Vermifobia, el miedo a los gusanos

13 Marzo, 2021
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga María Vélez
Aunque pueda parecer extraño, muchas personas tienen miedo a los gusanos. Este miedo, además de un carácter evolutivo, está relacionado con el miedo a ser infectado o el miedo a la muerte. Aquí te contamos más sobre ello.

La vermifobia, también conocida como escolequifobia o helmintofobia, es el odio o el miedo a los gusanos de forma intensa o irracional. Se trata de un trastorno fóbico: ante la presencia de algún estímulo relacionado con los gusanos se desencadena una respuesta cognitiva y física muy intensa.

Aunque este tipo de insectos suele resultar desagradable para la mayoría, quienes padecen vermifobia pueden llegar a sufrir un ataque de pánico tan solo con pensando en ellos o anticipando su aparición. Igualmente, el temor a los gusanos está basado o tiene mucho que ver con el carácter parasitario de algunas especies.

Particularidades del miedo a los gusanos

Como en todas las fobias, el miedo a los gusanos puede generar una amplia variedad de síntomas. Entre ellos, náuseas, mareos, taquicardia, dificultades para respirar o hiperventilación, sudoración, tensión muscular, etc. Además, suelen presentarse síntomas conductuales, como la evitación de situaciones en las que se pueda encontrar con un gusano. De esta manera, quien padece vermifobia intentará evitar, por ejemplo, trasplantar una maceta o ir al campo.

También es fácil identificar alteraciones perceptivas; la persona puede llegar a creerse que está infectada de estos animales. Esto está relacionado con que la vermifobia tiene un alto componente de asco y miedo a ser el huésped de un parásito potencialmente dañino. Esta sensación de ser fuente de alimento para estos animales causa verdadero pavor a las personas que tienen miedo a los gusanos.

Además, un dato muy curioso es que también puede tener cierto simbolismo relacionado con el miedo a la muerte. Los gusanos pueden evocar la putrefacción de los cadáveres y a los gusanos comiéndoselos. En este sentido, puede estar asociado al miedo a la propia muerte.

Por otro lado, también se asocia comúnmente al miedo o rechazo a condiciones poco higiénicas, que a su vez se relaciona con la transmisión de enfermedades o gérmenes. Así, los vermifóbicos cuidan especialmente la higiene y evitan entrar en contacto con alimentos en mal estado.

Causas de la vermifobia

En las fobias a los animales hay varias hipótesis en común que podrían explicar su origen. Por un lado, el miedo se entendería como un resultado evolutivo. Es decir, a lo largo de la historia del ser humano, evitar ciertos animales era fundamental para la supervivencia. En el caso de los gusanos y otros similares, nos habría ayudado a evitar enfermedades, librándonos de comer alimentos en mal estado. O bien, protegiéndonos de morir directamente por envenenamiento (por ejemplo, los ciempiés son venenosos).

Por otro lado, respecto a las fobias es inevitable hablar de aprendizaje del miedo a través de experiencias negativas. Generalmente, las fobias a animales se desarrollan en la infancia, manteniéndose en el tiempo. Así, personas que se hayan encontrado un animal siendo devorado por gusanos podrían haber desarrollado vermifobia. En este sentido, muchas personas que tienen fobia a los gusanos indican haber tenido lombrices intestinales en su infancia.

Además de estas causas, también puede ser que el miedo a los gusanos haya sido heredado de algún familiar o referente. Es decir, cuando somos niños aprendemos de las reacciones y discursos de los demás, especialmente de los padres. En el caso de que uno de los dos tuviera miedo a los gusanos, la probabilidad de aprender y heredar ese miedo sería bastante alta.

¿Cómo se trata el miedo a los gusanos?

Aunque las fobias que tienen un componente de asco son algo más difíciles de erradicar, con la intervención adecuada se puede disminuir significativamente. Para ello, si el miedo dificulta de forma sustancial la vida diaria, lo más adecuado es acudir a un especialista de la psicología para guiar el proceso.

Las técnicas que suelen emplearse para ello se enmarcan dentro de la terapia cognitivo-conductual: desensibilización sistemática, técnicas de relajación y reestructuración cognitiva. La primera es una técnica de exposición que consiste en ir enfrentándose a distintos estímulos elegidos por el paciente. Esta lista se ordena en base a la intensidad de la ansiedad que provocan, por lo que se irá exponiendo gradualmente de menor a mayor ansiedad.

Como complemento, se entrenará en técnicas de relajación, con el objetivo de disminuir los síntomas ansiosos en cada grado de exposición. La reestructuración cognitiva, por su parte, está enfocada a desmontar ideas irracionales acerca de los gusanos y sustituirlas por otros pensamientos más adaptativos.

En definitiva, el miedo a los gusanos genera mucho malestar en quien lo sufre, pudiendo limitar su vida diaria. No obstante, con la intervención adecuada y analizando el origen del miedo, podrá disminuirse considerablemente, si no erradicarse. Además, proporcionará al paciente recursos para afrontar la ansiedad experimentada en otras áreas o en relación a otros animales.