¿Por qué nos cuesta tanto cambiar de opinión?

¿Por qué nos cuesta tanto cambiar de opinión?

Edith Sánchez 2, Diciembre 2014 en Psicología 5 compartidos
¿Por qué nos cuesta tanto cambiar de opinión?

Todos conocemos a esa personas que tienen opiniones a las que se aferran por muchos argumentos que les demos en sentido contrario. Si al principio han pensado que algo era de una forma, ya puedes esforzarte en hacerles que vean la realidad que no vas a conseguir que cambien de parecer. Pero ¿Por qué lo hacen?

Es algo que observamos cotidianamente, pero la ciencia también ha reparado en este hecho. Así, se han llevado a cabo varios experimentos para tratar de entender este fenómeno. ¿Por qué tantas personas se mantienen apegadas a sus creencias y se resisten a aceptar pruebas evidentes de que están en un error? ¿Por qué cuesta tanto cambiar de opinión?

Experimentos y creencias

En 1975 un grupo de investigadores realizó un experimento para examinar qué había detrás de esa dificultad para abandonar las creencias. Reunieron a un grupo de personas y a cada una le entregaron una nota suicida. Algunas de esas notas eran verdaderas y otras falsas. Se les dijo a los examinados que cada uno debía decidir si la nota que había recibido era auténtica o no. Quienes acertaran, probarían su capacidad de empatía y su sensibilidad social.

Los investigadores les indicaron falsamente a algunos de los examinados que habían acertado, mientras que a otros se les aseguró que no lo habían logrado. Más adelante, se les dijo la verdad: algunos de los que habían supuestamente acertado, en realidad estaban equivocados. Y viceversa.

Lo sorprendente del experimento es que a quienes inicialmente se les indujo a creer que habían tenido éxito, siguieron pensando que contaban con la habilidad para discriminar entre las notas falsas y las verdaderas, aunque se les haya revelado que todo había sido un engaño. Lo mismo ocurrió con quienes falsamente se habían equivocado y en realidad acertaron.

En otras palabras, los investigados demostraron que una vez se habían formado una idea en su mente, respecto a su propio éxito o fracaso, persistían en esa creencia aunque las evidencias demostraran lo contrario.

¿Por qué se persiste tanto en las creencias?

Todo parece indicar que las personas se aferran a las evidencias iniciales. Estas les proporcionan una información que les permite elaborar una especie de programación, o de guión mental, y después se hace casi imposible modificar esa percepción del comienzo.

Tal parece que nos cuesta mucho reconsiderar o poner en tela de juicio nuestras propias creencias. A tal punto, que nos negamos a darle crédito a las pruebas de que estamos equivocados.

El propio Carl Sagan, conocido mundialmente por la serie “Cosmos”, relató en “El mundo y sus demonios” una anécdota reveladora. Cuenta que una vez en Nueva York tomó un taxi y el conductor lo reconoció emocionado. Su primera pregunta fue si creía en los OVNIS, a lo que Sagan respondió que no. El taxista se ofuscó y terminó cortando la conversación abruptamente. Con su actitud, básicamente demostraba que le daba mayor crédito a lo que había leído o escuchado sobre los extraterrestres, que a lo que pudiera afirmar uno de los astrofísicos más importantes del mundo.

Quizás nos aferramos de manera obsesiva a nuestras creencias porque nos permiten sortear la vida sin tener que mirarnos cara a cara con la incertidumbre. Tal vez creemos solamente en aquello que nos produce alguna forma de gratificación emocional o narcisista. Es posible que nos obstinemos en creer lo que creemos, porque de otro modo nos sentiríamos como niños descalzos y perdidos, en algún punto del infinito.

Imagen cortesía de ARTEMENKO VALENTYN

Edith Sánchez

Escritora y periodista colombiana. Ganadora de varios premios de crónica y de gestión cultural. Algunas de sus publicaciones son "Inventario de asombros", "Humor Cautivo" y "Un duro, aproximaciones a la vida".

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