3 personas ordinarias que hicieron cosas extraordinarias

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 29 octubre, 2018
Edith Sánchez · 30 octubre, 2018
En el mundo hay villanos, pero también muchos héroes anónimos que son la prueba viviente de que hay mucha gente buena en el mundo. Son personas ordinarias, que de pronto realizan acciones valientes y conmovedoras. Estos son tres de ellos.

El mundo está lleno de héroes anónimos. Desafortunadamente, muchas veces cobran más notoriedad los grandes criminales o los asesinos en serie. Terminamos pensando que en el mundo hay mucha maldad, cuando en realidad no es así. Son muchas más las personas ordinarias que hacen cosas extraordinarias y positivas.

A veces resultan más espectaculares y comerciales las historias de actos perversos y, por otro lado, también se quedan más fijadas en nuestra memoria. Es lamentable que esto sea así. En realidad es más fácil hacer daño que hacer el bien. No deberían pasar inadvertidas esas personas ordinarias que en un momento dado muestran que tienen un valor inmenso.

“Un héroe es todo aquel que hace todo lo que puede”.

-Romain Rolland-

Hay historias que nos demuestran que muchas personas ordinarias son capaces de dimensionarse y realizar verdaderas hazañas en ciertas situaciones. Quizás cada uno de nosotros lleva un héroe dentro, pero solo sale a la luz cuando confluyen ciertas circunstancias. Para la muestra, os dejamos tres historias conmovedoras.

1. Keenia Williams

La historia de Keenia Williams es conmovedora. Ella era una de esas personas ordinarias, que llevaba una vida normal y que no había tenido la oportunidad de demostrar lo extraordinaria que era. Al momento de su acto heroico tenía 22 años y era una madre soltera.

Keenia, simbolizando a las personas ordinarias

Un día iba en su coche, como todos los días. Llevaba a su pequeña hija a la escuela, por una carretera de California. De pronto, un poco más adelante, un camión volcó. Inmediatamente se incendió y el conductor logró salir y arrastrarse un poco, pero casi inmediatamente quedó inconsciente.

Al ver esto, Keenia no lo dudó. Salió corriendo y tomó al conductor por el brazo. Como pudo, lo arrastró y lo llevó hasta su coche. Allí lo cubrió con una toalla y un abrigo. Luego los paramédicos dijeron que esa acción le había salvado la vida a aquel hombre. Keenia fue galardonada con el Premio al Buen Samaritano de San Francisco.

2. Angela Pierce, una de las personas ordinarias que hizo algo extraordinario

Angela Pierce es otra de esas personas ordinarias que protagonizaron un acto heroico. Sucedió en 2010, en una carretera de Ohio, Estados Unidos. Un coche iba con exceso de velocidad. El patrullero Jonathan Seiter lo detuvo, un hombre llamado Otto Coleman era quien conducía el vehículo.

imagen policial simbolizando el poder de las personas ordinarias

Apenas salió del coche, Coleman atacó furiosamente al oficial de policía. Este no lo esperaba y se vio reducido en pocos segundos. Solo atinó a pedir auxilio. Cerca de allí estaba Angela Pierce, que logró presenciar lo que sucedía. Ella notó que Coleman intentaba quitarle el arma al policía.

Angela no lo pensó mucho. Detuvo su coche, tomó una herramienta y corrió hacia donde ocurrían los hechos. Golpeó a Coleman en la cabeza y esto le permitió al oficial de policía retomar el control. Así logró reducir al violento conductor. Más adelante el patrullero Jonathan Seiter tuvo la oportunidad de conocer a Angela y agradecerle su valentía.

3. Jon Meis

Jon Meis era un estudiante de la Universidad Seattle Pacific. Para todos era una persona normal, sin nada que lo hiciera extraordinario. Estaban muy equivocados: en cualquier momento, personas ordinarias realizan hazañas extraordinarias y este fue el caso.

Un día entró a la universidad un hombre llamado Aaron Ybarra. Tenía 26 años y nadie lo conocía. Sin mediar palabra, de pronto sacó un arma y comenzó a disparar a los estudiantes. Todos corrían sin control, mientras que al mismo tiempo varios caían al piso. Jon Meis se ocultó, pero lo hizo en un punto en donde pudiera observar a Ybarra.

Cuando el francotirador acabó la carga de su arma, se dispuso recargar la munición. Jon Meis aprovechó ese pequeño lapso para saltar encima de él. Le roció la cara con gas pimienta y luego lo tiró al suelo. Al ver esto, otros se animaron a ayudarle y así detuvieron al homicida. Meis entró en shock y fue llevado al hospital. Lo que convierte a alguien en héroe no es el hecho de que no sienta miedo, sino que logra vencerlo.

Jon Meis fue visto como un héroe por estas acciones. El día de la graduación sus compañeros se pusieron de pie y lo aclamaron. La universidad estableció una beca de ingeniería en su honor. Tanto él como Angela Pierce y Keenia Williams son la prueba viviente de que en el mundo también hay muchos ángeles velando por el bien de todos.

  • Torregrosa, A., & Vignoli, M. F. (2012). Héroes anónimos, o lo extraordinario de lo cotidiano. Historias de vida en educación: Sujeto, diálogo, experiencia, 49.