Cómo afecta la generosidad al cerebro

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 14 octubre, 2018
Eva Maria Rodríguez · 16 octubre, 2018
Un nuevo estudio sugiere que los diferentes tipos de generosidad tienen diferentes efectos en el cerebro, y que una forma en particular puede reducir el estrés y la ansiedad

Para el ser humano, practicar la generosidad en la mayoría de las ocasiones es placentero. De hecho, parece ser que la razón principal por la que las personas somos generosas con los demás es que nos hace sentir bien. La sensación producida por los actos de generosidad ha sido denominada por los expertos como efecto de brillo cálido. Esto describe la sensación placentera que recibimos al ayudar a los demás.

Investigaciones recientes han profundizado en cómo la generosidad afecta a diferentes aspectos de nuestro bienestar. Por ejemplo, un estudio de este tipo publicado en la revista Nature Communications demostró que la generosidad nos hace más felices y lo confirmó al resaltar las regiones del cerebro involucradas.

Pero, ¿importa a quién ayudamos? ¿Hay alguna diferencia entre ayudar a alguien cercano o a alguien que no conocemos? ¿Pueden las diferentes formas de generosidad mejorar nuestra salud?

Un nuevo estudio realizado por investigadores de la Universidad de Pittsburgh en Pennsylvania, ha calificado por primera vez las diferentes formas generosidad y ha investigado los efectos que estas diferentes formas de generosidad tienen en el cerebro. Los resultados se han publicado en la revista Psychosomatic Medicine: Journal of Biobehavioral Medicine.

Apoyo dirigido y no dirigido

Los investigadores distinguen entre dos forma de generosidad: apoyo ‘dirigido’ y apoyo ‘no dirigido’. Brindar apoyo dirigido implica ayudar a alguien directamente, como prestar dinero a un amigo o familiar. Brinda apoyo no dirigido significa ayudar a una causa social o general, como, por ejemplo, donar dinero a la beneficencia.

Mano que ayuda a otra

Según este estudio, proporcionar un apoyo social ‘dirigido’ a otras personas necesitadas activa regiones del cerebro involucradas en el cuidado de los padres. En contraste, proporcionar apoyo ‘no dirigido’ no tiene los mismos efectos neurobiológicos.

Esto puede ayudar a los investigadores a comprender los efectos positivos para la salud de los lazos sociales. Dicen los investigadores que los resultados del estudio resaltan los beneficios únicos de brindar apoyo específico y dilucidar las vías neuronales mediante las cuales brindar apoyo puede llevar a la salud.

La generosidad reduce la actividad de la amígdala

Los investigadores realizaron un par de experimentos para evaluar las respuestas del cerebro y proporcionar diferentes tipos de apoyo social.

En el primer estudio, 45 voluntarios realizaron una tarea de ‘dar apoyo’ en la que tuvieron la oportunidad de ganar recompensas para alguien cercano que necesitaba dinero (apoyo específico o apoyo dirigido), para caridad (apoyo no dirigido) o para ellos mismos. Tal y como esperaban los investigadores, los participantes se sentían más conectados socialmente y sentían que su apoyo era más efectivo cuando brindaban apoyo social específico (dirigido).

Después, los sujetos se sometieron a una tarea de identificación emocional que incluía una exploración funcional de resonancia magnética para evaluar la activación de áreas específicas del cerebro al brindar apoyo social. Proporcionar apoyo, independientemente de quién recibió el apoyo, se relacionó con una mayor activación del estriado ventral y el área septal, dos regiones previamente vinculadas a los comportamientos de cuidado de los padres en los animales.

Sin embargo, solo se asoció una activación más alta del área septal con una menor actividad en una estructura cerebral llamada amígdala, a veces vinculada a las respuestas de miedo y estrés. cuando las personas brindaron apoyo específico.

En el segundo estudio, 382 participantes proporcionaron información sobre su comportamiento para brindar apoyo (comportamiento prosocial) y se sometieron a una tarea de identificación emocional diferente con la exploración funcional de resonancia magnética. Una vez más, aquellos que informaron haber brindado apoyo más específico también mostraron una actividad más reducida en la amígdala.

En ambos estudios, brindar apoyo no dirigido (como donar a organizaciones benéficas) no estuvo relacionado con la actividad de la amígdala.

Amígdala

El apoyo dirigido tiene beneficios de salud únicos

Los resultados sugieren que ofrecer apoyo específico puede proporcionar un beneficio de salud único al reducir la ansiedad y el estrés. Según los autores del estudio, los seres humanos prosperan con las conexiones sociales y se benefician cuando actúan al servicio del bienestar de los demás.

Un estudio previo, los mismos investigadores encontraron que brindar apoyo social tiene efectos positivos en las áreas del cerebro involucradas en el estrés y las respuestas de recompensa. Ese estudio sugirió que brindar apoyo, no solo recibirlo, puede ser un contribuyente importante a los beneficios para la salud física y mental del apoyo social.

El nuevo estudio agrega evidencia adicional de que brindar apoyo dirigido puede ser únicamente beneficioso. Tanto el apoyo dirigido como el no dirigido están vinculados a una mayor actividad del área septal, apoyando la teoría del ‘brillo cálido’ que se experimenta al brindar apoyo: ayudamos a los demás, directa o indirectamente, simplemente porque nos hace sentir bien.

Nueva vía neuronal: la generosidad dirigida mejora la salud

Dicen los investigadores que el vínculo entre el aumento de la activación del área septal y la disminución de la actividad de la amígdala sugiere una vía neuronal. Mediante esta vía neuronal “la prestación de apoyo influye en última instancia en la salud, que es específica de las formas específicas de apoyo dirigido, como la donación a personas específicas que sabemos que están necesitadas”.

También señalan que su estudio no puede identificar la causa y el efecto de brindar apoyo para la activación de área septal o la amígdala. Además, dicen que proporcionar apoyo social dirigido no siempre conduce a una mejor salud. Por ejemplo, el cuidado prolongado de un familiar enfermo puede ser perjudicial para la salud.

El estudio se suma a la evidencia previa que respalda la idea de que brindar apoyo social a otros puede ser un factor ignorado con frecuencia en el conocido vínculo entre lazos sociales y la salud. “Dar un apoyo específico a una persona identificable con necesidades se asocia de manera única con una actividad reducida de la amígdala, contribuyendo así a comprender cómo y cuándo brindar apoyo puede llevar a la salud”, concluyen los investigadores.

  • Inagaki, T., y Ross, L. (2018). Neural Correlates of Giving Social Support. Psychosomatic Medicine, 1. doi: 10.1097/psy.0000000000000623
  • Park, S., Kahnt, T., Dogan, A., Strang, S., Fehr, E., y Tobler, P. (2017). A neural link between generosity and happiness. Nature Communications8, 15964. doi: 10.1038/ncomms15964