Vida minimalista: cómo vivir más con menos

Eva Maria Rodríguez · 25 septiembre, 2018

Mientras algunos disfrutan de los últimos y mejores productos, cada vez más personas se dan cuenta de que pueden arreglárselas con menos elementos externos, apostando por una vida minimalista. Llevar un estilo de vida minimalista implica reducir las posesiones a solo lo necesario y, de alguna forma, trascender lo material. Hablamos de una filosofía vivida y defendida a lo largo de la historia, desde los antiguos filósofos griegos o los maestros zen budistas.

A día de hoy, el estilo de vida minimalista resulta tan atractivo porque resulta una especie de criptonita para ese círculo que forman trabajo-dinero-consumo. Por otro lado, según Art Markman, profesor de psicología y marketing en la Universidad de Texas, cada generación renueva a la generación anterior y el minimalismo parece una apuesta inmanente a buena parte de las nuevas generaciones.

Las nuevas generaciones reaccionarían frente a la era de consumo excesivo de las últimas décadas. “Muchas cosas son desechables y hay muchos medios que promueven el consumo, por lo que la gente está reaccionando contra eso”, explica. Para una gran parte de las nuevas generaciones, tomar las mismas decisiones que sus padres simplemente no es una opción.

Por otro lado, parte del atractivo del minimalismo es su lado espiritual, la esperanza de que sea bueno para nuestro lado espiritual (ese que ha quedado un poco huérfano con la pérdida de influencia de la religión en la sociedad). Además, la vida minimalista también está relacionada con la conciencia social.

Seleccionar lo que compramos implica castigar a aquellas empresas que no respetan unas condiciones de trabajo dignas para sus trabajadores, reducción del consumo de recursos naturales, menos contaminación, menor consumo de energía, etc. Todos ellos ideales muy acordes con las inquietudes de las nuevas generaciones.

Hombre con los brazos abiertos al aire libre

¿Por qué la vida está tan desordenada?

Sí, es cierto que el mundo en el que nos movemos, por definición, es un tanto caótico e imprevisible. Una falta de orden a la que muchas veces contribuimos con nuestra manera de vivir.

Muchos tienen, o tenemos, trabajos de los que no disfrutan, sienten como necesidad todo aquello que la publicidad hace popular, sentenciamos con frases que en realidad no sentimos, comemos alimentos que nos hacen daño, pasamos tiempo con gente con la que no queremos estar… Y si lo hacemos no es porque nadie nos lo imponga, sino porque decidimos hacerlo así, decidimos que no tenemos otra opción o que es lo mejor para nosotros.

Sin embargo, no somos completamente culpables de eso. Desde una edad temprana, la sociedad y nuestro entorno nos ha “empujado” a vivir de esta manera. La publicidad extendida por todas partes, el adoctrinamiento recibido en la escuela, en la familia y en otros entornos de influencia, nuestro círculo de amistades….

Descrito el marco, no es sorprendente que la vida parezca un desastre. Lo bueno es que nosotros podemos intervenir de manera positiva en el desastre dejando espacios vacíos por los que se cuele la claridad. Podemos diseñar una vida que sea menos complicada y más significativa, siguiendo una estilo de vida minimalista.

Vida minimalista: menos complicación y más significado

La idea clave del minimalismo es deshacerse de lo que no agrega valor a tu vida para dejar espacio para lo que hace, como eliminar el desorden, las distracciones y las relaciones no saludables, y permitir más espacio para las cosas que son esenciales para nuestro bienestar, como la creatividad, el amor y el juego.

Por lo tanto, el minimalismo o la vida minimalista trata de enfocarse intencionalmente en lo que realmente le importa y dejar de lado lo que no. Dicho de otra forma, se trata de disfrutar la vida más con menos. Así es como puede conseguirse:

Deja a un lado aquello que no te hace sentir bien: deshazte de todo aquello que se interpone en tu camino, de todo lo que te distrae, de todo lo que te hace perder la concentración. Deshazte de todo lo que te quita la calma y la claridad. Quédate con aquello que realmente contribuye a tu bienestar.

No compres aquello que no necesitas: no te dejes engañar por la publicidad, las modas y la opinión de los demás. Tener cosas no te hará más feliz. La realidad es que una vez que tenemos lo suficiente para satisfacer nuestras necesidades básicas, los productos no pueden mejorar nuestro bienestar de ninguna manera. Solo pueden proporcionarnos una gratificación momentánea que muy pronto desaparece, lo que nos lleva a un estado psicológico aún peor que el anterior.

Aprecia todas las cosas que ya tienes: no saques de tu foco de atención lo que ya tienes para centrarte en lo que te falta. De otra manera siempre te sentirás incompleto, insatisfecho y prisionero del propio deseo.

Minimiza tus distracciones digitales: correo electrónico, mensajería instantánea, redes sociales, navegación recreativa… todo esto te distrae y te hace perder el foco, la atención en el momento presente. Usa conscientemente los medios digitales y mantén bajo control las interacciones con otras personas.

Mejora tus relaciones con los demás: en la era de Internet, que facilita la interconexión con todo el mundo, cada vez estamos más desconectados. Nos faltan verdaderas relaciones humanas, relaciones reales.

Amigas tomando un café

Haz las cosas de una en una: la vida minimalista significa, en esencia, vivir enfocado, es decir, aprovechar al máximo cada momento. Si estamos permanentemente distraídos y/o enganchados a la multitarea nos podemos hacerlo.

Concéntrate en los objetivos importantes: la mayoría de la gente generalmente tienen un gran número de objetivos que desean alcanzar. Una vida minimalista tiene un propósito claro. Para vivir una vida así, debes descubrir las pocas cosas que más te interesan y dedicarte a ellas.

Cuida tu cuerpo y tu mente: la salud es el punto de partida para disfrutar. Por lo tanto, es vital te cuides en los dos planos: tanto en el fisco como en el mental. Ejercicio, alimentación y sueño son tres elementos clave en este sentido.

Cultiva la atención plena: la vida minimalista requiere una mente tranquila y tranquila, es decir, una mente libre de pensamientos contradictorios y en sintonía con el momento presente. Practicar mindfulness o meditación de atención plena te ayuda a recuperar un estado de conciencia pacífica, a observar tus pensamientos y sentimientos sin juzgarlos, resistirlos ni alimentarlos y a responder de manera consciente a situaciones en lugar de reaccionar de forma exagerada a ellas o ser abrumados por ellas.

Pensamientos finales

Fumio Sasaki dice que “el minimalismo es un estilo de vida en el que reduces tus posesiones al mínimo posible”. Para Sasaki, “vivir solo con lo básico no solo ha proporcionado beneficios superficiales como el placer de una habitación ordenada o la simple facilidad de limpieza, sino que también ha conducido a un cambio más fundamental”. Al optar un estilo de vida minimalista, Sasaki encaminó su propia definición de felicidad.

Este camino nos dice que cuantas más cosas tienes, más poder tienen las cosas sobre ti. Cuanto más dependes de algo, más influye ese “algo” en tu capacidad para ser feliz, para disfrutar realmente de la vida. Entendemos que nuestra felicidad depende de ello, y procuramos tener cada vez más y más, temiendo que alguna vez nos haga falta. Un “por si acaso” por el que terminamos siendo esclavos del reloj y de las obligaciones con las que suena cada hora, con pocos o ningún descanso.