Cómo afrontar la maternidad y no morir en el intento

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 12 marzo, 2018
Ana Gorrochategui · 12 marzo, 2018

La maternidad es una experiencia única que nos hace crecer y disfrutar a partes iguales. Esto no quita para que también sea una noria de emociones; una etapa vital de felicidad, cansancio, cambios y expectativas que tendremos que aprender a controlar. Afrontar la maternidad puede convertirse así en algo desbordante en algo realmente satisfactorio o en una etapa en la que existan momentos de los dos tipos.

Aunque mientras esperamos al bebé intuimos los cambios que se avecinan y creemos estar preparándonos para ellos, lo cierto es que cuando se hacen realidad muchas personas se sienten desbordadas. La llegada de un bebé produce mucha alegría e ilusión, pero además de emociones positivas, un cambio tan grande arrasa con rutinas y prioridades. Nos deja “patas-arriba”.

Sentir que un cambio tan grande nos desestabiliza no implica que no estemos preparados, sino que es un proceso que, por su magnitud, nos pone a prueba. Como con todos los procesos de una trascendencia similar, necesitamos de un tiempo para adaptarnos a los cambios que se están produciendo.

Somos personas que añaden un rol importante a su vida y buscar el equilibrio puede parecer, sobre todo durante los primeros meses, algo imposible. Pero se puede. De hecho, necesitamos encontrar un equilibrio entre nuestros distintos roles para poder disfrutar de la maternidad con plenitud.

Mujer embarazada

Cómo afrontar la maternidad

No hay un modo único de afrontar la maternidad, de hecho podríamos decir que hay tantos como padres o madres. Pero sí que hay algunas cuestiones que deberíamos tener en cuenta, especialmente si no queremos que los momentos de ansiedad y desconcierto sean demasiado frecuentes o demasiado intensos.

No intentes encajar en criterios externos

La maternidad está llena de presiones y prejuicios. De estereotipos y de críticas que parecen establecer una raya estricta que separa lo que está bien y lo que está mal. Lo que te hace buena madre y lo que te hace mala madre. No caigas en semejante absurdo… y en todo caso, si alguien tiene que determinar qué está bien o mal es el pediatra.

No te centres en lo que debe ser la maternidad, sino en lo que es la maternidad para ti. Dale un sentido propio, personal, porque si tu maternidad se construye sobre criterios externos va a ser muy complicado que te sientas bien, que tengas la sensación de estar en sintonía con lo que haces. Porque la base de la maternidad es el amor, y el amor real es siempre natural. Por tanto, sigue tu criterio e intuición. Construye tu propia definición de madre y probablemente encontrarás a la mejor madre para tu hijo.

Corresponsabilidad

Mamá y papá son diferentes, pero igualmente capaces, necesarios y competentes. Si presuponemos que ambos miembros de la pareja quieren lo mejor para su pequeño o pequeña, ¿por qué habitualmente las madres no delegamos y/o confiamos plenamente en las capacidades de nuestras parejas?

En muchas ocasiones, las mujeres asumimos toda la responsabilidad inherente a la maternidad, no dejando que los padres se impliquen en la crianza y cuidado de los bebés con la misma intensidad. Esto es injusto. Pero luego nos quejamos. Otras veces no sentimos la implicación necesaria por parte de nuestra pareja.

Padre ejerciendo su paternidad

Sostener cualquiera de estas dos situaciones es un error. Basta de comodidad y de resignación. La responsabilidad del cuidado del bebé no es de una sola persona (si hablamos de familias biparentales), y es realmente importante que hagamos un reparto equitativo de esta gran responsabilidad en la práctica.

Sé asertiva

Tienes un bebé y todo el mundo parece tener no uno, sino veinte máster en maternidad. Te dicen, repiten e incluso insisten para que hagas esto de tal manera, o aquello de esa otra. No importa si le han visto cinco minutos o dos horas, porque todo el mundo sabe qué es lo mejor para tu bebé. Incluso se toman a libertad de corregirte o criticarte.

Pues bien, esto no va a dejar de suceder a menos que establezcas unos límites claros… así que conviene que lo hagas cuanto antes. El padre y la madre son las personas responsables del bienestar físico y emocional del bebé, así como de satisfacer sus necesidades. Encuentra la manera de expresar con claridad y educación aquellas cosas que te molestan y de transmitir que tu pareja y/o tú tomáis las decisiones. Protege tu maternidad desde el respeto, y no dejes que las faltas de respeto se camuflen entre consejos y opiniones.

Aparca la culpa

La culpa es una emoción que aflora fácilmente entre las madres primerizas. Culpa por no poder dar el pecho, culpa por llevarle a la guardería, culpa por llegar tarde, culpa porque se ha puesto enfermo, culpa por no disfrutar más, culpa por estar triste… un sinfín de culpa.

La culpa puede convertirse en un callejón sin salida. No es constructiva. Pocas veces desemboca en algo positivo. Por eso, cambia la culpa por responsabilidad y soluciones. Si consideras que te has equivocado, procura hacerlo mejor la próxima vez. Si no podías hacer nada para evitarlo, entonces no tienes responsabilidad y no tiene sentido que te sientas culpable. Y si te sientes triste, irritable o sientes que no disfrutas de la maternidad…. Para. Analízate. Busca ayuda si la necesitas y vuelve a empezar.

Madre sintiendo culpa por no dar el pecho a su bebé

Tiempo para ti

Ser buena madre no significa estar veinticuatro horas al día con el bebé. Muchas veces no nos permitimos separarnos del bebé porque no lo creemos necesario o porque sentimos que dejar el cuidado en manos de otra persona nos hace malos padres. Afrontar la maternidad con éxito dependerá también de no renunciar a nosotras mismas como personas únicas e independientes. No necesitamos renunciar ni a nuestra carrera profesional, ni a nuestras amistades, ni a nuestra pareja, ni a actividades de ocio. No. Lo que necesitamos es aprender a organizarnos y adaptarnos a los nuevos retos que tenemos que afrontar.

Cuando una es madre, no deja de ser persona. No podemos renunciar a nosotras mismas. No podemos dejar de cuidarnos. No podemos aparcar el resto de ámbitos de nuestra vida: necesitamos sentirnos bien con nosotras mismas para poder sentirnos bien como madres. Padres y madres felices crían hijos felices. Es un hecho. Así que no te abandones, porque aunque la maternidad es algo precioso e importante, hay vida más allá de tu rol de madre.

No te compares

Popularmente la maternidad se vende como algo maravilloso, una experiencia única e irrepetible. Y es verdad. Lo que no nos cuentan es que también es una época muy dura en la que todo cambia. Así, podemos sentir que la maternidad nos sobrepasa, que no era lo que esperábamos, que no vamos a poder con ella… Y sentirnos solas en esta espiral de emociones negativas mientras que creemos que las otras madres están guapas, felices y comen perdices.

A veces no es oro todo lo que reluce. Pero lo importante es que aunque lo fuera, no importa. Porque si tu eres tú y tus circunstancias, en la ecuación de la maternidad no hay sitio para las comparaciones. Afrontar la maternidad de manera saludable es sentirte protagonista de tu experiencia y dar lo mejor de ti olvidándote del resto. Lo que las otras madres hagan no te hace ni mejor ni peor madre. La maternidad no es un concurso.

Hay infinitas maneras de ser la mejor madre

Hay tantas maneras de afrontar la maternidad como madres en el mundo. Así, la mejor manera de afrontarla es hacerla tuya. Despojarte de presiones innecesarias y disfrutarla a tu manera.

Una nueva persona estrena el mundo y comienza a construir el suyo. Es importante que entendamos que las inseguridades, las dudas y los días malos forman parte de la maternidad, así como de la vida. También es importante que nos permitamos sentir y que aceptemos que no todas las emociones asociadas a una experiencia tan intensa como la maternidad tienen por qué ser positivas. De hecho, sería raro que lo fueran.

Madre besando a su hijo con apego

La maternidad es una joya en bruto que vamos puliendo día a día. No olvidemos que antes que madres, somos personas. Recordemos que somos el eje central de nuestras vidas, el pilar sobre el que nuestros hijos construyen las suyas. Afrontar la maternidad saludablemente a veces no es más que practicar la generosidad con nosotras mismas.