Aprender a desarrollar conexiones emocionales desde la sensibilidad

Sonia Viéitez Carrazoni · 23 septiembre, 2013

Las conexiones emocionales son una realidad. Establecer una conexión emocional con otra persona nos permite, desde la sensibilidad, acompañar en la soledad y en el dolor, pero en momentos de enfermedad puede ser beneficiarnos hasta el punto de convertirse en terapia.

Nadie sabe cuál es la profundidad por donde se mueven nuestros pensamientos. Las personas inteligentes suelen percibir el lado más racional de las cosas y de los pensamientos, pero las personas son sensibles, no sólo perciben lo racional sino que pueden desarrollan un vínculo emocional con mayor facilidad.

“Hay personas con las que estableces una conexión especial, feeling, no sabría cómo definirlo, pero lo que sí sé, es que con ellas tienes la sensación de que las conoces desde siempre y en muy poco tiempo te sorprendes queriéndolas”.

-Armas de mujer-.

Un caso real donde la sensibilidad fue la clave del tratamiento

cita con el psicólogo

La sensibilidad puede ser muy importante a la hora de tratar con personas que están pasando por una situación bastante delicada. De hecho, esta puede marcar la diferencia entre el éxito que pueda tener la superación de esa situación o no.

Un profesional de la psicología tenía un paciente joven, de 13 años, que no pronunciaba palabra alguna desde hacía 15 meses. Su padre había muerto de una tras padecer una larga enfermedad cuando era niño, y su madre había fallecido en un accidente hacía apenas dos años. Sus abuelos paternos habían decido no mantener contacto con él por voluntad propia. Y su único abuelo materno no quiso acomodarlo en su vivienda.

Cuando el joven acudía a consulta, sólo transcurrían las horas observando las paredes sin emitir sonido alguno. Inquieto, nervioso, y preocupado, repetía este comportamiento sesión tras sesión. Su dolor y su angustia eran tan inmensos, que no lograba articular palabras y era incapaz de expresar ninguna emoción por insignificante que fuera.

Hay personas que cuando se encuentran ante una situación que no saben gestionar, que les ha causado un gran trauma, son incapaces de expresar las emociones que les invaden.

hombre deprimido

El profesional que lo atendía decidió apostar por su sanación de forma particular, acercándose a su lado en silencio, y acompañarle en su dolor. Cada final de sesión, el psicólogo le decía: “si te apetece, y quieres, vuelve la próxima semana. Sé que te duele”. La respuesta del joven siempre era la misma. NADA.

Un proceso largo, pero con resultados positivos

Fueron pasando los meses y el psicólogo comenzó a jugar al ajedrez con él. Fueron transcurriendo las estaciones, mientras el nerviosismo y la ansiedad iban disminuyendo, hasta que un día el terapeuta tardó en ejecutar su movimiento, y el joven lo miró diciendo: “le toca a usted”.

A partir de esa semana, comenzó a hablar progresivamente, luego se apuntó en un equipo de baloncesto, se relacionó con sus compañeros de instituto. En definitiva: salió de su aislamiento para vivir su vida.

Este profesional quizá nunca sabrá dónde reside el misterio del proceso de la curación. Pero aprendió a conectar emocionalmente con el joven desde su sensibilidad. Entendió que el tiempo hace posible cuestiones que parecen terriblemente insuperables. Aprendió a ser sensible más allá de las palabras, a estar presente con tan sólo una mirada, una caricia, una sonrisa, un gesto cálido.

mujer apoyando a su amiga

En definitiva: aprendió a escuchar a su corazón. Porque, en ocasiones, no le damos el valor que se merece a esa sensibilidad que nos puede conectar con los demás, empatizar con ellos, entenderlos y hacerles saber que estamos ahí, que pueden contar con nosotros para que cuando se encuentren preparados salgan del dolor en el que estaban sumergidos.

“Nunca despreciéis la sensibilidad de nadie. La sensibilidad de cada cual es su genio”.

-Charles Baudelaire-.

Ahora que has descubierto el gran poder que tiene la sensibilidad, ya sabes cómo aprender a desarrollar conexiones emocionales con los demás desde ahí. Los vínculos con las demás personas serán mucho más fuertes y las posibilidades de ayudar y de permitirle a otras personas superar sus peores momentos aumentarán.