Vamos a robarle tiempo al tiempo antes de que se nos escape

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 7 junio, 2015
Raquel Aldana · 7 junio, 2015

El tiempo es el mejor autor, siempre encuentra un final perfecto.

Charles Chaplin

Todos contamos con una cantidad en el banco de la vida. Podemos decir que somos sus administradores únicos, con influencia de los demás. Pero el tiempo no es dinero ni se debe parecer.

Pero lo cierto es que lo compramos y lo vendemos. De hecho, ¿Te has preguntado alguna vez por cuánto entregas una hora de tu tiempo?

Sin detenernos demasiado a pensar, porque si nos paramos seguimos utilizando tiempo..,y eso puede dar más vértigo que atravesar un puente colgante en medio de dos montañas que rozan el cielo.

Puente

Quizás, en verdad sea eso que gotea mientras hacemos otros planes. Mejor hacerlos entonces en un lugar bonito y agradable, disfrutando de los demás y poniendo en la propia imaginación parte de nuestra propia vida.

No podemos ir a ningún lado para que alguien nos diga cuantos segundos, minutos y horas nos quedan. Alguna vez me he preguntado si nos gustaría saberlo. Volviendo al puente y al acantilado, probablemente no, nos daría vértigo.

De hecho, tengo la sensación de que dentro del pesimismo reinante convertiríamos muchos de los días que nos quedan en el aniversario de nuestra muerte.

Sin embargo, luego celebramos nuestro cumpleaños una vez al año, a veces ni eso porque a pocos les gusta dar la imagen de celebrar en exceso; han cogido tal acomodo en la melancolía que ya no se sienten capaces de disfrutar.

Es más cotidiana la monotonía, la rutina, el estrés; el hecho de que nuestro corazón comience a correr desbocado cuando la mayoría de nuestros músculos están quietos. El tiempo nunca se queda quieto -de hecho va a diferentes velocidades- ni se guarda en nuestra memoria con igual fuerza.

 

En el fondo ningún reloj lo mide, salvo el nuestro

 

Recuerdas la primera vez que te declaraste, ¿cuánto tardaste en recibir una respuesta? Probablemente un mundo si lo comparas con lo que duró tu primer beso, aunque no fuera robado y tú un ladrón con la necesidad de salir corriendo…por lo que pudiera pasar.

Eso sí, hablamos del pasado, pero ¿y del futuro?. Un conocido psicólogo dijo que somos el único ser vivo que es capaz de experimentar emociones por algo que no percibe. ¿Os imagináis a una cebra asustándose y echando a correr porque de pronto se ha imaginado un león?

cebra

Nosotros preparamos comida de más por si nuestros invitados se quedan con hambre, estamos diez minutos antes en la estación por si al tren se le ocurre salir antes o los días nublados salimos de casa con paraguas por si tenemos que resguardarnos de un buen chaparrón.

No se nos pasa por la cabeza que nuestro futuro no existe, que no tenemos ni idea de los latidos que nos quedan.

Pocos o ningunos son los momentos que vivimos como si fueran los últimos

 

De hecho, la mayoría de nosotros cuando somos mayores, por alguna extraña razón que se me escapa, les inculcamos a las generaciones venideras que lo que deben hacer es prepararse para el mañana. Pero no solo que lo hagan, sino que lo conviertan en su mayor prioridad.

Somos unos hipócritas. Es como si no quisiéramos que la generación que viene detrás de nosotros no se escapara a la programación que hemos recibido.

Siendo sinceros, ¿si volvierais a tener 18 años, invertiríais los años siguientes en conseguir algo para dentro de 20, 30, 40 o 50?

 

Llevas el suficiente tiempo en este mundo para saber que la vida cambia en un instante

 

No digo que convirtamos a nuestra vida en una celebración constante, pero desde luego poder disfrutarla se merece más que hacer lo contrario.

Cáncer

Siempre he tenido la sensación de que el sacrificio es algo muy sobrevalorado.., algo en lo que invertimos demasiado por si acaso.

Sin embargo, invertimos poco en situar o en aumentar durante el día esos momentos imprescindibles y que nos hacen sentir vivos.

Quizá un día robamos un beso, pero… cada vez le robamos menos tiempo al tiempo para nuestros deseos presentes.