Ansiedad y problemas de concentración ¿cómo se relacionan?

31 Agosto, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
¿Te cuesta concentrarte últimamente? ¿Cada vez te resulta más difícil focalizar la atención en lo que tienes que hacer? Esto puede indicar que estás sufriendo una elevada ansiedad. Te lo explicamos.
 

De pronto, los pequeños problemas del día a día se nos hacen una montaña. La memoria falla, olvidamos esa cita pendiente, el número de la tarjeta de crédito y hasta eso que habíamos puesto hace un rato en el horno. Por costar, cuesta hasta ser tan productivo como antes en el trabajo… ¿A qué se debe? ¿por qué están tan relacionados ansiedad y problemas de concentración?

A menudo, descuidamos (o desconocemos) el impacto que tiene este estado psicológico sobre el cerebro, sobre todo, cuando lo mantenemos en el tiempo sin afrontarlo, sin gestionarlo. Así, aunque es cierto que las pérdidas de memoria y los problemas para concentrarnos pueden tener diversos orígenes, por término medio, dimensiones como el estrés, la ansiedad o la depresión suelen ser los detonantes más clásicos.

No obstante, hay una curiosidad que debemos conocer. La ansiedad, por sí misma, tiene una valiosa facultad y no es otra que la de amplificar nuestra capacidad de atención. Lo hace para que seamos capaces de detectar riesgos, de percibir amenazas y actuar contra ellas. Aunque eso sí… Esta habilidad solo resulta efectiva si la ansiedad es puntual, si surge en un momento dado y acotado en el tiempo.

En caso de que este estado sea constante y lo arrastremos durante semanas, meses o años (en el caso del trastorno de ansiedad generalizada) es cuando se manifiestan ese tipo de problemas cognitivos. Lo analizamos a continuación.

Hombre con gafas que sufre ansiedad y problemas de concentración
 

Ansiedad y problemas de concentración: síntomas, causas y estrategias de afrontamiento

Cuando alguien padece ansiedad lo más común es que se fije en los síntomas físicos. Son más evidentes, más molestos y suelen ser motivo común para acudir al médico: cefaleas constantes, alteraciones digestivas, mal descanso nocturno, dolores musculares… Por lo general, se busca antes remedio a esos malestares fisiológicos que a la auténtica raíz del problema.

Así, y en caso de no afrontar ese estado de ansiedad y sus desencadenantes, la sintomatología sigue aumentando. Casi sin darnos cuenta, el día a día se vuelve más duro y dificultoso. Cosas que resolvíamos en minutos, ahora cuestan mucho más. Los imprevistos, por ejemplo, se manejan con gran angustia… Todos los recursos psicológicos de los que antes disponíamos (motivación, creatividad, agilidad mental…) empiezan a fallar.

¿Cuál es el origen? ¿Qué podemos hacer en estas situaciones? Lo analizamos.

Ansiedad y problemas de concentración ¿cómo saber si lo sufro?

En nuestra sociedad es muy común decir aquello de «tengo mucha ansiedad últimamente». Lo decimos a la ligera, pero no todo el mundo da el paso a la hora de solicitar ayuda. Solo se hace cuando se llegan a estados más extremos, esos en los que la sintomatología psicológica ya es muy acusada. Estas serían algunas pistas:

  • Sensación de «llenura mental» es decir, tener muchas cosas en la cabeza a la vez que dan lugar a una especie de bruma que todo lo difumina.
 
  • Problemas para focalizarse en una sola cosa, para prestar atención a lo que se está haciendo, a lo que nos dicen, a lo que vemos.
  • La memoria ya no es tan ágil, se nos olvidan pequeñas cosas cotidianas… Por ejemplo, si estamos leyendo un libro nos costará recordar dónde nos hemos quedado.
  • Dificultad para tomar decisiones.
  • Falta de paciencia con las personas. Nos resulta complicado concentrarnos para saber qué responder, qué decir o cómo llegar a acuerdos.
  • Las cosas que antes nos gustaban ahora ya no las realizamos de igual modo. Cuesta concentrarse, focalizarse en el momento presente.
  • Sensación de irrealidad. Como si lo que estuviera ocurriendo no fuera con nosotros.

¿Cuál es la causa?

El departamento de psicología de la Universidad de Pittsburgh llevó a cabo una investigación en el 2017 sobre este mismo tema. Lo centraron en un tipo de paciente en concreto: las personas con trastorno de ansiedad generalizada. Es precisamente en estos casos en los que ansiedad y problemas de concentración son más evidentes.

Para entenderlo, los autores del estudio como la doctora Lauren Hallion, especifican lo siguiente:

  • Cuando la ansiedad se cronifica, quien toma el control es nuestra área emocional. Áreas como la amígdala reducen la actividad de las zonas prefrontales, relacionadas con las funciones ejecutivas (memoria, capacidad de atención, reflexión, resolución de problemas…)
  • A su vez, algo común en el trastorno de ansiedad generalizada es la preocupación crónica. Este estado mental eleva la angustia intensificando la activación de la llamada red del miedo (conformada por la corteza cingulada anterior dorsal y la amígdala).
 
  • De ese modo, es común que procesos como la capacidad de atención, la concentración y la reflexión se reduzcan.
Chica ante el ordenador que sufre ansiedad y problemas de concentración

¿Qué hacer si tengo ansiedad y me cuesta mantener la atención?

La persona que sufra un trastorno de ansiedad no verá limitada su vida solo por tener problemas de atención, memoria y concentración. Esta condición psicológica impacta a todos los niveles: mente, cuerpo, emociones, calidad de vida, relaciones… Es un estado que todo lo distorsiona y que nos hace perder el control de la realidad.

Sabemos que ansiedad y problemas de concentración están relacionados, por tanto para mejorar esta situación la clave pasa obligatoriamente por tratar el desencadenante original. Lo más adecuado es consultar con un profesional especializado. A menudo, el origen de este trastorno está en el estilo de vida, en la falta de estrategias de afrontamiento o incluso en los traumas no resueltos.

Cada persona es un mundo y cada mente necesita unas estrategias particulares. No obstante, por término medio, nos puede ser de ayuda las siguientes claves:

  • Detectar los pensamientos irracionales y poco funcionales, en especial, aquellos que alimentan el malestar.
 
  • Racionalizar las emociones y dejarles espacio sin bloquearlas. Se trata de comprender qué quieren decir, de entender su mensaje para manejarlo mucho mejor.
  • Practicar técnicas de relajación y respiración profunda.
  • Realizar algo de ejercicio en el día a día.
  • Establecer rutinas y dejar espacios para el ocio y el descanso mental.
  • Aceptar que no se puede tener el control de todo lo que nos rodea y empezar a asumir que la vida también está hecha de incertidumbres.

Para concluir, estas estrategias no nos darán resultado en un día ni en una semana. Necesitamos tiempo para reeducar el cerebro, para cambiar el patrón de pensamientos y la presión de las emociones. No obstante, el cambio y la mejora siempre es posible. Con compromiso y terapia psicológica los avances siempre llegan.

 
  • S Hallion, Lauren. Steinman,Shari (2017) Difficulty concentrating in generalized anxiety disorder: An evaluation of incremental utility and relationship to worry. Journal Anxiety Disorder doi: 10.1016/j.janxdis.2017.10.007.