Vivir en una montaña rusa emocional: testimonio de una persona con TLP

Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 7 agosto, 2019
Anais Manen · 7 agosto, 2019
Las personas con trastorno límite de personalidad viven inmersas en una gran inestabilidad emocional que puede derivar en consecuencias negativas. No obstante, es posible aprender a gestionar esta montaña rusa emocional. El testimonio de esta paciente nos habla sobre ello.

Si la vida no es fácil de por sí, para un persona con TLP (trastorno límite de personalidad) esta se complica mucho más. Es lo más parecido a una montaña rusa emocional en la que nunca se sabe cuándo se va a descarrilar la atracción.

Ahora bien, si hay un aspecto que se debe tener claro es que el trastorno límite de personalidad no es algo que define a la persona que lo padece, sino que es una patología que se tiene. 

No obstante, aunque haya más visibilidad a día de hoy sobre los problemas de salud mental, todavía existen muchos mitos y prejuicios sobre el TLP. La pregunta es ¿es posible convivir con este trastorno y llevar una vida más o menos estable? En el siguiente testimonio podemos encontrar la respuesta.

Chica de espaldas al amanecer pensando en afrontar sus problemas

La sensación de no encajar

A veces, en la vida ocurren acontecimientos dolorosos que nos cambian o que al menos nos remueven por dentro y nos invitan a recorrer un nuevo camino, el de tomar conciencia para sanar.

He vivido muchos años en guerra con el TLP, hasta que decidí aprender a convivir con él. Por lo que en este momento puedo decir que convivir con este trastorno de personalidad y llevar una vida normal es posible.

Después de muchos años, sigo teniendo marcado el estigma de mi pasado sobre la piel, son las marcas de los cortes y quemaduras causados en momentos de crisis. Además, como muchos afectados por TLP también fui hospitalizada en varias ocasiones sin mucho éxito de recuperación.

Tuve una infancia feliz, sin embargo, me sentía insegura en mi entorno de convivencia. La sensación de vacío crónico, la inestabilidad emocional y la necesidad de agradar a la gente se convirtieron en una dinámica constante en mi día a día. Y por ello pagaba un alto precio: la anulación de mi identidad.

¿Cómo podía actuar de forma agradable y cargada de cariño por momentos y luego hacer pedazos todo lo que estaba a mi paso? ¿cómo era capaz de actuar de forma tan irracional? Vivía suspendida en un péndulo: entre la normalidad y los intensos sentimientos de soledad. La ambivalencia marcaba el ritmo de mi música particular: amor-odio, ira-felicidad, blanco-negro… No había término medio.

Prácticamente, me quedé sin amigos. No entendían mi forma de comportarme y poco a poco me dejaron de lado. Aunque eso no fue lo más doloroso, ya que seguía teniendo gente con la que llenar mis vacíos y buscar afecto, mientras desdibujaba mi identidad en una realidad que no lograba entender.

Las piezas de mi puzzle no encajaban. Me sentía rara y vacía. Me decía una y otra vez: “no pertenezco a este mundo”. Así, comenzaron las conductas autodestructivas y los intentos de autolisis. Solo me quería morir y acabar con todo ese tsunami emocional.

“Vivir con TLP es como estar dentro una lámpara de lava que nunca sabe cuándo va a estallar”.

-Testimonio anónimo de una persona con TLP-

Diagnóstico: trastorno límite de personalidad

Vagué desesperadamente de especialista en especialista durante varios años, hasta que me diagnosticaron TLP a los 18 años. A partir de ese momento, mi vida comenzó a tener la etiqueta de TLP. No obstante, esto me ayudo a comprender el motivo de mis conductas impulsivas y de mis ataques de ira sin motivo aparente.

Tanto para mi familia como para mi fue importante comprender qué me sucedía. Por ello, creo que un diagnóstico correcto es de vital importancia para dejar de andar sobre cáscaras de huevo.

«Una vez me comprometí  a la recuperación y cambié mi estilo de vida, descubrí que hay realmente opciones de ayuda».

-Kayla Anderson-

Convivir con el TLP

A día de hoy puedo decir que existe luz dentro del túnel caótico y oscuro en el que se encuentra una persona con TLP. Eso sí, el camino no es fácil, pero tampoco imposible.

El primer paso es la aceptación de este trastorno, porque aunque duela, también se experimenta una especie de liberación. En mi caso, conocer mi diagnóstico puso cierto orden en mi vida. De hecho, leí gran parte de la bibliografía existente sobre el trastorno límite de personalidad.

Así, supe que aunque existen diferentes tratamientos de psicoterapia y diferentes fármacos para aliviar la sintomatología, era importante comprender que el camino para estar mejor no estaba fuera de mí, sino que se encontraba en mi interior.

Aprendí que era muy importante conocerse a uno mismo y que para ello había que sanar las heridas del pasado. Solo así se eliminarían ciertas capas oscuras que fui amontonando sobre mí a lo largo de mi vida: todas esas confusiones, miedos, rumiaciones y creencias negativas.

«A medida que empecé a quererme, dejé de ansiar tener una vida diferente, y pude ver que todo lo que me rodeaba me estaba invitando a crecer».

-Charlie Chaplin-

Los afectados de TLP solemos lamentarnos del por qué nos ha tocado padecer este trastorno. Lo que ocurre es que, a veces, no tenemos respuestas a nuestros interrogantes porque estos se encuentran mal formulados.

Recursos para una persona con TLP

A medida que iba pasando los años y asistía a terapia salieron a la luz muchos aspectos positivos de mí que estaban ocultos bajo el manto del TLP y cambié mis preguntas: ¿cómo puedo convivir con el TLP de una manera sana? ¿qué se puede aprender de un trastorno como el TLP para realizarme cómo persona?

Además, poco a poco, adquirí ciertas pautas y habilidades que con mucho esfuerzo me han ayudado a mantener un equilibrio en mi vida. Son las siguientes:

  • Hacer terapia. 
  • Aprender a manejar emociones y frustraciones.
  • Practicar la asertividad.
  • Aumentar la autoestima.
  • Evitar sustancias toxicas.
  • Practicar técnicas de relajación y meditación.
  • Mejorar relaciones interpersonales.

Mujer meditando en casa

Algunas pautas para familiares

Desde mi experiencia, es muy difícil ayudar a una persona con TLP si esta no quiere. Por ello, es importante que todo familiar que conviva con un TLP siga las siguientes recomendaciones:

  • Tener información sobre el trastorno límite de personalidad. Saber en qué consiste el trastorno y cómo se desarrollan sus crisis es fundamental. Para ello se puede consultar a un profesional especializado.
  • Acudir al psicólogo. Es importante asistir a un psicólogo para aprender protocolos de actuación en situaciones de crisis con el TLP. La convivencia con una persona con TLP puede ser desgastante a nivel emocional. Por ello, se hace necesario cuidarse para tener el mínimo desgaste psicológico.
  • Gestionar el sentimiento de culpa. El trastorno límite de personalidad no es responsabilidad de los familiares o de la pareja que convive con la persona afectada. No pueden curarla, solo comprenderla, apoyarla y ayudarla.
  • No sobreproteger a la persona con TLP. La sobreprotección refuerza el comportamiento disfuncional y el sentimiento de inutilidad o de frustración que siente la persona afectada. De ahí que sea mejor evitarlo.
  • Ser asertivo. La forma de reaccionar puede influir en la persona con trastorno límite de personalidad. Es importante cuidar el lenguaje, tanto verbal como no verbal, y evitar responder de forma agresiva. De lo contrario lo único que sucederá es que esta se ponga a la defensiva.
  • Paciencia. Cultivar la paciencia puede ser un asunto complicado. Sin embargo, es fundamental para el tratamiento y la autoaceptación del afectado por TLP.

«Es necesario saber que la comunicación con una persona con Trastorno Límite debe ser lo más eficaz posible. Para ello es fundamental que al expresar sentimientos y emociones lo hagamos en primera persona “yo pienso..”, “yo siento…”».

-Asociación AMAI-TLP-

Como vemos, no existe una fórmula mágica para aprender a convivir con el trastorno límite de personalidad. Se requiere mucho esfuerzo, comprensión, consciencia y gestión emocional tanto por parte de la persona como de las personas más cercanas. Es posible llevar una vida estable, en la que los impulsos han dejado de marcar el ritmo. ¡La vida está detrás del miedo… hagamos que valga la pena vivirla!