Boadicea, la reina rebelde

Este artículo fue redactado y avalado por el historiador Juan Fernández
8 marzo, 2019
Su nombre significa la Victoriosa, y ella lideraría la fuerza más grande que habrían de enfrentar los romanos en las islas británicas. Te presentamos la historia de Boadicea, una reina luchadora, valiente y con personalidad.

Año 61 después de Cristo, islas británicas, en algún punto de la actual Watling Street, la gran vía construida por el Imperio Romano para comunicar Gales con el resto de la isla. Boadicea, una mujer alta (para los estándares de la época), de largos cabellos carmesí y complexión fuerte ingiere rápidamente un veneno mortal, tal vez secundada por sus hijas. Así nos narra Tácito el punto final de una de las grandes tragedias antiguas.

Esta mujer no es otra que la legendaria reina guerrera de los celtas icenos Boadicea, Boudica en su lengua natal. Recordada por unir bajo un mismo mando a las tribus rebeldes britanas contra la invasión romana, a la manera que lo lograse en la Galia Vercingétorix, se ganó el derecho a entrar en la nómina de los grandes rivales de Roma, junto a Viriato, Aníbal, Arminio, Espartaco o el ya citado caudillo galo. Su leyenda se confunde a menudo con los relatos que nos legaron sus enemigos.

Roma, un Imperio en expansión

Tras la famosa conquista de las Galias llevada a cabo por Julio César, la República Romana buscaba nuevas tierras y conquistas en las que emplear a sus legionarios y colmar las ambiciones de sus generales. Ya el legendario general planeó la invasión de las islas británicas, probablemente interesado en dominar la tierra de la cual provenían los grandes druidas celtas. Sin embargo el pistoletazo de salida a la inevitable conquista llegó ya de mano del emperador Calígula.

Shakespeare nos dejó su obra Cimbelino, ambientada en estos primeros combates. Más adelante el también emperador Claudio continuaría las campañas. En estos tiempos algunas tribus se unirán a la protección de Roma, mientras algunos caudillos como Caradawc llevarán a cabo revueltas más o menos victoriosas. En estos tiempos los conquistadores fundarán Lodinium, actual Londres, a orillas del Támesis.

La guerrilla en los bosques consigue continuas pero poco relevantes victorias: la suerte parece estar echada.

Escultura de Boadicea

Boadicea, reina viuda

Uno de los reyes que se alía con los latinos será Prasugatos, de los iceni. A cambio de la protección y apoyo del emperador Nerón, este monarca prometerá dejar en herencia su título y tierras tras la muerte de sus hijas. No sabemos cómo llegó el fin de sus días, pero fue el desencadenante del conflicto. El Derecho Romano no reconocía la herencia femenina, por lo que para ellos no quedaban herederos legítimos del rey.

Quizá lo más probable hubiese sido que el Imperio llevase a cabo sin dificultad su abuso, pero quiso la historia que la esposa de Prasugatos no se doblegase. En este momento nos llegan las primeras noticias de Boadicea, que como viuda reclama sus derechos según la tradición de su pueblo. La resistencia de la reina es respondida por los generales con azotes, abusos para sus hijas y muerte para sus lugartenientes. Mientras tanto los supuestos aliados romanos arrebatan tierras y atacan a las tradiciones locales.

La mecha de la rebelión está encendida, Boudica no rehuirá el conflicto: claudicar no es una opción.

Boadicea se ganó el derecho a entrar en la nómina de los grandes rivales de Roma, junto a Viriato, Aníbal, Arminio, Espartaco o Vercingétorix

La rebelión boudicana

Su nombre, o tal vez el apodo que se gana en estos días, significa la Victoriosa, y montada en su carro de guerra guiará a su pueblo, azuzada por las humillaciones sufridas. Logrando que varias tribus, y otros muchos guerreros, se unan a ella, liderará la fuerza más grande que habrán de enfrentar los romanos en las islas. Seguramente su suelta cabellera flamígera y sus pinturas de guerra, montada en su carro como en la estatua que hoy día se levanta en Londres en su memoria, generarían una imagen terrorífica en sus enemigos.

Con sus tropas invadirá y saqueará Londinium y otras ciudades del sur de la isla, muy romanizadas en estos momentos. Los historiadores romanos aseguran que no daba margen a ninguna piedad, seguramente igual que los soldados mediterráneos. Derrotará sin paliativos a la poderosa Legión Hispana, en un hito difícil de imitar.

Sus victorias acrecientan el número de sus seguidores. Pero tras casi un año de guerrilla, el general romano Suetonio logra reaccionar.

Escultura de Boadicea

El trágico final

En un estrecho valle pedregoso, y con una gran desigualdad de fuerzas, cinco a uno para los britanos, y de equipamiento y disciplina, mucho mayor la romana, se dará la gran batalla final. La incapacidad para romper la formación romana termina con las esperanzas de los celtas, que no tardan en huir en desbandada. Fue una derrota sin paliativos, con unas cien bajas rebeldes por cada una de Roma y sus aliados.

Ante el inevitable final, Boadicea prefiere la muerte al cautiverio una vez más, consciente de lo que ocurriría si la apresan con vida. Suetonio no podrá exhibir a la reina derrotada, pero Britania nunca volverá a tener un caudillo como ella. Una vida de traiciones, humillaciones y venganza llega a su fin.

Junto a Boadicea seguramente lucharon muchas mujeres guerreras, y a pesar de que nunca formaron el grueso de los ejércitos celtas, combatieron también por su vida, tierras y libertad.

  • Manuel Velasco (2005) Breve historia de los celtas
  • Tácito (cf. 115-117) Anales
  • Vanesa Collingridge (2006) Boudica: The Life and Legends of Britain’s Warrior Queen