Voy a vivir hasta que me muera

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 30 septiembre, 2015
Cristina Roda Rivera · 12 mayo, 2015

“La próxima vez que tengas que decidir acerca de tu propia vida,que tengas que hacer una elección personal, hazte una pregunta muy importante: “¿Cuánto tiempo voy a estar muerto?” Ante esa perspectiva eterna, puedes decidir ahora lo que prefieres, lo que eliges, y dejar a los que siempre estarán vivos los temores, las preocupaciones, la cuestión de si te lo puedes permitir y la culpabilidad.

Si no empiezas a actuar de esta manera, ya puedes formularte la posibilidad concreta de vivir toda tu vida tal como los demás piensan que debería ser. Ciertamente si tu estancia en la tierra es tan corta, debería ser por lo menos agradable. En pocas palabras, se trata de tu vida; haz con ella lo que tú quieras”.

(Wayne Dyer)

¿Qué te sugieren estas palabras? ¿Utopía? ¿Idealismo? ¿Irrealizables en la práctica?

Te parezcan lo que te parezcan, estas palabras tratan de ti, más concretamente de tu vida; esa que a veces o siempre acabas amargándote tú solito.

Sin invocar a agentes externos o a personas ajenas, vamos a intentar que calmes tu estado interior, contemples más y comiences a darte cuenta de que el mayor reto no está en tus circunstancias, sino en ti mismo.

Partiendo de este maravilloso texto, vamos a separar las ideas que parecen tan idealistas, las vamos a señalar, y finalmente aportaremos un consejo para que puedas llevarlas a cabo.

Todo esto lo haremos porque en el fondo, por muy bajo de ánimos que nos sintamos, creemos que la vida es un regalo, tu existencia es un hecho y vale la pena vivirla, sin que tu cabeza haga de este camino un trauma. Es sólo un paseo, un paseo que merece ser andado y respetado, como dijo Frank Sinatra : “Voy a vivir la vida hasta que me muera”.

Primera reflexión :

Cuelga tus penas sin solución en una cuerda, pon también tus preocupaciones que jamás podrán resolverse. Cuélgalas, míralas, y piensa: ¿Qué puedo hacer con todo esto?

Si no puedes hacer nada, déjalas colgadas. Si crees que una preocupación es sana para poder avanzar, cógela. Veremos después si de verdad puedes cargar con ella. El resto, déjalo ahí.

No es cuestión de que se pudran, pero déjaselas al viento, a la tierra, al sol, a la lluvia.Quizás esos agentes sobrenaturales puedan hacer algo con ellas, pero tu cabeza ya no puede más. No hay una solución, no hay una causa por la que aparecieron en tu vida, aunque hayas estado años rememorando que pudo haber pasado para llegar a eso.

Has hecho todo lo que podías por encontrar una respuesta y que todos ello, se integre en ti. Pero no encuentran la forma de amoldarse en tu cabeza sin hacerte sufrir. Por tanto, déjalas ir. Están en un sitio más amplio y sabio. Quizás ellas también querían salir a otra realidad porque tu mente las asfixiaba. Date la vuelta. ¿Te sientes más ligero?

Segunda reflexión:

Existen cosas más duras que preocupaciones e inseguridades. Existen traumas, duelos, pérdidas, enfermedades. Es más difícil sacarlo de tu cabeza, pero lo puedes poner en tus manos, sosteniéndolo, no quitándole el valor experiencial que ha tenido en tu vida.

Así que soporta todas estas cosas durante un tiempo, el que necesites. Quédate con la lección que te dieron o que aún te están dando, pero de esas lecciones que te ayudan a seguir adelante siendo mejor de lo que ya eras antes.

Y no te quedes en ese sufrimiento, dáselo al universo de parte de tus manos, dile que haga lo que pueda con él y que tú, a cambio, seguirás adelante. El universo estará encantado.

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Tercera reflexión:

Camina ligero. Ahora es el momento de recuperar la magia que algún día perdiste. intuitivo. Contempla la naturaleza. Sonríe. Haz todo aquello que hacías, pero sin tu lastre mental.

Recuerda que no importa lo que pienses, es lo que haces….¡Atrévete!

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Si estás nervioso, triste, confundido, sientes ansiedad….son emociones, trátalas como tales. No las evites, son parte de ti. Son nuestra mochila, pero ellas no son el interruptor que nos maneja. Eres tú. No son ellas las que nos diferencian, sino lo que hacemos con ellas, o lo que hacemos aún estando ellas sin desearlo.

Acepta el reto de vivir la vida aunque no te sientas preparado para todo. Si lo supieras, ¡qué aburrimiento!

Cuarta reflexión:

Pasamos a una fase más “complicada”. Es la hora de elegir.Todos moriremos de la misma forma, que te dejen los demás vivir cómo tú decidas.

¿Qué te permites en este punto? ¿No crees que ha llegado la hora de buscar reforzadores? ¿De buscar esas cosas en la vida que te hacen sentir bien?

Dejando tanto dolor atrás, quizás te sientas raro. Es normal, la tristeza es adictiva. Tu mente te dice cosas tristes y tu actúas según lo que ella te dice, así ha sido siempre.

Para cambiar esa rutina que te tenía tan entretenido, no esperes que tu mente te diga ¡YA! Nuestra mente ha evolucionado para advertirnos de los peligros y es muy poco compasiva. Es el momento de hacer las cosas que tu alma e instinto te dicen, pero que nunca has parado a escuchar.

Hacer una llamada, leer, comprar un billete y hacer un viaje, pasear o simplemente dar un abrazo, son actividades que te harán sentir bien. Siéntate y contempla. Cuando dejas de  luchar con sentimientos destructivos, todo empieza a verse distinto.

Quinta reflexión:

Elige. Elige lo que quieres ser. Como un alma dentro de este inmenso universo, él te pedirá pocas explicaciones. Elige no por conveniencia, no por lo que marca tu género, elige lo que quieres hacer con tu tiempo.

Elige lo que ves. Elige las personas próximas a ti. Elige lo que lees. Apaga la tele. Descarta, sin ser brusco.

Construye una vida que esté de acuerdo con tus valores, aunque no los compartan la mayoría.

Es cierto que a veces esta vida es dura, pero quizás la muerte te está dando miedo, en lugar de mostrarte que la vida es corta y que debes aprovecharla.