Cerebros extraordinarios: autismo y Einstein

Joana Pérez · 26 agosto, 2017

El cerebro humano es un órgano tan complejo como misterioso. La neurociencia avanza y cada día nos desvela más datos sobre el funcionamiento del cerebro. Aun así, queda aún mucho por descubrir. El cerebro no deja de sorprendernos día a día.

Por ejemplo, algunas personas autistas tienen alguna capacidad fuera de lo común. Por ejemplo, algunas pueden llegar a dibujar mejor que los pintores renacentistas y otras pueden llegar a tocar instrumentos sin haber tenido formación alguna. Sus cerebros tienen una estructura y forma de funcionar diferente. Antes veamos una visión general de nuestro cerebro.

La evolución

El cerebro triúnico de Paul MacLean ha sido un modelo muy popular durante muchos años por agrupar varias regiones del enecéfalo en diferentes conjuntos que realizan tareas diferentes. Las estructuras diferenciadas serían: el cerebro reptiliano, el sistema límbico y el neocórtex. Así, nuestros cerebros han evolucionado -de manera paralela a cómo lo hemos hecho como especie- desde el complejo reptiliano hasta el neocórtex o “cerebro racional”.

Cerebro con luces rosas

Cerebro reptiliano

El cerebro reptiliano es la zona más baja del prosencéfalo. En esta zona se encuentran los ganglios basales y zonas del troncoencéfalo y cerebelo responsables de las funciones que son imprescindibles para nuestra superviviencia (respiración, latidos cardíacos…).

Esta estructura se encarga de hacer que aparezcan conductas simples e impulsivas, dependiendo de los estados fisiológicos del organismo: miedo, hambre, enfado, etc. Se podría decir que es la parte del sistema nervioso que guarda códigos programados genéticamente cuando se dan las condiciones necesarias.

Sistema límbico

Es el responsable de la aparición de las emociones asociadas a cada una de las experiencias que vivimos. Es la sede de las emociones. Sus estructuras más importantes son la amígdala y el hipocampo, que generan un sistema primitivo de memoria, junto al hipotálamo, que hizo posible la reacción a un espectro de estímulos más amplio.

Neocórtex

Es el hito evolutivo más reciente en el desarrollo de nuestro cerebro. Es la sede de nuestra racionalidad: hace posible que podamos pensar de manera abstracta, sistemática y lógica. Todo un logro para nuestra especie. Esta parte es la que hace posible que seamos tan diferentes unos de otros y que además podamos emitir respuestas diferentes ante la misma situación en momentos diferentes. También es el lugar de nuestra poderosa imaginación.

Una de las divisiones más conocidas del neocórtex es la de los lóbulos cerebrales.

Cerebro con los lóbulos cerebrales señalados

Lóbulos cerebrales

El cerebro humano se divide en dos partes más o menos simétricas, denominadas hemisferios. Cada hemisferio puede dividirse en cuatro lóbulos diferentes:

  • Lóbulo occipital. Reside la corteza visual y por lo tanto está implicada en nuestra capacidad para ver e interpretar lo que vemos.
  • Lóbulo parietal. Tiene un importante papel en el procesamiento de la información sensorial procedente de varias partes del cuerpo, el conocimientos de los números y sus relaciones y en la manipulación de objetos.
  • Lóbulo temporal. Las principales funciones tienen que ver con la memoria. El lóbulo temporal izquierdo está implicado en el recuerdo de palabras y nombres de objetos. En cambio, el lóbulo temporal derecho está implicado en nuestra memoria visual (caras, imágenes,…).
  • Lóbulo frontal. Se relaciona con el control de los impulsos, el juicio, lenguaje, memoria de trabajo, funciones motoras, comportamiento sexual y socialización. También asisten en la planificación, coordinación, control y ejecución de las conductas.

Cerebro y autismo

Las personas con autismo generalmente no son buenas relacionándose con los demás. Además, suelen sufrir inmadurez emocional, déficits lingüísticos y otras dificultades. Estos problemas pueden derivar del hecho de que algunas áreas de sus cerebros están dañadas y funcionen de forma anómala.

No obstante, en el caso de “autistas dibujantes”, existe una isla intacta de tejido cortical en el lóbulo parietal derecho (donde residen nuestras capacidades espaciales y artísticas). De tal forma, el mal funcionamiento de muchas áreas cerebrales hace que su lóbulo parietal derecho quede libre para acaparar la mayor parte de sus recursos atencionales. En cambio nosotros solo podríamos lograr tal hito tras años de preparación y esfuerzo.

Por todo ello, si el lóbulo parietal derecho resulta dañado tras, por ejemplo, un ictus o un tumor, la persona a menudo pierde la capacidad para hacer un boceto sencillo. A la inversa, si se produce una lesión en el lóbulo parietal izquierdo (relacionado con el cálculo numérico), suele mejorar la capacidad artística de la persona. ¿Por qué sucede esto? Una explicación podría ser porque el lóbulo parietal izquierdo deja de consumir recursos y se los transfiere al derecho. Aunque nuestros hemisferios trabajen conjuntamente, lo cierto es que también tienen una asombrosa capacidad para compensarse.

cerebro rodeado de manos representando el control mental

Pero… ¿y que tiene que ver todo esto con el cerebro de Einstein?

Parece ser que Albert Einstein tenía unas circunvoluciones angulares enormes en su cerebro (estas circonvoluciones se encuentran en los lóbulos parietales). Y es que, ser bueno en matemáticas no requiere solo ser bueno en cálculo, también se necesitan otras destrezas como la visualización espacial.

De esta manera, Einstein podía combinar destreza de cálculo (lóbulo parietal izquierdo) con su habilidad espacial (lóbulo parietal derecho) de una forma extraordinaria. Tan extraordinaria como los logros que consiguió la mente de la que hablamos.