamente relacionada con el lenguaje del amor, y el lenguaje del amor a su vez está directamente relacionado con lo que vivimos. Por ejemplo, decir “lo siento”, puede aliviarnos. Llamar a alguien con un sobrenombre cariñoso puede conectarnos con otra persona y dar sensación de pertenecer a algo especial.

Mujer tocando su corazón

Propuesta de cambio

Existe una propuesta de los estudiosos del lenguaje Mark Johnson y George Lakoff en  la que se basa Mandy Len Catron. Esta pasa por cambiar la cultura del amor que emocionalmente nos lleva de un extremo a otro. La idea es usar un lenguaje del amor más asertivo, conciliador, enfocado a la cooperación y generosidad. A partir de este cambio se busca conseguir estabilidad y emociones positivas a modo de profecía auto-cumplida.

De este modo, el equilibrio entre la pasión y la razón puede ser guiado gracias a palabras que representen el amor casi como un arte, y no como algo que necesariamente desarma o enajena. Muchos dirán que entonces se pierde la magia o el encuentro, pero si somos honestos y echamos la vista atrás, nos daremos cuenta de que esa búsqueda de sensaciones extremas finalmente nos conduce a la inestabilidad emocional y el desapego.

Al final las emociones negativas y positivas se mezclan en la experiencia amorosa. Sin embargo, palabras como creatividad, impredecible, comunicación, entendimiento, coordinación y empatía, también puede formar parte de ella.

Os propongo que cambiemos la experiencia del lenguaje del amor.  Vivamos el amor de otra manera y aprendamos a manejar y disfrutar el afecto, la desilusión, la pasión y el desencuentro con ayuda de la que dicen que es el arma más poderosa: la palabra.

Paula Murillo

Psicóloga, amante del cine y la naturaleza. Cada vez más segura de que el esfuerzo por comprender los pensamientos y emociones de los demás nos hace mejores personas

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