Hay vecinos que son peores que un dolor de muelas

Edith Sánchez · 27 septiembre, 2017

Un mal vecino es una pesadilla que nadie quiere convertir en realidad. Con la proliferación de condominios y sistemas de vivienda compartida, han comenzado a aumentar los problemas entre vecinos. No son un asunto menor: en algunos pocos casos extremos han llevado hasta al asesinato.

Hay casos en los que tiene lugar una guerra declarada y sin cuartel. Las fuentes del conflicto son muchas: una pared con humedad, el volumen alto de la música, una mascota que fastidia… Cualquier nimiedad puede dar origen a una confrontación que nunca se sabe cómo puede acabar.

Los episodios de acoso entre vecinos se han vuelto tan frecuentes que la psicología ya le encontró un nombre al fenómeno: “blocking”. Tiene un significado similar al de “bullying” o “mobbing”. En buen castellano, significa simplemente matoneo, constreñimiento, intolerancia visceral al vecino.

No debes quejarte de la nieve en el tejado de tu vecino cuando también cubre el umbral de tu casa”.

-Confucio-

Hombre tapándose los oídos

Los conflictos entre vecinos

El desencante de un conflicto entre vecinos puede ser cualquier tontería, pero lo que sigue después no lo es. Lo usual es que los involucrados emprendan una lucha de poder. Cada uno se cree con el derecho de imponer su criterio al otro. No hay la más mínima intención de negociar, de lo que se trata es de ganar.

En muchas comunidades o condominios lo que predomina es una atmósfera de intriga y de conspiración. Se forman núcleos que actúan como pequeños bandos. Pululan los chismes, rumores y cotilleos: “Fulano pide licor a domicilio todos los días… Quién sabe qué clase de persona es”… “A Zutano lo veo llegar con una mujer diferente cada noche”… Parece que el compartir un complejo habitacional diera derecho a algunos a meterse en los asuntos de otros.

Del chisme al conflicto hay un solo paso. No es infrecuente que vecinos que no se caen bien entre sí terminen acusándose de daños. O de robos. Al fin y al cabo, lo que prima es la desconfianza, la sospecha. Lejos está esa idea del vecino como alguien que estaba a medio camino entre un compañero y un amigo y de quien, en todo caso, se esperaba solidaridad. También está lejos de los condominios la idea de que se puede resolver un problema sin declarar una guerra abierta.

La privacidad y los espacios comunes

Casi nadie puede elegir a sus vecinos. Están ahí y dejan de estar, por puro azar. Es cierto que hay muchos aspectos en común. Si viven en el mismo edificio, pertenecen a la misma clase social y seguramente tienen hábitos similares. Aún así, algunas personas no se conforman con mirar de lejos a los demás. Quieren meterse en sus vidas y decirles cómo deben ser vividas. Otros, sencillamente, no toleran que los demás vivan como viven.

Si alguien escucha música a todo volumen cuando el reloj marca las 2 de la mañana, es lógico que sus vecinos se molesten. Lo que no es lógico es que no toleren que alguien haga un agujero para colgar un cuadro, a pleno día y en su casa. No hay manera de hacerlo con silenciador y aunque sea molesto, no es tan grave como para dar paso a una guerra. Tampoco es lógico que de una desavenencia termine con una mascota envenenada o con el vertido sistemático de residuos en la puerta.

Aunque parezca increíble, eso pasa todos los días en muchos lugares en los que las paredes de un apartamento son también las de otro. No es como antes, cuando casi todo el mundo vivía en casas y molestar al otro era más complicado. Ahora no es raro que una discusión de alcoba tenga espectadores al otro lado de la pared. Ya no es tan clara la línea que diferencia la vida privada de lo que se comparte públicamente.

Sentimos que nuestra casa resulta fácilmente invadida por el ojo del otro, por el oído del otro, por la acción del otro. Eso exaspera. Por otro lado, la mayoría de nosotros aspiramos a tener la posibilidad de hacer lo que queramos en nuestra propia casa, sin ser juzgados por ello. Ahora es más difícil o directamente no se puede.

Ciertamente es una situación que origina fricciones, que a su vez dan lugar a conflictos. Sin embargo, antes de que todo se convierta en un verdadero infierno, lo mejor es abrir un diálogo sincero y maduro, porque difícilmente con esta actitud se producirá un desencuentro. En cualquier caso, antes de abrir una guerra o mudarnos de vivienda, siempre vale la pena intentarlo.

comunidad de vecinos