Aquello que no nombramos deja de existir, pero tiene consecuencias

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Adriana Díez
· 18 diciembre, 2018
Reprimir emociones nos daña por dentro, no dejamos que exista para los demás aquello que no nombramos

¿A dónde van los miedos que no tienen nombre? ¿Dónde se ubican las emociones que hemos dejado pasar sin llegar a nombrar? ¿Cómo tratamos lo que nos hace daño si en vez de enfrentarnos a ello lo evitamos? ¿Qué lugar eligen aquellos sueños que no llegan a ser hechos? Todo aquello que no nombramos deja de existir.

Que deje de existir no significa que deje de hacer daño, tan solo deja de tener efecto para el mundo, pero no para nosotros. Sigue doliendo igual cuando no hablas de aquello que te molesta de los demás o lo que te enfurece por dentro. Sigue doliendo cuando golpean tu autoestima y te hacen pequeño, pero si no lo cuentas, deja de existir.

¿Cómo podemos definir nuestros miedos si no les damos nombre? Cuando los nombramos les damos forma y con ello posibilidades de enfrentamiento y superación, pero si no lo hacemos, los miedos empequeñecen. Podemos hablar de una niebla, con un gran valor para nosotros, pero sin nombre, sin identidad, sin posibilidades de hacerle frente, poderosa y que solo existe en nuestra cabeza.

«Manual de supervivencia:

Tragarse el orgullo no engorda.

Ir de duro no te hace más fuerte.

Las lágrimas salen, pero también llenan.

Perdonar engrandece.

Pedir perdón te hace inmenso.

Preguntar te hace sabio.

quedarte con la duda te vuelve imbécil.

Amar no es de débiles.

Odiar es para el corazón débil.

Quererte a ti mismo es necesario.

Ser tú mismo es esencial».

-Iván Izquierdo-

Mujer tapándose la cara por miedo

¿Cómo nos afecta aquello que no nombramos?

¿Sabías que un tercio de las personas que acuden al médico tienen síntomas sin ninguna explicación médica? El dolor no se encuentra en lo físico sino en lo psíquico, pero ¿qué ocurre? Que sigue doliendo igual. Se queda por dentro sin poder salir y se convierte en dolor, en daños en el cuerpo y daños en la piel. Todo aquello que no nombramos, no dejamos que salga, deja de existir para los demás. 

Cuanto más tiempo pasamos a solas con nuestro dolor, cuanto más grande se hace desde dentro y no dejamos que salga más posibilidades tenemos de enfermar. Cuando vemos, pero callamos, cuando oímos, pero no ayudamos o cuando duele, pero no curamos. Estas son formas, son maneras de hacer enfermar nuestro cuerpo y nuestra alma, son formas de hacernos daño, porque no damos nombre a lo que nos rodea.

El sufrimiento a solas, quema por dentro, por ello no hay mejor cura que poner nombre a lo que nos mata por dentro, poner nombre a nuestros miedos y a nuestros sueños, poner nombre a lo que creemos injusto, y al nombrarlo es cuando tenemos el poder de hacer algo con ello, de trabajarlo y enfrentarlo, de ser más fuertes que él porque ya tienen imagen y forma, ahora es cuando somos dueños de ello.

«Cuanto más tiempo se sufre en silencio, más enfermo se está».

-Paulo Roberto Gaefke-

Mujer liberándose de cadenas

¿Por qué no es bueno reprimir lo que llevamos dentro?

Lo que no nombramos no es posible que la gente lo entienda y por ello, no podemos ser ayudados. Es tan solo una mochila que cargamos, pero nadie ve y como consecuencia, no repartimos peso. Es una carga que almacenamos solos y solitarios, ya que solo nos atormenta y nos persigue a nosotros.

Las emociones juegan un importante papel en la vida humana, por lo que regularlas resulta esencial tanto para nuestra salud mental como para nuestra salud física. Según explican los científicos Philippe Goldin y James Gross, en un artículo aparecido en la revista Biological Psychiatry, las emociones tienen un correlato en nuestro patrón de actividad cerebral, sean expresadas o no. Por otro lado, también han establecido que la represión de las emociones activa la amígdala y la ínsula. Asimismo, reflexionar sobre las emociones ayuda a reducir el impacto negativo en el cerebro y en el psiquismo. 

Saber expresar y cómo expresar lo que sentimos y la situación en la que estamos, nos hace liberar al menos parte del dolor o el daño que pueden habernos hecho. Cuando identificamos las emociones que se derivan de una situación (miedo, alegría, ira…) estamos más cerca de enfrentarnos de manera inteligente a ella. Cuando hablamos, sanamos, cuando vaciamos por dentro, hacemos más pequeño el problema porque podemos compartirlo. Cuando nombramos, le damos entidad al problema, que de todas formas, tenemos que enfrentar.

  • Goldin PR, McRae K, Ramel W, Gross JJ. The Neural Bases of Emotion Regulation: Reappraisal and Suppression of Negative Emotion. Biological Psychiatry Vol. 63, Issue 6, Pages 577-586.