Víctor Leborgne, un caso clínico que cambió las neurociencias

Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 14 julio, 2019
Edith Sánchez · 14 julio, 2019
Muchas veces los avances científicos se logran a partir de los padecimientos de algunos pacientes médicos. Ese es el caso de Víctor Leborgne, un artesano francés. Gracias a él se descubrió el área de Broca y se comprendió la forma como el cerebro origina el lenguaje.

El cerebro de Víctor Leborgne es probablemente el más estudiado en toda la historia de las neurociencias. Actualmente, se conserva en el Museo Dupuytren de Anatomía Patológica de París y ha sido examinado miles de veces. Sin embargo, hasta hace solo algunos años se conocía muy poco acerca de este hombre, al que le debemos importantes hallazgos científicos.

El cerebro de Víctor Leborgne ha estado en el Museo durante más de un siglo. Gracias a a él, la ciencia logró identificar el área que controla el lenguaje. No se tiene noticia siquiera de que haya autorizado esa donación a la ciencia. Lo cierto es que le debemos mucho. Sus padecimientos iluminaron el camino para la medicina.

La ciencia es el gran antídoto contra el veneno del entusiasmo y la superstición”.

-AdamSmith-

Cezary W. Domanski,  psicólogo e historiador de la ciencia en la Universidad Marie Curie de Sklodowska en Polonia, decidió investigar la historia de Víctor Leborgne. Hasta que él comenzó a indagar, solo se conocía el apellido de este paciente, pero no había noción de cuál era su historia.

Cerebro sobre fondo azul oscuro

Las creencias de la época

El caso de Víctor Leborgne fue presentado en 1861 por el doctor Paul Broca. Lo hizo ante la Sociedad de Antropología de París. Se trataba de un hallazgo neurológico de gran envergadura. El médico había logrado identificar con exactitud la región del cerebro de la cual dependía el lenguaje. Desde entonces, esta zona es conocida como el área de Broca.

Broca no fue el primero en señalar que el lenguaje probablemente se originaba en el lóbulo frontal. Sin embargo, en aquella época, la opinión mayoritaria era que las funciones mentales se originaban en las cavidades huecas del cerebro. Se creía que la corteza cerebral no pasaba de ser un cascarón hecho de vasos sanguíneos y tejidos, sin apenas mayor función.

El cerebro que le sirvió para probar su teoría pertenecía a un hombre que Broca denominó simplemente como el señor Leborgne. No está claro por qué hizo esto, ya que en aquel entonces no había reservas respecto a los datos de los pacientes. Solo se sabía que era un hombre que había perdido el habla.

La historia recuperada de Víctor Leborgne

Domanski, el historiador polaco, inició sus pesquisas en París. Logró obtener el certificado de defunción de un hombre llamado Víctor Leborgne, la cual coincidía con las fechas en las que el doctor Broca hizo su famosa presentación. De ahí en adelante pudo reconstruir los pormenores de la historia.

Víctor Leborgne había nacido el 21 de julio de 1820, en Moret-sur-Loing, una región de Francia. Su padre había sido un maestro de escuela llamado Pierre Leborgne y su madre, una mujer humilde de nombre Margueritte Savard. La pareja había tenido seis hijos y Víctor era el cuarto de ellos.

Desde muy pequeño, Leborgne había comenzado a sufrir ataques de epilepsia. Pese a ello, Víctor llevaba una vida relativamente normal. Se educó como formier, una modalidad de artesano que elaboraba moldes de madera destinados a los fabricantes de zapatos. En su región de origen abundaban las curtiembres y la zapatería era un oficio muy común.

Paul Broca
Paul Broca

La pérdida del habla y el descubrimiento

Todo indica que Leborgne comenzó a presentar ataques de epilepsia cada vez más continuos y severos. A los 30 años, tuvo un ataque muy fuerte, que lo dejó sin habla. Así llegó al hospital de Bicetre, dos meses después de perder el habla. Allí permaneció los siguientes 21 años de su vida, hasta que murió.

En principio, Víctor Leborgne no presentaba ningún otro problema, además de su incapacidad para hablar. Aparentemente comprendía todo lo que se le decía, pero cuando quería hablar solo exclamaba la sílaba “Tan”. Hoy en día se cree que esto era una reminiscencia de los talleres de curtiembre, a los que en francés se les llamaba moulin à tan.

Pasados unos 10 años, Leborgne comenzó a presentar signos de deterioro. Su brazo y su pierna derecha se debilitaron. Luego comenzó a perder la visión y las facultades cognitivas. Su depresión lo había llevado a permanecer en cama por varios años y también sufrió gangrena. Fue entonces cuando lo remitieron al doctor Broca.

Cuando Víctor Leborgne murió, Broca hizo la autopsia y encontró la anomalía en el lóbulo frontal. Esto  le permitió probar su hipótesis y cambió las neurociencias para siempre. La humanidad le debe mucho a ese hombre que padeció limitaciones durante 21 años en un hospital y del cual se había olvidado hasta el nombre.

  • Giménez-Roldán, S. (2017). Una revisión crítica sobre la contribución de Broca a la afasia: desde la prioridad al sombrerero Leborgne.