«Y la gente se quedó en casa», un poema para pensar

Edith Sánchez·
04 Junio, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas al
30 Marzo, 2020
Cuando se abrió la caja de Pandora, escaparon de ella todos los males del planeta. Al darse cuenta, Pandora la cerró y dentro de ella quedó guardada la esperanza. Esperanza es lo que nos da el bello poema “Y la gente se quedó en casa” que ha cautivado a miles de personas en todo el mundo.
 

«Y la gente se quedó en casa» es el nombre de un poema que ha circulado por las diferentes redes sociales. Se promocionó diciendo que se trataba de un escrito elaborado en 1800, inspirado en los avatares de aquella época.

Sin embargo, con los días, esto fue desmentido. El poema fue publicado el 16 de marzo de este año en un un blog personal y quien lo firma es Kitty O’Meara. Se titula: And The People Stayed Home (‘Y la gente se quedó en casa’) y ha tenido tal difusión, que puede encontrarse en todo tipo de archivos multimedia en la red.

Kitty O’Meara se define, ante todo, como una mujer de espiritualidad. Trabajó como maestra y como asistente espiritual en hospicios y hospitales de los Estados Unidos, y también ha sido blogger –sin pretensiones– desde el año 2011.

El texto capturó la atención de muchas personas y por eso no pasó mucho tiempo para que se hiciera viral. Uno de los elementos que hace de este poema un escrito muy especial es el eco de esperanza que hay en sus líneas.

 

«Y la gente se quedó en la casa» nos recuerda que hay maneras de entrar en la noche, pero también de salir a la luz. Asimismo, nos recuerda unas palabras de la escritora norteamericana Katherine Neville:

«Al desenterrar una botella así, una botella llena de tiempo, al destapar la voz largamente muda del pasado, estaba abriendo una puerta que quizá debería haber permanecido cerrada».

–Katherine Neville–

Mujer mirando por la ventana

«Y la gente se quedó en casa…»

El poema comienza diciendo: «Y la gente se quedó en casa», una frase que invita a reflexionar sobre la forma en la que nos desenvolvemos en este espacio tan común, aunque no siempre bien aprovechado como refugio y lugar de encuentro con nosotros mismos.

La mayoría de nosotros no vivimos en grandes casas con enormes jardines y vistas al mar. Así que tenemos que aprender a vivir y a sortear cada día en espacios pequeños y, a veces, inadecuados, en los que también habitan conflictos individuales y grupales.

 

El poema señala varias actividades que ayudan a sortear las dificultades y además son maneras de aprovechar el tiempo, acotar la incertidumbre y reencontrarse. «Y leía libros y escuchaba. Y descansaba y hacía ejercicio. Y creaba arte y jugaba».

El poema también pone el foco en el mejor de los casos para dar aliento a quienes aún les cuesta encontrarse a sí mismos en estas actividades: «Y aprendía nuevas formas de ser, de estar quieto. Y se detenía. Y escuchaba más profundamente. Algunos meditaban. Algunos rezaban. Algunos bailaban. Algunos hallaron sus sombras».

Un reencuentro con uno mismo, con lo que está muy dentro de cada uno, no está exento de sorpresas, pero indudablemente amplifica la escucha.

«Y la gente empezó a pensar de forma diferente…»

La segunda parte del poema hace referencia al futuro que podría ser si aprendemos algunas lecciones sobre lo que somos y hacemos, y cómo nos relacionamos con la naturaleza.

En el poema, el cambio interno propicia algo nuevo: «Y la gente sanó». En este caso, el verbo «sanar» no hace referencia exclusivamente al hecho de superar una enfermedad física, sino a depurar regiones de la mente y el espíritu en las que quizás no habíamos reparado.

 

Asuntos como el valor de la vida y de la solidaridad. O la convivencia en armonía con la tierra que habitamos. Quizás también los líderes que elegimos y los propósitos que nos trazamos, en función de ambiciones que a veces no tienen límite. Sanar es recuperar lo esencial, lo que nos hace realmente humanos.

Mujer feliz en el campo

«Y curaron la tierra por completo…»

Si el ser humano sana, gracias a la solidaridad universal y al compromiso colectivo, la tierra también sana. Como un efecto en cadena, que se inicia dentro de nosotros, luego pasa al resto de las personas y también beneficia a la naturaleza. «Y, en ausencia de personas que viven en la ignorancia y el peligro, sin sentido y sin corazón, la Tierra comenzó a sanar».

Lo que insinúa el texto es que ante un hecho extraordinario, tenemos capacidad para dimensionarnos y podemos hacerlo. Elevarnos por encima de lo que hemos sido y de lo que hemos hecho. Aprender a pensarnos otra vez, de una manera diferente. Solo así se desata el nudo y se cierra la caja de Pandora.

 

Al final, el poema nos regala un escenario lleno de esperanza. «Y cuando pasó el peligro, y la gente se unió de nuevo, lloraron por sus muertos, tomaron nuevas decisiones, soñaron nuevas visiones, crearon nuevas formas de vivir y curaron la tierra por completo, tal y como ellos habían sido curados».

Este hermoso poema comienza diciendo «Y la gente se quedó en casa»; pero termina señalando «y curaron la tierra por completo, tal y como ellos habían sido curados». Ojalá, más que un poema, este texto sea una profecía de lo que viene. Ojalá esto sea lo que nos espera: un mundo mejor.

 
  • López Eire, A. (2004). Mito ritual y poesía.