Chocolate, el pequeño placer que seduce a nuestro cerebro

Chocolate, el pequeño placer que seduce a nuestro cerebro

Valeria Sabater 27 mayo, 2016 en Actualidad y psicología 0 compartidos
chocolate

Dice la leyenda que el árbol del cacao era el más bello del paraíso de los aztecas y que crecía de modo natural a la sombra de los bosques tropicales desde hace más de 4.000 años. El chocolate sigue siendo a día de hoy “el alimento de los dioses”, un placer oscuro, aterciopelado y estimulante que seduce todos nuestros sentidos.

Cabe decir eso sí, que el “chocolha” que consumía los mayas era algo más amargo, y que tal regalo para el paladar estaba solo al alcance de nobles y reyes. Era una ofrenda de la naturaleza: proporcionaba vigor, longevidad y salud. No obstante, parte de esos atributos se perdieron en el mismo instante en que, tras llegar a España, se adaptó el “chocolha” al paladar europeo añadiendo, cómo no, el azúcar.

El chocolate es un regalo que los dioses ofrecieron a las tierras del Amazonas y el Orinoco. Un placer cautivador que ha seducido a miles de generaciones y que nuestro cerebro adora experimentar por muy diferentes razones…
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El chocolate es un placer para nuestro cerebro, no hay duda, pero un dato que hemos de tener en cuenta es que en contra de lo que creíamos, no cura las penas. Según un estudio llevado a cabo en la Universidad de Minnesota, el exceso de azúcares limita bastante las virtudes del propio cacao, sin embargo, consigue otros muchos aspectos que pasamos a revelarte.

pasteles-chocolate

El chocolate, una fragancia cautivadora

El chocolate tiene para gran parte de la población, una atracción que va más allá de lo sensitivo para arraigarse en los cimientos más emocionales de nuestro cerebro. Tanto es así, que los expertos en neuromárketing recomiendan a los negocios hacer uso del aroma a chocolate en sus establecimientos.

  • Un equipo de psicólogos de la Universidad de Hasselt, en Bélgica, demostraron que algo tan sencillo como pulverizar cada media hora un suave olor a chocolate en una tienda de libros, aumentaba las ventas en un 20%.
  • Hemos de tener en cuenta que muchas tiendas suelen saturar a estímulos visuales y auditivos a sus clientes, hasta el punto de que este tipo de herramientas están dejando de funcionar. A día de hoy, el poder de las fragancia a chocolate es la que más efectivo.
  • Se ha demostrado también que muchas boutiques de lujo llevan años aromatizando sus espacios con velas de olor a chocolate. Gracias a ello, se crea una atmósfera tan seductora, sutil y embriagadora que los clientes pasan más tiempo en la tienda y las ventas mejoran de forma considerable.

chocolate a la taza

Hemos de tener en cuenta que el “cortejo” del el olfato es una herramienta infalible para atrapar los clientes. La razón de ello se inscribe en algo tan sencillo como fascinante: la vía olfativa y los canales neuronales que rigen nuestras emociones están conectados. El chocolate y su fragancia son uno de los detonantes con más poder en nuestro mundo emocional.

El chocolate, un seductor para nuestro cerebro emocional

El chocolate no cura depresiones ni nos va ayudar a tener una vida más longeva. Si de verdad deseamos disfrutar al máximo de los beneficios naturales del chocolate, de sus flavonoides, vitaminas o de esos compuestos naturales capaces de actuar como precursores de la serotonina, siempre será mejor optar por el chocolate negro, el más puro y sin azúcar. 

Ahora bien, si por algo nos cautiva el chocolate, además de por su exquisito sabor, es por encender un interruptor muy especial: el de nuestras emociones. Al cerebro le gusta rememorar los instantes agradables del pasado y curiosamente, muchos de esos momentos almacenados en nuestro arcón particular están relacionados con alguno de los siguientes aspectos:

  • Esa tarta de chocolate que nos preparaba nuestra abuela.
  • Ese bocadillo o ese bollo que nos comíamos al salir del colegio.
  • Un pastel de cumpleaños o puede que todos nuestros pasteles de aniversario.
  • Esa tarde de lluvia con nuestra pareja mientras nos preparábamos un chocolate caliente.
  • Esa tarde de verano en la playa sujetando un helado de chocolate que se derretían en nuestra boca.
  • Una caja de bombones, fresas y una noche especial…

galletas de chocolate

El chocolate es el invitado principal de los momentos más gratos, cómplices e íntimos de nuestra vida. Por ello, hasta los paladares más selectos se derriten no solo al recordar o imaginar los matices de su sabor. A su vez, parte de ese torrente de endorfinas con el que  nos gratifica el cerebro, se debe a una asociación entre dichos instantes felices y ese sabor que reconforta y seduce nuestros sentidos.

El chocolate, por sí mismo, no dispone de una composición nutricional adecuada para curar las penas. Es más bien un canalizador, un mediador infalible, sugestivo y poderoso de las emociones positivas y hasta de los deseos más profundos.

Imposible resistirse al “alimento de los dioses” a ese fruto que crecía desde tiempos inmemoriales, en el corazón sagrado de las tierras de Mayas y Aztecas.

pastel de chocolate

Valeria Sabater

Soy psicóloga y escritora. La curiosidad por el conocimiento humano es mi cerradura particular, la psicología mi llave, la escritura, mi pasión.

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