Creedme: la victimización secundaria en agresiones sexuales

14 octubre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Cristina Roda Rivera
A lo largo de ocho episodios, "Creedme" explora con mucho acierto el trauma de las víctimas de violación. La serie denuncia los métodos (o la carencia de ellos) de algunos agentes de policía, muy poco hábiles a la hora de tratar y obtener información valiosa de la víctima.

Creedme es la poderosa serie policial de Netflix sobre una joven que sufre una agresión sexual. Sus ocho episodios arrancan con fuerza desde el principio, poniendo en el centro de los acontecimientos a la víctima.

A través del relato de una superviviente de violación, podemos ser conscientes de la desgarradora realidad que se esconde a veces en el tratamiento de este tipo de delitos por el entorno y las autoridades policiales.

La protagonista, Marie, cuenta el asalto que sufrió en su casa por parte de un individuo enmascarado. Después de pasar una serie de exámenes y presentar una denuncia, su relato se ve cuestionado.

Acorralada por las preguntas de los investigadores, Marie declara haber mentido. Sin embargo, dos años después, -en Colorado, a unos miles de kilómetros del estado de Washington donde vive Marie- dos policías investigan a un violador en serie cuyos métodos coinciden con la historia de la adolescente.

Creedme: de la realidad a la ficción

Creedme es una adaptación de una historia real que parte de un artículo premiado con el premio Pulitzer, escrito por los periodistas Ken Armstrong y T. Christian Miller. Un artículo periodístico que narra las investigaciones de dos detectives de Colorado en el año 2011.

Publicado en diciembre de 2015, el artículo puede leerse como una ficción y cuenta la historia real de Marie, una niña de 18 años que en el 2009 declaró que había sido violada en su departamento en Seattle. Un individuo entró por la ventana y la amenazó con un cuchillo. Como nadie la creyó, decidió retractarse y fue acusada de hacer una denuncia falsa.

Varios meses después, dos investigadoras, Edna Hendershot y Stacy Galbraith descubrieron una serie de violaciones que seguían el mismo patrón de actuación por parte del agresor que el caso relatado por Marie. Una serie de crudas pruebas virtuales revelaron la verdad inequívoca de que Marie había sido una de las primeras víctimas del depredador sexual.

Los dos periodistas que narraron este caso tardaron meses en convencer a Marie para que contara su historia. Ambos sirvieron como consultores de la serie de Netflix y se les acredita en los créditos como productores. En cuanto a la joven, dejó Washington unos años después de los acontecimientos. Ahora está casada y es madre.

La propia Marie ha elogiado la representación de su caso en pantalla llevada a cabo por Netflix. Además, tanto para ella como para los espectadores, ver al culpable sentenciado a 327 años y medio ofrece una conclusión reconfortante a esta terrible historia.

Marie llorando

La historia de una violación que no fue creída

Desde los primeros minutos, nos encontramos inmersos en el cerebro y el cuerpo torturado de la protagonista. Recién agredida, Mary es interrogada en el mismo lugar donde ha tenido lugar su violación: en su casa, su supuesta zona de tranquilidad y seguridad. Un hombre enmascarado ha entrado por la ventada, la ha amordazado y violado tomando algunas fotografías de ella mientras sucedía la agresión.

Aún aturdida y confusa, la protagonista empieza a relatar lo sucedido ante la mirada de dos policías y una anterior madre de acogida. La vulnerabilidad que desprende su presencia choca con la mirada y frialdad emocional de las personas que la escuchan.

A lo largo de ocho episodios, Creedme explora con mucha psicología el trauma de las víctimas de violación. La serie denuncia notablemente los métodos (o la carencia de ellos) de algunos agentes para investigar y relacionarse con las víctimas. Cuando conocemos o escuchamos a una mujer que es víctima de violencia sexual es importante, entre otras cosas, ser conscientes del impacto que nuestras palabras tienen.

Si, además de cuestionar sus palabras, las ponemos en duda, el impacto psicológico en ella puede ser brutal e irreversible. No solo es una cuestión de metodología de actuación: estamos vulnerando sus derechos humanos.

Creedme: la victimización secundaria tras un delito sexual

Es importante no considerar la victimización secundaria y todos los síntomas que la acompañan como un diagnóstico. Hay que entender que es resultado de la respuesta inapropiada de un sistema (judicial, policial, mediático, médico, etc.) o ambiente (parientes, amigos y amigos, familia, cónyuge, etc.).

En Creedme forma de reaccionar del entorno o el sistema causa efectos negativos y dolorosos para la víctima. Algunas de las reacciones más nocivas y dolorosas para una víctima de violación son las siguientes:

  • No creerla.
  • Minimizar su dolor.
  • Asignarle la responsabilidad por lo que ha pasado.
  • Asociar su malestar con su estado de salud mental anterior.
  • Decirle que lo olvide y siga adelante.
  • Tomar decisiones por ella.
  • Hacerle recordar detalles de su historia.
  • Obligar a una persona a dormir sin tener en cuenta sus pesadillas o miedos.

Acciones que evitan la victimización secundaria

Sin embargo, se pueden tomar medidas para conseguir exactamente lo contrario, es decir, hacer que nuestra actitud, atención y palabras consigan mitigar el trauma de una persona tras la agresión sexual. Algunas de estas medidas para evitar la victimización secundaria son:

  • Mostrar que la creemos totalmente, aunque interiormente su relato quizás nos parezca incoherente o no entendamos del todo algunas reacciones. No todas las víctimas de una violación actúan de la misma forma.
  • Escuchar atentamente toda la historia y detalles que nos proporciona la víctima, sin incidir en lo doloroso.
  • Obtener de la primera declaración los datos primordiales que nos permitan saber lo que ha sucedido, sin tener que hacerle contar varias veces lo sucedido.
  • No infantilizar a la víctima, tomando decisiones por ella. Debemos consultarle qué quiere y qué no quiere hacer.

Marie

Creedme: la importancia de la justicia en la recuperación de la víctima

Tras sobrevivir a una agresión sexual, las víctimas a menudo cuestionan la previsibilidad de su entorno, es decir, la creencia de que la sociedad es segura y justa. Se pone en duda la creencia en el «mundo justo», es decir, saber que las cosas buenas les suceden a las personas buenas y las cosas malas le suceden a las personas malas (Resick y Schnicke, 1993). En Creedme, vemos la importancia que tiene para una víctima y su recuperación al obtener justicia.

La gravedad del delito y las características de la victimización a menudo afectan la forma en que la persona responde a estos desafíos. Aunque las víctimas generalmente prefieren los apoyos naturales de su entorno (amigos y familia), alrededor del 12% de ellas usan servicios de salud profesionales en los que la atención psicológica es crucial.

Como profesionales de la psicología, nuestra intervención con una víctima reciente de agresión sexual se debe centrar en:

  • El énfasis en la supervivencia.
  • Evitar la comparación con otros casos similares. Cada caso tiene su propio tratamiento y curso.
  • Actividades para recuperar el autocontrol.
  • Tratar la evitación si fuera necesario, pero aceptarla también como una estrategia saludable en determinados momentos.
  • Tratar cogniciones de negación y disociación.
  • Estimular la concentración en actividades placenteras.

Las intervenciones en crisis buscan el alivio sintomático, el restablecimiento de rutinas y la expresión emocional con familia y amigos. Ejemplos de intervenciones en crisis son los procedimientos de debriefing y defusing de Mistchell.

¿Cuándo considerar que se desarrolla estrés postraumático?

Más allá del asesoramiento e intervención inicial, podemos hablar de trastorno cuando:

  • Cuando las reacciones psicológicas perturbadoras duran más de entre cuatro y seis semanas.
  • Cuando hay interferencia negativa grave en el funcionamiento cotidiano.
  • Cuando una persona se nota incómoda con sus pensamientos, sentimientos o conductas o se siente desbordada por ellos.

Para tratar el TEP la terapia de exposición es la más utilizada. En concreto, se trataría de la terapia de exposición de imaginación para los recuerdos temidos y la exposición en vivo para las situaciones evitadas.

Aunque tradicionalmente se ha explicado la eficacia de la técnica desde la perspectiva del condicionamiento clásico algunos autores como Foa interpretan la eficacia de la exposición porque permite un procesamiento emocional del trauma vivido.