Viaje a la felicidad, billete a la longevidad

Valeria Sabater · 20 septiembre, 2013

A menudo, cuando nos acercamos a esos ancianos que han cruzado el umbral de los cien años y les preguntamos cuál es el secreto para haber llegado a tan digna edad, en sus rostros cuajados de arrugas suele bailar una pícara sonrisa: “Lo que se necesita para vivir es muy poco, pero lo que acabamos deseando es mucho más.” – nos dicen. Tal vez tengan razón. Tal vez sea cierto eso de que la felicidad y una vida larga están relacionadas, que la satisfacción y una visión positiva y humilde de las cosas nos ayuda a avanzar de un modo más óptimo en este viaje que llaman vida.

1. MELODÍA DEL OPTIMISMO 

Hay quien es incapaz de escucharla. Está claro que en el día a día surgen imprevistos que no podemos controlar: enfermedades, pérdidas, problemas de mayor ó menor intensidad… Pero existen diversos modos de afrontar esos acontecimientos; las personas que son capaces de manejar mejor el estrés y de relativizar los acontecimientos negativos buscando horizontes nuevos y posibles soluciones, se adaptan mejor a la realidad activando esa especie de filtro neuropsicológico con el que la existencia se hace más fácil, y la vida, más saludable.

Hay que saber escuchar la melodía del optimismo en cada aspecto que nos rodea con el fin de edificar día a día una mejor existencia, donde la satisfacción, siempre está intimamente relacionada con la salud. Los estudios están ahí para demostrarnos cómo el optimismo es capaz de reducir el número de días de la enfermedad, cómo se mejora la inmunidad, y se favorece incluso la supervivencia tras un infarto.

2. LA ESPIRAL DE LA FELICIDAD

Saber solucionar problemas de un modo óptimo relativizando además esos súbitos aspectos negativos que suelen aparecer en nuestra vida cotidiana, nos ayuda sin duda a aumentar nuestra confianza, a sentirnos hábiles y dueños de nuestra realidad. Sentirnos “capaces” nos hace ser seguros, una actitud que se sitúa en el inicio de esta sencilla espiral: “visión positiva-optimismo-habilidad en resolución de problemas-autoconfianza.”

Cabe señalar también que la felicidad es una actitud ante la vida, pensemos en todos esos ancianos que saben reír (incluso de sí mismos), que aportan una chispa de luz a su cotidianidad y a quienes les rodea, donde todo se hace más fácil y surge la harmonía y la confianza…

Son ancianos que saben aceptar el paso del tiempo y que disponen de esas cualidades personales que caracterizan a las personas felices: paciencia, sencillez, sentido del humor (recordemos que aumenta las endorfinas) modestia, naturalidad y un toque de inocencia ante la vida: siguen manteniendo la esperanza en su día a día, porque la felicidad no es algo a lo que aspirar en el futuro, sino algo que construir en nuestro presente.

3. ABRIR VENTANAS

Desgraciadamente hay personas con una percepción oscura de su realidad; es como si vivieran en una habitación en penumbra, con las ventanas cerradas. Aislados. Los pensamientos negativos son la ponzoña de la frustación y en consecuencia, de la enfermedad. Es muy importante adquirir la habilidad de entusiasmarse emocionalmente por las cosas, activar la energía física y mental; la vitalidad que nos conduce por el camino de la felicidad y de la longevidad. Vivir con intensidad la vida, es clave para alcanzar la felicidad, saber ilusionarse, asumir con optimismo el paso del tiempo; la vejez…

Saber que el motor de nuestro reloj vital también depende de nosotros mismos y de la actitud que tengamos hacia la vida.