Bulbo raquídeo: estructura y funciones

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga María Alejandra Castro Arbeláez
· 10 abril, 2019
El bulbo raquídeo es tan importante para nuestro organismo que conecta nuestro encéfalo con la médula espinal.

El bulbo raquídeo o médula oblongada es una estructura subcortical que se encuentra situada en la parte baja del tronco encefálico. En él se pueden encontrar conexiones nerviosas que llevan a cabo funciones sensoriales y motoras. Ahora bien, ¿de qué se encarga exactamente? ¿cuáles es su importancia?

A través de este artículo resolveremos estas preguntas y explicaremos algunos datos curiosos sobre esta estructura de nuestro cerebro tan importante para nuestra supervivencia.

Bulbo raquídeo

Estructura del bulbo raquídeo

El bulbo raquídeo es la estructura más caudal del tronco del encéfalo. Su forma es parecida a la de un cono y conecta el encéfalo con la médula espinal. Ahora bien, tanto a nivel de composición como de función no es homogéneo. Además, está formado por diferentes núcleos, en los que existente estructuras muy relevantes como las siguientes:

  • Pirámides bulbares. Se encuentran en el suelo del bulbo y en ellas destacan los haces de fibras nerviosas que conectan el bulbo con la corteza y la espina dorsal. Es aquí donde se da la decusación piramidal -especialmente las vías motoras-, es decir, se produce un cruce de las fibras nerviosas de un lado a otro. Esto explica por qué la corteza cerebral se encarga del control de los movimientos del lado opuesto del cuerpo.
  • Pedúnculos cerebelosos inferiores. Se ubican en la zona posterolateral. Conectan el cerebelo con la parte superior del bulbo raquídeo. Por ellos pasan fibras nerviosas.
  • Lemniscos. Se trata de haces de fibras nerviosas que transmiten la información entre el encéfalo y la médula espinal. Los haces de fibras lemniscales también se decusan, pero transportando información sensorial.
    • Lemnisco Medial: se trata de una estructura alargada, fina y altamente mielinizada, que se encuentra a cada lado de la línea media del bulbo raquídeo. Transporta información originada en los núcleos grácil y cuneiforme. Se sitúa detrás de las fibras cerebroespinales y entre las olivas.
    • Fascículo longitudinal medial: se trata de una región que se ubica al lado de cada lemnisco medial. Cuenta con numerosas fibras ascendentes y descendentes. Su función es vital para los cambios de posición de la cabeza y para la coordinación de movimientos oculares.
  • Complejo olivar. Se sitúa en el tronco del encéfalo, una parte en la protuberancia y otra en el bulbo raquídeo. Se trata de un conjunto de núcleos de forma ovalada, parecida a una oliva. Regulan movimientos musculares voluntarios.

Núcleos del bulbo raquídeo

Los núcleos consisten en masas de neuronas claramente diferenciadas. Veamos algunos de ellos:

  • Núcleo del trigémino. Se encarga de transmitir la información relativa al dolor, la temperatura y el tacto.
  • Núcleo dorsal del vago. Pasa por el nervio vago, de ahí su nombre. Se trata de redes neuronales que controlan el sistema nervioso entérico.
  • Núcleo ambiguo. Pertenecen e inician en este núcleo los nervios: vago, accesorio y glosofaríngeo, que se encargan de los músculos de la faringe y la laringe.
  • Núcleo del tracto solitario. Se encarga del control de la sensibilidad visceral. Además, participa en la percepción gustativa.

Funciones del bulbo raquídeo

El bulbo raquídeo se ve involucrado en diversas funciones, las cuales son vitales para el organismo. De hecho, la destrucción de esta estructura o el cese de su funcionamiento deriva en la muerte. Veamos:

Control de funciones autónomas

El bulbo raquídeo se encarga del control de las funciones involuntarias de las vísceras y el mantenimiento de la homeóstasis. Por ejemplo:

  • Sistema cardiovascular. Se encarga de mantener la tensión arterial y además de regular el ritmo cardíaco y mantener la vasoconstricción.
  • Respiración. El bulbo raquídeo se encarga de regularla, es decir, gestiona la función respiratoria.
  • Digestión. Gestiona los músculos involuntarios que se involucran en este proceso. También regula la secreción de los jugos digestivos y participa en procesos de deglución.

Además, el bulbo raquídeo gestiona otras acciones involuntarias:

  • Tos.
  • Vómito.
  • Estornudo.

Mujer estornudo

Control sensorial

El bulbo raquídeo también se encarga de la transferencia de información sensorial, entre el sistema periférico y el sistema nervioso central. Para ello, conecta los dos sistemas y envía información al tálamo que posteriormente es comunicada el resto del cerebro.

Problemas asociados al bulbo raquídeo

En el bulbo se encuentran algunos pares craneales (IX, X, XI, XII), su daño provoca problemas en las regiones y funciones que controlan:

  • Glosofaríngeo o par craneal IX. Recoge la información gustativa y la información sensitiva de la faringe. Facilita la deglución al coordinar diversos músculos del cuello. Además, transmite señales a la glándula salival.
  • Nervio vago o par craneal X. También se le conoce como neumogástrico. Inerva la faringe, el esófago, la tráquea, los bronquios, el corazón, el estómago y el hígado. Es decir, Regula nuestro sistema autónomo.
  • Nervio accesorio o par craneal XI. También es conocido como espinal. Se encarga del movimiento cefalogiro. Por lo tanto, interviene en movimientos de la cabeza, cuello y hombros.
  • Nervio hipogloso o par craneal XII. Interviene en los músculos de la lengua y en la acción de tragar.

Si uno de ellos falla, se podrían experimentar problemas para tragar e incluso para moverse. Así, cuando no funciona de manera adecuada esta estructura de nuestro organismo se podrían experimentar:

  • Dificultad o parálisis de movimiento.
  • Problemas respiratorios y cardíacos.
  • Vértigo.
  • Dificultad para tragar.
  • Pérdida de la conciencia
  • Debilidad.
  • Aletargamiento.
  • Problemas visuales y auditivos.

Como vemos, el bulbo raquídeo es tan importante que sin él nos estaríamos jugando nuestra supervivencia. Aunque mida aproximadamente 3 centímetros de largo y dos de ancho, no podemos subestimarlo.

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