El uso de indirectas puede hacer mucho daño

Las personas solemos utilizar las indirectas porque no nos sentimos lo suficientemente seguras como para compartir el mismo mensaje de manera directa. A la larga, este comportamiento puede ser perjudicial en nuestras relaciones sociales. Profundicemos en ello.
El uso de indirectas puede hacer mucho daño
Gema Sánchez Cuevas

Revisado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas.

Última actualización: 25 enero, 2022

El ingenioso y talentoso actor y humorista Groucho Marx inmortalizó la frase “estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros”. Él fue un gran comediante que bajo el uso de indirectas cómicas dijo todo cuanto quería, pesase a quien pesase. Ahora bien, el uso de indirectas para hacer reír puede parecer divertido, y generalmente lo es.

Sin embargo, pueden convertir en un problema cuando estamos fuera de este contexto y queremos trasmitir un mensaje importante. De hecho, en estos contextos en los que el contenido de la comunicación es especialmente relevante, las personas solemos utilizar las indirectas porque no nos sentimos lo suficientemente seguras como para compartir el mismo mensaje de manera directa.

Piensa que si las indirectas no son utilizadas de forma acertada y en el contexto adecuado, pueden hacer daño de verdad. Con el uso del lenguaje de una forma tergiversada y manipulada, podemos estar llevando al traste incluso una relación sentimental, o de otro tipo, pero que nos importe.

¿Qué es una indirecta y por qué puede hacer daño?

Si atendemos a la definición literal de la palabra indirecta, podemos resumirla como una expresión que se usa para dar a entender algo, pero no lo decimos de forma precisa y clara. Este es el significado más aceptado.

Es decir, que las indirectas pueden ser divertidas… o no. Si atendemos al estudio llevado a cabo por el profesor James K. McNulty, en el que se extrae una conclusión, y es que las altas expectativas dan al traste con la felicidad de un buen número de parejas que no tienen vínculos sólidos y libres.

¿Qué relación hay entre las indirectas y el estudio de McNulty? Según el investigador, la espera de altas expectativas en el matrimonio o la pareja lleva a la insatisfacción personal y marital. Todo ello desencadena en una serie de actitudes realmente negativas en cuanto a comunicación.

Pareja discutiendo

Conclusiones sobre las indirectas

La insatisfacción marital extraída del estudio nos lleva a algunas conclusiones que extrajo McNulty. Por ejemplo, la conveniencia de ser directos a la hora de demandar cambios a una pareja. Hemos de ser claros si queremos animar la motivación de la otra persona.

Ahora bien, en caso de usar indirectas y “pullas”, según McNulty, estamos abonando el terreno para que la hostilidad indirecta y el sarcasmo suelen adueñarse de la relación. Así pues, se crea un ambiente donde el reproche campa a sus anchas, alejando la posibilidad de resolver conflictos. Estamos siendo destructivos.

En realidad, las indirectas excesivas son un fallo de los canales de comunicación entre la pareja. Este es un campo de cultivo excelente para que nazcan silencios, desprecios, agresividad y falta de lenguaje verbal y no verbal. Un mal que, según el estudio, aquejaba a un gran número de matrimonios.

“No debes hablar cínicamente con mucha frecuencia. Pero debes serlo siempre”

-Walter Serner-

Otros casos de interés sobre indirectas

Otros investigadores fueron mucho más allá sobre la problemática del uso de indirectas. El antropólogo Gregory Bateson estimó en sus publicaciones de 1956 que el “mensaje de doble vínculo”, como consideró a las “pullas”, de repetirse en exceso en el tiempo, puede ser incluso derivar en trastornos de ansiedad e, incluso, en una esquizofrenia.

No quiere esto decir que no podamos usar indirectas en la comunicación habitual. De hecho, no tiene por qué ser algo patológico. Podemos hacerlo de manera eventual, pero teniendo en cuenta que estamos poniendo un velo detrás de nuestra comunicación que dificulta el recorrido del mensaje.

Cómo asentar el uso lógico de las indirectas

Hay formas sensatas de asentar un uso lógico de las indirectas, como es obvio. Veamos algunas ideas que extraemos de los estudios de McNulty, Bateson o el coach Víctor Pacheco, quien también ha trabajado este tema:

  • En una relación en la que se implican al menos dos partes, es totalmente necesario sentar las bases para lograr que la comunicación sea respetuosa y sana. Hay que pensar antes de hablar y no intentar herir como un recurso constante para defendernos.
  • Debemos usar la sinceridad más directa en toda relación. Si nos valemos de indirectas para evitar hacer daño o incluso para hacerlo, estamos dañando la comunicación, evitando el problema y rompiendo cualquier sintonía. Podemos utilizar las indirectas, pero teniendo en cuenta que ha sido precisamente esto, una indirecta, nunca un mensaje claro y directo. De esta manera, la responsabilidad de que no nos entiendan tendremos que asumirla nosotros.
  • Pensar antes de hablar es otro detalle a tener en cuenta. Así podremos saber qué decimos, aprenderemos a respetar el punto de vista de otras personas y lograremos discusiones más enriquecedoras con conclusiones con mayor valor.

“El diablo no es el príncipe de la materia, el diablo es la arrogancia del espíritu, la fe sin sonrisa, la verdad jamás tocada por la duda”

-Umberto Eco-

dos personas tomando café

Recuerda usar las indirectas de forma moderada, conociendo bien el ámbito en que te mueves y tras haber asentado unas bases en común con la otra persona. De lo contrario, podrías estar creando un caldo de cultivo que termine en pocos meses con la relación, ¿es eso lo que quieres?

Indirectas como arma

Las indirectas no sólo pueden destruir una relación romántica. También se dan en ámbitos de amistad, familiar, laboral, político… Mucha gente utiliza las indirectas para causar un daño intencionado. No solamente las usamos de forma errónea, sino que sabemos en qué momento “soltarlas” para causar daño a alguien. Una indirecta, por ejemplo, en el ámbito laboral puede causar más daño que beneficio.

Si hemos cometido un error y nuestro jefe en lugar de comentárnoslo tranquilamente suelta un “alguien se ha equivocado y no he sido yo”, podremos sentir ira. ¿Por qué? De alguna forma interpretamos que nuestro jefe cree que es perfecto e incapaz de cometer un error, luego, los errores que se cometen son nuestros debidos a nuestra incompetencia. Si la indirecta es en tono de humor no ocurre nada. Pero en este caso hablamos de indirectas voraces que se repiten una y otra vez.

Lo mismo ocurre a nivel familiar o de amistad. Las indirectas pueden resultar muy dañinas, porque de alguna forma vamos socavando la autoestima de la otra persona. Dejamos caer en el aire que alguien ha hecho algo mal o está haciendo algo erróneo. Y nosotros mismos somos los que tenemos que atribuirnos esa acción errónea. De esta forma, inconscientemente podemos llegar a pensar que no sabemos hacer las cosas bien. Así pues, mucho mejor una crítica constructiva que una indirecta.

Tipos de indirectas que más daño causan

Como ya dijimos, no todas las indirectas son iguales. Algunas son totalmente inofensivas, pero otras son como dardos cargados hostilidad, dirigidos intencionalmente a un tercero para dañarlo, culparlo o hacerlo sentir mal.

Dicho esto, entre las formas más dañinas de indirectas encontramos:

La constatación para generar culpa

El objetivo de este tipo de indirectas es controlar y manipular a la víctima, cuestionando su sentido de responsabilidad o generando culpa en ella. Por ejemplo, una persona resentida porque no la incluyeron en una salida grupal podría decir “Se han divertido mucho sin mí, ¿verdad?” o “Ya veo que soy un estorbo”.

En este caso, la  intención es que los demás se sientan mal, se disculpen por su comportamiento e intenten compensarle por todo los medios posibles. Pero, lo que está detrás de esas indirectas son sentimientos de frustración, decepción o tristeza que, en vez de expresarlos asertivamente, son proyectados en el otro para hacerlo sentir mal.

Indiferencia castigadora

Otro tipo de indirectas dañinas son aquellas que utilizan el silencio e indiferencia para generar tensión en el ambiente. De esta forma, hacen sentir mal al otro sin emitir una palabra o recurriendo a monosílabos.

En este caso, los gestos son los protagonistas: portazos, tirar o hacer ruido con objetos, miradas acusatorias… todos ellos cargados de una gran molestia, desprecio o despecho. Y, ante tales muestras, si la víctima pregunta “¿Qué sucede?” La única respuesta que obtiene es “Nada”.

Las consecuencias de este tipo de indirectas es la frialdad emocional y el distanciamiento entre las partes involucradas, haciendo que los afectados se sientan solos, incomprendidos y apartados.

Reclamos a medias

Este tipo de indirectas es utilizado por aquellas personas que se sienten vulnerables, pero no están dispuestas a perdonar. Entonces, van lanzando frases sin pensar, con lo primero que se le llega a la mente, sin darse la oportunidad de indagar o comprender su estado emocional.

De esta forma, disparan acusaciones en el aire, culpan a todos, pero sin señalar directamente a nadie, jugando un rol de víctima mientras los demás se sienten culpables sin saber muy bien los motivos.

Un ejemplo sería “Me han decepcionado todos ustedes”, pero cuando los demás le preguntan los motivos o intentan abordar ese sentimiento, la persona se cierra y no dice ni una palabra más.


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