5 hábitos que arruinan tu día - La Mente es Maravillosa

5 hábitos que arruinan tu día

Cristina Roda Rivera 6 diciembre, 2015 en Psicología 0 compartidos
Mujer colgando de un reloj que lleva un pájaro

Si la vida está compuesta de días, sacarles el máximo partido y encontrar un momento de disfrute en cada uno de ellos es una buena idea para conseguir que ésta mejore.

Los hábitos no solo son conductas referidas a lo que haces, los hábitos también se refieren a tus comportamientos cognitivos, a esas rutas mentales que activas y sigues una y otra vez un día tras otro. Es tan importante detectar las rutinas comportamentales que están limitando tu día, como ser consciente de los hábitos cognitivos que también lo condicionan.

Hay una infinidad de hábitos y rutinas tóxicas en las personas, desde la perspectiva conductual gracias al control de estímulos u organización de tareas previas se ha intentado minimizarlos. Por tanto, vamos a hacer una labor de abstracción para saber cuales son comúnmente los cinco hábitos que arruinan tu día e intentar modificarlos.

Procastinar todo lo que tienes que hacer

Está bien que te levantes a tu hora para llegar con tiempo al trabajo o para seguir con tu rutina de estudio, pero si crees que con fijar la hora y levantarte ya vas a tener un buen comienzo de día puedes estar equivocado.

La frase de “Lo hago cuando me levante” es la principal causante de estrés matutino, atascos en hora punta y dispersión a la hora de comenzar con lo que tienes que hacer. La primera hora de la mañana es un momento pesado, con falta de reflejos y capacidad de improvisación, así que intenta “echarle una mano”.

La mejor manera de organizar lo que pasa en tu mañana es coger un “tiempo muerto” que tienes en la noche anterior. Ya sabemos que se llega agotado a veces al final de la jornada, pero aprovecha ese agotamiento y esa falta de ganas para hacer algo que no requiera mucho esfuerzo y que al día siguiente te haga ganar tiempo o tranquilidad.

Reloj enterrado en la arena

Haz un repaso de lo que llevarás al trabajo y organiza tu bolso o maletín. Si te preparas la cena, una vez que estás en la cocina aprovecha para preparar el aperitivo que te llevarás al día siguiente. Dedica un tiempo placentero a la ducha y al aseo, y prepara tu ropa en un sitio visible, de tal forma que al levantarte sea lo primero que visualices: tu cerebro procesará calma y organización, y tú inconscientemente te sentirás menos disperso y estresado.

Pensar constantemente en lo que tienes que hacer

No hay peor forma de hacer algo mal que estar desconcentrado. Si te justificas por estar desconcentrado y crees que tienes derecho a atender menos en ese momento, estás provocando que esa tarea se vaya a hacer mal y muy posiblemente la tengas que retomar cogiendo tiempo que ya tendría que emplearse para otras cosas. Sé honesto y autoregula tus emociones, no puedes estar preso de ellas para todo.

Haz uso de la voluntad y de la fortaleza mental para aumentar tu concentración. Ganarás mucho tiempo y tranquilidad.
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La mayor parte de los pensamientos que nos distraen no tienen necesidad de ser atendidos de inmediato. Así que déjalos estar, y establece un tiempo determinado del día o de la semana en el que no estás haciendo nada incompatible para repasarlos o solucionarlos si así lo requieren.

Rodearte de estímulos distractores

No se trata de que tires tu teléfono móvil por la ventana o que precintes tu ordenador. Debes intentar ejercer un control de estímulos para que estos no interfieran en tu rutina diaria.

Si trabajas con el ordenador y abres una página de noticias y una red social, el tiempo que pierdes en ello no se limita solo al tiempo que le dedicas, si no al rastro cognitivo que deja en tu mente: normalmente pasarás algunos minutos en pensar acerca de lo que acabas de ver. Por tanto, si trabajas con el ordenador abre la aplicación que directamente se relaciona con lo que tienes que hacer.

Hombre con móvil en la mano

Si crees que a veces no tienes voluntad para ello, existen programas para desactivar ciertas páginas durante algunas horas. Si tienes que atender una llamada urgente, hazlo de tal manera que trates la cuestión principal tajantemente.

Una cosa es que tu pareja te consulte que día prefieres para comprar el billete de avión, y otra que se prolongue en una conversación para consultar el tiempo que hará, como ahorrar o las rutas románticas que haréis.

No destinar un pequeño momento del día a la desconexión o descanso

Si el tiempo que tienes para comer lo utilizas para enviar emails, hablar con tu jefe o consultar ofertas de trabajo a la misma vez que estás masticando y bebiendo, no permites a tu mente que desconecte ni un solo segundo. Se puede considerar más como “una pausa para prolongar el estrés”.

El momento de la comida debe ser placentero, y si le dedicas el tiempo que te sobra a un pequeño reposo o incluso a una siesta exprés, no pienses que estás perdiendo tiempo, lo estás ganando. Una buena pausa para desconectar es la mejor opción para tu tranquilidad y para la productividad de tu trabajo.

No autorreforzarte

Corazón regalando un ramo de flores a un cerebro

Perder el tiempo no es muy conveniente, pero autocastigarte continuamente por creer que podrías estar aprovechándolo más es  negativo.

Si realizas todo lo anterior, poco a poco tus días serán más productivos y satisfactorios, así que eso tiene que servir como automotivación e impulso para seguir mejorando, no para condenarte y sabotearte psicológicamente porque crees que no has llegado a tu nivel máximo de rendimiento.

Tan negativo es dejarte llevar por la pereza como juzgarte continuamente por creer que no estás haciéndolo bien
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Los malos hábitos se cambian lentamentente hasta que se automatizan, y una forma de impedir que esto se produzca es lamentarte por todo el tiempo que has perdido en el pasado y lo que te queda aún por llegar a rendir de una forma más hábil y serena.

Cristina Roda Rivera

Psicóloga,Especialista Máster en Psicología clínica y social.

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