3 películas con un potente mensaje feminista

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 19 agosto, 2018
Cristina Roda Rivera · 19 agosto, 2018

El pasado 8 de marzo hicimos historia. Las mujeres, en un arranque de valentía que rara vez se había visto de forma tan transversal y masiva, hicimos las calles nuestras por primera vez y se nos escuchó rugir. Ya nada será lo mismo desde ese día.

Cada una con su mochila emocional a cuestas, sabiendo que sufrimos esa losa invisible pero pesada por encima de nosotras, conseguimos elevar nuestro espíritu, gritar nuestra rabia, colectivizar nuestras penas y aunar nuestras reivindicaciones.

Con chaqueta o con rastas, con trabajo de directiva de un banco o estudiando en el instituto, todas estábamos ahí porque vivimos lo mismo: la desigualdad, la violencia y el techo de cristal entre otras muchas cosas. Todas vivimos bajo esta opresión pero las historias que la reflejan son muy distintas.

Las siguientes películas reflejan la lucha de tres mujeres por salir adelante en un mundo de hombres, donde se las estigmatiza, se las agrede y no se las respeta. Todas ellas llenan de valentía y coraje, como las historias que nos rodean a menudo en nuestra vida real. Todas ellas con un potente mensaje feminista.

Una mujer bajo influencia, un mensaje feminista contra el estigma de la enfermedad mental en la mujer

Dirigida por John Cassavetes, uno de los directores de cine independiente norteamericano más aclamados, la película narra la difícil situación familiar que se está viviendo a causa de la madre, Mabel; interpretada de forma majestuosa por Gena Rowlands. Por este papel ganó el Globo de Oro a la mejor actriz y estuvo nominada al Óscar.

En la película vemos como Mabel tiene algunas expresiones muy peculiares, algunos tics algo impertinentes pero no una conducta que resulte violenta o amenazante. Su marido, Nick, es un obrero interpretado por Peter Falk (el célebre actor de Columbo); que la observa como si continuamente algo estuviera mal en ella.

En un ambiente de testosterona disparada, Mabel hace la comida, se preocupa de que los invitados y compañeros del trabajo de Nick estén a gusto y quiere que todo esté bien, que haya lugar para la diversión. Es verdad que su conducta es peculiar, quizás no controla los límites de la cordialidad o amabilidad pero se esfuerza para que todo el mundo esté bien.

Mabel y Nick

Nick, sin embargo, no para de etiquetar su comportamiento, le grita y no valora nada de lo que hace. La humilla delante de todo el mundo y no respeta su espacio, su manera de expresarse ante el mundo.

Sin contar ningún spoiler, solo puedo decir que en el transcurso de la película vemos que quizás las personas que la rodean no están acostumbradas a una personalidad peculiar, llena de sensibilidad y de cariño hacia su familia. Sus reacciones son cada vez más extremas porque el comportamiento de su marido es incongruente y asfixiante.

Nick no sabe tratar a su esposa, se contradice en lo que le dice, en cómo la mira y, finalmente, en cómo la trata. En esos niveles de comunicación, Mabel está atrapada. Quien le dice que más le ama es quien más la estigmatiza ante el mundo. Quizás él y otros piensen que una mujer de excesiva expresividad solo puede estar gravemente perturbada.

Es ahí cuando se lanza el potente mensaje feminista: los niños, que todavía no han interiorizado los prejuicios de los adultos, adoran la forma de ser de su madre, su peculiaridad y su intensa expresión de afecto. Quizás la influencia bajo la que estaba Mabel era la de la ignorancia y el machismo, no la de un trastorno psiquiátrico.

Alanis, un mensaje feminista de autosuficiencia

Alanis (Sofía Gala Castiglione) es una prostituta argentina madre de un niño que ejerce en un piso junto a otra compañera, Gisela. Un día la policía va al apartamento a acusar a Gisela de trata y Alanis es expulsada, viéndose obligada a buscar un sitio para dormir con su hijo.

Se va buscando la vida como puede, incluso yendo a la casa de sus clientes con su hijo. La situación de Alanis es desesperada pero ella no hace aprecio de ella. Con un estoicismo y entereza increíbles, Alanis no tiene tiempo para lamentarse. Una vez más, Alanis tiene que sobrevivir.

No hace caso a los mensajes que la victimizan, a los que la insultan o a los que dejan entrever que es una mala madre. Nadie le ha dado nada, pero tampoco quiere que le reconozcan por esto. Simplemente quiere sentir que lleva las riendas de su propia vida y que puede dar un techo donde vivir a su hijo.

No da tiempo mientras vemos la película a juzgarla. No da lugar. Alanis no deja espacio para ello, porque tampoco muestra el mínimo interés en dar un rumbo distinto a su vida. En realidad no sabe lo que quiere pero, en lugar de compadecerla, poco a poco nos va dejando sin palabras.

Solo piensa en el presente y en que este sea lo más soportable posible, sin tener que rendir cuentas a nadie. Ese es su mensaje feminista. Controvertido y directo, porque no da lugar a que nadie la victimice o la estigmatice. Hace su vida y le da exactamente igual que algunos puedan llegar a mirarla como escoria. Ella está segura de lo que es y no juega a nada con ello: ni a darte la razón ni a quitártela.

Paulina, un mensaje feminista sobre el criterio propio

Paulina (Dolores Fonzi) es una mujer que lo tiene todo. De una buena familia de Buenos Aires, con un futuro profesional por delante que se presenta sin muchas complicaciones, de exquisita formación y con un novio y padre que la quieren y la respetan.

Ella tiene unas inquietudes que no son de esperar siendo hija de un acaudalado abogado y rodeada de un ambiente burgués. Paulina sueña con hacer algo en su profesión que se vea reflejado verdaderamente en la práctica, algo que logre mejorar la vida de las personas y lo quiere hacer estando en primera línea de combate.

Es por ello que decide enseñar en un colegio de una región de Argentina azotada por la pobreza, la violencia y el desempleo. Sabe y siente que es allí donde más necesitan de alguien que los tome en cuenta y que se preocupe por enseñarles y por hacerles saber cuáles son sus derechos por el mero hecho de ser personas. Todos piensan que será algo temporal, pero ella va dispuesta a todo y sin una fecha límite en su cabeza.

Al llegar al lugar ella se siente emocionada y desafiada por un ambiente que desconoce pero que respeta. Una noche, tras echar unas copas en casa de una nueva amiga de la zona, Paulina coge la moto de ella y se dirige a su casa. En el camino, unos cuantos hombres la asaltan y violan.

A partir de aquí, muy posiblemente cualquier espectadora se puede llegar a sentir incómoda y no logre empatizar con las decisiones de la protagonista. Ella está convencida de que cuando se trata de pobres, no existe justicia, tan solo culpables.

Es por ello que será ella misma la que se encargue de conocer por qué le ha ocurrido eso y no duda en volver a su puesto de trabajo e investigar quiénes fueron los que lo hicieron. Al enterarse que está embarazada, Paulina tomará otra decisión inesperada que termina de crispar la paciencia de quienes la rodean.

Así es Paulina. Una mujer que toma sus propias decisiones sin pretender ser una heroína, simplemente siguiendo su criterio pese a todo. Ese es el mensaje feminista. Aunque se crea que todas la mujeres nos comportaremos de una misma forma ante un evento traumático, son miles las que hacen lo que su criterio les indica, sin pretender ser validadas por nadie.