11 características de un trauma no superado

Los traumas no resueltos son nudos experienciales difíciles de asumir. En lugar de procesarlos y sanarlos, los reprimimos y los guardamos en nuestras «cajas negras» mentales. A partir de entonces, se desencadena toda una serie de sintomatologías.
11 características de un trauma no superado
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater.

Última actualización: 09 marzo, 2023

Todos estamos expuestos, al menos en algún momento, a acontecimientos potencialmente traumáticos. La pérdida de un ser querido es un ejemplo de ello. Hablamos de impactos emocionales muy fuertes que nos cuesta transitar, aceptar y por supuesto, sanar. Sin embargo, uno casi siempre termina superando —no olvidando— esa vivencia adversa.

Ahora bien, una parte de la población arrastra lo que conocemos como un trauma no resuelto. Son estados en que la mente termina empujando, soterrando esa vivencia hacia los estratos internos más profundos, para procurar seguir adelante. Sin embargo, no siempre se logra retomar la existencia; no en todos los casos se alcanza una funcionalidad plena y saludable.

A menudo, se dicen frases como «todo el mundo lo pasa mal en la infancia y sigue adelante», «hay personas que lo han pasado peor que yo y ahí están». Restar importancia al hecho traumático sufrido, lejos de funcionar, no hace más que cronificar el sufrimiento inconsciente. Tanto es así que, a lo largo del tiempo, terminan apareciendo multitud de sintomatologías asociadas. Las analizamos.

El trauma no resuelto puede perseguirnos a lo largo de nuestra vida de formas llamativas que nos costaría asociar a ese hecho adverso del pasado. Los problemas musculoesqueléticos, digestivos o las explosiones de ira son ejemplos.

Hombre triste sentado en la cama evidenciando características de un trauma no superado
Las alteraciones del sueño nocturno son efectos comunes de los traumas no resueltos.

Características de un trauma no superado que debes conocer

En el 2017 se realizó un estudio en el que colaboraron las principales universidades de todo el mundo. El objetivo era conocer la exposición a eventos traumáticos de la población en general. Los datos fueron reveladores: más del 70% de las personas entrevistadas informaron haber vivido un evento traumático.

Esto reafirma la idea de que la gran mayoría de nosotros es vulnerable de sufrir este tipo de vivencias. Sin embargo, no todas las personas afrontan de igual manera un trauma. Las hay más resilientes y otras, con mayor vulnerabilidad. De hecho, es muy común llegar a la edad adulta albergando en el universo psicológico la impronta de un hecho doloroso acaecido en la infancia.

Asimismo, para tomar una mayor perspectiva de lo que implica no afrontar o sanar estos eventos, es importante recordar qué son este tipo de acontecimientos. Un trauma psicológico es una respuesta que debilita nuestras capacidades de adaptación, tanto emocional, como cognitiva, física y también social. Todo lo que nos conforma como seres humanos se quiebra.

Veamos ahora qué efectos puede tener en nosotros esta circunstancia.

Uno de los efectos de los traumas no resueltos es sentir que nuestro sistema nervioso central siempre está en alerta. Esto deriva en hipervigilancia, problemas para dormir, mala regulación emocional, etc.

1. Ataques de pánico

Los ataques de pánico cursan con elevada frecuencia en quienes lidian con un trastorno del estrés postraumático. La sensación de peligro y/o amenaza se integra casi de forma constante en el registro mental de la persona.

Esto puede hacer que la sensación de estrés sea persistente, así como la sombra del miedo. Todo ello puede hacer que los ataques de pánico aparezcan con frecuencia y manifiesten los siguientes síntomas:

  • Ahogo.
  • Mareos.
  • Sudor frío.
  • Temblores.
  • Palpitaciones.
  • Sensación de perder el control.
  • Pensar que estás a punto de morir.

2. Sentimientos de ira y vergüenza

Entre las características de un trauma no superado más comunes está la sensación de vergüenza. Puede llamarnos la atención, pero son muchas las víctimas de abusos o situaciones violentas que proyectan sobre sí mismas emociones autodestructivas. Pueden sentirse culpables, sentir impotencia por no haber actuado o, peor aún, pensar que son responsables de lo sucedido.

Por otro lado, una emoción muy recurrente cuando se lidia con un trauma es el pinchazo de la ira. Es la marca del dolor, de la indignación y la impotencia. Es un estado que puede estallar en cualquier momento, dificultando incluso el poder tener unas relaciones sociales y afectivas gratificantes.

3. El eco de la depresión que viene y va

Sabemos que haber sufrido un trauma de infancia eleva el riesgo de que en la edad adulta aparezca un trastorno depresivo. Es más, son estados de gran desgaste emocional que vienen y van, trazando con frecuencia lo que conocemos como trastorno depresivo persistente (distimia). Es decir, son condiciones mentales que pueden aparecer unos meses, remitir y aparecer más adelante.

4. Pesadillas y alteraciones del sueño

Las pesadillas son un mecanismo que usa el cerebro para intentar procesar el trauma. Sin embargo, en ese intento, lo que experimenta la persona es vivenciar de nuevo el hecho doloroso, y ello genera aún más agotamiento físico y mental.

Las disomnias o los trastornos asociados con la cantidad y la calidad del sueño nocturno, son condiciones que sufren buena parte de quienes lidian con estas circunstancias.

5. Hipervigilancia

Entre las características de un trauma no superado está el estado de alerta aumentado o la hipervigilancia. Esta realidad no deja de ser un efecto del propio impacto del hecho adverso sobre nuestro sistema nervioso central. Esto aboca a la persona a un estado de alerta persistente, albergando la sensación de que siempre hay un peligro al acecho.

6. Enfermedades psicosomáticas

Las enfermedades psicosomáticas son síntomas físicos vinculados de manera directa con algún origen psicológico. Es importante destacar este punto por un hecho evidente. Son muchas las personas que pueden pasarse años intentando encontrar un origen a multitud de alteraciones físicas y orgánicas, para las cuales no hay un diagnóstico claro.

Los traumas pueden estar detrás de muchos de los siguientes problemas:

  • Alergias.
  • Migrañas.
  • Insomnio.
  • Dolor en el pecho.
  • Cansancio persistente.
  • Alteraciones digestivas.
  • Dolores musculoesqueléticos.
  • Presión alta y cortisol elevado.

Los traumas psicológicos pueden abordarse y sanarse en terapia psicológica. La terapia EMDR (reprocesamiento y desensibilización a través del movimiento ocular) es un modelo muy utilizado en estos casos.

7. Baja autoestima y sentimientos de inutilidad

«No valgo para nada», «No merezco que nadie me quiera», «Jamás lograré lo que me proponga», «Soy un fracaso». Estas ideas tan aniquilantes son la voz de ese trauma no resuelto que mina la autoestima, la autoimagen y todo sentido de competencia. Los sentimientos de inutilidad abocan a la persona hacia estados muy problemáticos a raíz de hechos dolorosos no sanados.

8. Comportamiento evitativo

La evitación es ese mecanismo incentivado por el miedo y la ansiedad que nos impide tener una buena calidad de vida. Cualquier circunstancia que despierte en la persona cierto estrés o inseguridad, terminará por eludirse, por no afrontarse. Esto puede hacer que se pierdan desde oportunidades laborales y se tengan muchos problemas en las relaciones personales.

Mujer triste mirando al plato evidenciando características de un trauma no superado
Los trastornos de la conducta alimentaria pueden esconder detrás algún trauma de infancia.

9. Trastornos de la conducta alimentaria (TCA)

La Universidad de Aalborg, en Dinamarca, encontró una relación significativa entre las experiencias traumáticas y los trastornos de la conducta alimentaria (TCA). Esta es una correlación que se ha intuido desde hace tiempo. Sin embargo, ahora sabemos que aquellas pacientes que sufrieron abusos sexuales en la infancia tienen un mayor riesgo de sufrir desde bulimia, anorexia, etc.

10. Conductas autolesivas

Entre las características de un trauma no superado es común ver a personas que derivan en conductas autolesivas. Cortes, tricotilomanía, dermatilomanía… Este tipo de comportamientos buscan liberar de forma momentánea la carga de la angustia latente, pero a largo plazo configuran situaciones muy debilitantes.

11. Dificultad para manejar los problemas

La vida se vuelve muy complicada y hasta amenazante cuando no hemos resuelto un trauma interno. Las emociones están a flor de piel y el cerebro evidencia alguna alteración en sus funciones cognitivas. Cuesta aplicar una mentalidad más reflexiva y, en lugar de analizar con calma los problemas, se reacciona de forma impulsiva contra ellos o se evitan.

Nota final

En caso de que te sientas identificado con varias de estas dimensiones, te animo a que busques ayuda especializada. Los traumas, con independencia de su origen, se tratan y la persona puede recuperar su calidad de vida. Para ello, hay enfoques basados en la ciencia con una elevada eficacia. No dudemos en contar con el apoyo de nuestro entorno y dar el paso hacia un proceso terapéutico.

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