Y de repente llegaste, una historia sobre el enamoramiento

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 19 octubre, 2018
Francisco Javier Molas López · 17 octubre, 2018
Él lleva años amándola en secreto. Lo que no sabe es lo que va a suceder al conocerla. Y lo que menos se esperaba es que descubriría que el enamoramiento está en nuestra mente.

La veía siempre por los pasillos de la facultad. Intentaba sentarme cerca en clase para admirar su belleza. Su rostro transmitía paz, serenidad. Su pelo largo, ondulado y oscuro creaba en mí un estado casi hipnótico. Su físico era perfecto. Era la clase de chica que siempre había estado buscando.

De vez en cuando intercambiábamos miradas y algún que otro saludo. En esos momentos mi voz temblaba y no sabía muy bien qué decir. Comprendí que estaba en una fase de enamoramiento muy intenso. Lo que todavía no sabía era que el enamoramiento está en nuestra mente. 

Patricia era la chica que llevaba muchos años esperando, y ahí estábamos, compartiendo el mismo lugar todas las mañanas. Cuando me cruzaba con ella, un delicioso perfume invadía el ambiente y me quedaba completamente embriagado. Y cuando nos cruzábamos y me decía “hola”, me temblaban las piernas.

A mi lado

Me imaginaba con ella paseando por las calles de la ciudad. Comentando los edificios más bonitos, los más extraños y todo aquello que viéramos. Nos sentaríamos en un banco, hablaríamos y reiríamos. Después iríamos a comer a alguna parte y seguiríamos pasándolo bien. Hasta que un día nos abrazaríamos y nos besaríamos. Cada vez que la miraba en la facultad toda esta clase de pensamientos rondaban por mi mente.

Un día, comiendo con una amiga en la cafetería de la facultad, ella se sentó con nosotros. ¿Cómo era posible? Al parecer, se conocían desde hacía un tiempo. ¡Y yo sin saberlo! Comencé a ponerme muy nervioso. La chica de mi vida estaba justo delante de mí. Era preciosa. Toda ella era perfecta. Mi enamoramiento cada vez aumentaba más y sentía bastante miedo a defraudarla.

Pareja frente a frente al anochecer

La ilusión de una conexión especial

A partir del día que cominos juntos compartimos mesa en más ocasiones. Hablábamos de muchas cosas y reíamos. Siempre pedíamos menú para comer. Ella bebía refrescos de cola y yo agua. A ella le gustaba más la ensalada, a mí la pasta. Y de postre yo solía comer fruta, ella un flan. La miraba a los ojos y me imaginaba con ella en alguna playa paradisíaca tomando el sol y nadando en aguas cristalinas.

Cada vez nos veíamos más. Patricia también parecía buscarme. Llevaba más de un año y medio enamorado de ella. Un día decidimos quedar fuera de la facultad y una tarde fuimos a tomar un café. Fue muy agradable. Teníamos aficiones ligeramente diferentes, pero no importaba, nos podíamos complementar estupendamente. Veía señales en ella que me daban a entender que había una conexión especial.

Y llegó el momento

Aquella tarde de invierno Patricia se sentó a mi lado en la cafetería de la facultad.

Tengo que comentarte algo -me dijo. En aquel instante me eché a temblar. El momento había llegado.

-Claro, dime -le respondí.

-Verás, estoy enamorada. No te lo he dicho antes porque no me gusta mucho hablar de mí en ese aspecto, pero no estoy segura de lo que hacer.

-¿Y qué problema hay? ¿no es correspondido? -pregunté deseando escuchar la respuesta.

Sí, sí lo es… -respondió.

-¿Entonces? -pregunté impaciente.

El chico no es de aquí, vive en otra ciudad, nos veríamos muy poco y las relaciones a distancia ya sabes que son muy duras, o eso dicen…

En aquel momento dejé de escuchar lo que me estaba diciendo. Me sumergí en un gran pozo oscuro y se apagó la luz. La miré fijamente y llegué a sentir una rabia que no había experimentado en mucho tiempo.

¿Por qué el chico no era yo? ¡Me había dado señales! ¿Qué estaba pasando? No podía ser, era yo quien le tenía que gustar y no otro. Llevaba mucho tiempo amándola en secreto sin poderle decir nada y ahora que la tenía a mi lado estaba enamorada de otro.

“Empezaron a resonar ecos a lo lejos en mi cabeza sobre algunas teorías que había escuchado sobre que el enamoramiento está en nuestra mente”.

No quería seguir escuchándola. De hecho, no quería volver a verla. Mi felicidad se había derrumbado y me encontraba muy perdido y decepcionado. Estaba muy ilusionado porque una posible relación futura me hiciera feliz, pero ya no quedaban opciones. Yo la amaba a ella y ella amaba a otro. Nada tenía sentido. Incluso llegué a pensar que se había reído de mí al darme falsas señales.

Chico triste

Lo que en realidad ocurrió 

Unos meses más tarde conocí a un señor mayor mientras viajaba en autobús a casa. Coincidimos el uno al lado del otro. El recorrido era de una hora y media y tuvimos tiempo para hablar.

Hablando un poco de todo le comenté mi gran historia de desamor y ante mi sorpresa el hombre me miró enternecido y me dijo sonriendo:

-El problema es que no estabas enamorado de ella.

-¿Perdone? -pregunté incrédulo- Llevaba amándola más de un año, ¿cómo no voy a estar enamorado?

No puedes amar a quien no conoces, al menos en un sentido romántico… estabas enamorado, sí, pero no de ella, sino de tus expectativas sobre ella -respondió-, el enamoramiento no es amor, joven amigo, no lo confundas. El enamoramiento está en nuestra mente…

Permanecimos unos minutos en silencio. ¿Qué el enamoramiento está en nuestra mente? No entendía mucho lo que me estaba queriendo decir. Mientras mi cara no sabía qué expresión adquirir, aquel hombre mayor sonreía mientras observaba el paisaje a través de la ventana. Se giró hacia mí y continuó:

-Verás, esa chica debió desencadenar cierta excitación en ti a través de su físico y a partir de ahí empezaste a imaginar una vida muy feliz junto a ella. No era más que eso, excitación y expectativas, pero en realidad no la conocías de nada. Lo único que sabías de ella era por algunos encuentros puntuales y poco a poco comenzaste a idealizarla más y más.

-Además… -siguió el hombre-, cuando comenzaste a profundizar más en ella,  elegiste los aspectos que te gustaban y los ensalzaste mucho más, al mismo tiempo que obviabas voluntariamente los que menos te gustaban. Y eso no es todo, pensaste que ella debía hacerte feliz, dejaste tu felicidad en sus manos. Y lamento decirte joven amigo, que eso no es amor, eso es apego. Por eso te sentiste tan decepcionado. El amor sí es real, el amor es auténtico, en el amor no esperas que nadie haga nada por ti, sino que eres tú el que busca la felicidad de la otra persona.

-Quisiste interpretar sus señales como gestos de enamoramiento hacia ti porque eso era lo que querías ver -proseguía el señor mayor-, tú fuiste el director, guionista y actor de la película que te estabas montando en la cabeza. La cuestión es que te la creíste y desvirtuaste la realidad. Pero no te preocupes. Nos pasa a todos. Solemos caer en esa trampa. Si realmente sientes amor por ella, desea que sea feliz, contigo o con otro, eso da igual. Así que la próxima vez piensa en si realmente te estás enamorando de tus pensamientos y expectativas con respecto a alguien o sientes auténtico amor.

El enamoramiento está en nuestra mente

-Te diré algo -añadió aquel hombre- como decía José Ortega y Gasset: “Una de las cualidades más características del enamoramiento es la focalización en la consciencia del ser querido, hasta el punto de que limita, o incluso impide, el buen uso del raciocinio, la necesaria concentración mental en la ejecución de diversas tareas cognitivas.

-¿Menuda frasecita verdad? Tardé en aprendérmela, pero me impactó tanto que no podía olvidarla y ahora te servirá también a ti

Acabó el trayecto. Me despedí del señor mayor. Llegué a casa, saludé a mis padres y me tumbé en el sofá. Pensé en todo lo que me había dicho. Se trataba de una información que a primera vista podría parecer una locura, pero que si se analizaba con cierta objetividad parecía que estaba completamente en lo cierto.

En realidad nunca le gusté a Patricia, todo habían sido creaciones mías. Todavía recuerdo la frase que me dijo aquel hombre antes de despedirnos: “si realmente amas a alguien, deséale su bien, desea su bienestar, su felicidad, no mires lo que esa persona puede hacer por ti, sino lo que puedes hacer por ella. Si la ves sufrir, ayúdala. En eso consiste el amor, en ayudar a los demás, en hacerlos felices. Y si esa persona también siente amor real por ti, te aseguro que tendrás la relación de amor más maravillosa que pueda existir”.

Todo cobró sentido para mí. Comencé a leer sobre amor y enamoramiento y descubrí un interesante artículo de Chóliz y Gómez (2002) en el que afirman que las personas atractivas tienen ventajas sobre las que no lo son para que nos fijemos y nos enamoremos de ellas. Por el simple hecho de ser atractivas les solemos atribuir características deseables, y de esta forma reciben un trato más cordial. 

Así, entre las palabras de aquel señor mayor y todo lo que fui leyendo me convencí cada vez más de que el enamoramiento está en nuestra mente. Por ello, debemos tener cuidado con las expectativas que nos formamos.

Desde aquella experiencia, cada vez que conocía a una chica y se me disparaba una gran activación emocional, mi mente lanzaba como flechas la advertencia de que el enamoramiento está en nuestra mente y quedaba un buen rato resonando en mi cabeza. “El enamoramiento está en nuestra mente, el enamoramiento está en nuestra mente…”.

“Pensar que el enamoramiento está en nuestra mente puede parecer doloroso e irreal, pero si lo analizamos con la lupa de la razón, observaremos lo mucho que somos capaces de engañarnos sin ser conscientes de ello”.

-Gendun Dorje-