Depresión mayor, ¿qué la causa y cómo se trata? - La Mente es Maravillosa

Depresión mayor, ¿qué la causa y cómo se trata?

Alicia Escaño Hidalgo 5 julio, 2017 en Psicología 1354 compartidos
Mujer sentada ocultando su cara con depresión mayor

Cuando hablamos de depresión, a todos, de manera fácil, nos vienen a la cabeza una serie de imágenes en las que visualizamos a alguien de expresión triste, llorando desconsoladamente y aislada de otras personas. Pero, entonces, ¿qué diferencia a la depresión de la tristeza profunda?

Es un gran error confundir ambos conceptos ya que, aunque están íntimamente relacionados, forman parte de un continuo en el que la depresión mayor forma parte del extremo más lejano e incapacitante. Un extremo en el que la persona que la sufre se encuentra en un submundo oscuro, tortuoso y desesperanzador.

Sabemos que las emociones cumplen una gran función adaptativa y que, ya sean positivas o negativas, todas son necesarias para el correcto funcionamiento dentro de nuestro medio. La tristeza, por lo tanto, aunque pertenezca a la categoría de “emoción negativa”, no deja de ser una emoción sana y adaptativa, gracias al cual, en parte, hemos conseguido sobrevivir.

Nos sentimos tristes cuando percibimos que hemos perdido algo que para nosotros era sumamente reforzante y la manera que tiene nuestro organismo de drenar esa herida para conseguir sanarla es a través de la expresión de la tristeza.
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Si, por ejemplo, perdemos a un ser querido, la tristeza inevitablemente florecerá en nosotros y nos conducirá a un estado de duelo en el que lo saludable será pasar por algunas o todas las fases que suelen componerlo. La idea es, una vez finalizadas, volver a nuestro estado previo a la pérdida, con la salvedad de que siempre recordaremos con cariño y añoranza a ese ser que formó parte de nuestra vida.

En este sentido, el sentimiento de tristeza es sano, necesario y funcional. Así, lo más lógico es que cualquiera de nosotros lo experimente en situaciones iguales o parecidas a la que hemos mencionado. Por lo tanto, cuando la tristeza nos invade, lo más sensato es vivirla, no negarla ni luchar contra de ella, hasta que poco a poco, se vaya esfumando.

¿Qué causa la depresión mayor?

Como hemos comentado, la depresión mayor, supone ir varios pasos más allá de la tristeza. Está clasificada como un trastorno y por lo tanto debemos tratarlo con la seriedad y respeto que esto significa. Antes de explicar sus posibles causas, vamos a definir en qué consiste el trastorno.

La depresión mayor se define por la presencia simultánea de una serie de síntomas importantes, alargándose su presencia durante dos semanas. Para su diagnóstico se exige que al menos uno de esos síntomas sea o bien un estado de ánimo triste, deprimido, o bien una pérdida de placer (anhedonia) con las actividades con las que solía disfrutar.

Pero no bastan solo estos síntomas sino que se requiere además que estos síntomas conlleven una marcada interferencia con la vida cotidiana de la persona que la padece.
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chica con distimia en su habitación

Por otro lado, el diagnóstico de depresión mayor requiere cumplir dos criterios adicionales de exclusión: que los síntomas no sean causados por una enfermedad o la ingesta de alguno sustancia; por otro lado, que los síntomas no se deban a uno reacción de duelo normal por la muerte de un ser querido. Existe un subtipo, denominado melancólico, en el que concurren a su vez una serie de síntomas, como la pérdida muy marcada de placer, la falta de reactivada emocional o la inhibición psicomotora.

Además, para diagnosticar de trastorno depresivo mayor, la persona no ha debido de tener ningún episodio de manía o hipomanía o tratarse de un caso de esquizofrenia u otro trastorno psicótico.

No existe una causa única que determine el que una persona llegue a sufrir un trastorno de depresión mayor, si no que en la literatura científica podemos ver como coexisten diversas teorías explicativas las cuales, como su nombre indica, pueden o no explicar determinado caso concreto.
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A nivel biológico, los desequilibrios químicos cerebrales, sobre todo del ya conocido neurotransmisor serotonina, serían los encargados de que la persona entrara en este estado de marcada tristeza y anhedonia. Hoy en día no sabemos a ciencia cierta si esos desequilibrios bioquímicos son causa o consecuencia de la depresión, por lo que no podemos concluir que los bajos niveles de serotonina en el cerebro sean los responsables de que la persona se deprima.

Por otro lado, existen teorías de corte más psicológico: actualmente las más respaldadas. La teoría más conocida es la de Aaron Beck. Su popularidad descansa en dos hechos: es una teoría que acoge plenamente los supuestos teóricos y la metodología del procesamiento de la información; segundo, ha dado lugar a un tipo de tratamiento -la terapia cognitiva- que ha demostrado ser igual de eficaz o más que la terapia farmacológica, con la ventaja adicional de reducir en mayor medida el riesgo de recaídas y los efectos secundarios.

¿Qué nos dice la Teoría de Beck sobre la depresión?

Para Beck, tras la pérdida del reforzador (consecuencia positiva de la conducta) y la posterior emoción natural de tristeza, aparecerían en la persona una serie de errores cognitivos: fallos al procesar la información del exterior, que serían los encargados de que apareciera el trastorno y de que se mantuviera en el tiempo. Digamos que la persona deprimida no es capaz de ser objetiva a la hora de percibir la información que le rodea y que por lo tanto distorsiona la realidad de forma negativa.

Algunas de las distorsiones que se dan con más frecuencia en las personas deprimidas son, por ejemplo, la magnificación de los hechos negativos que acaecen en su vida, la minimización de los hechos positivos que tienen lugar, la exageración de las consecuencias de dichos hechos negativos y la sobregeneralización o pensar que siempre será así y que nada cambiará.

De este modo, la persona se ve inmersa en la denominada tríada cognitiva negativa, que no es más que tener una visión negativa permanente de uno mismo, de la propia experiencia y lo que es peor, del futuro.
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Mujer con depresión mayor

Es este procesamiento cognitivo distorsionado el que conduciría, según el autor, a los síntomas afectivos -tristeza profunda, inapetencia, sentimientos de vacío…- y a los conductuales -inhibición, dejadez… Estos síntomas afectivos y conductuales, a su vez, reforzarán los pensamientos negativos, haciendo que estos se consoliden y mantengan el trastorno.

No obstante, Beck no descarta el hecho de que en este tipo de procesamiento se hallen implicados también factores genéticos, personales, hormonales, etc.

¿Qué tratamientos existen para la depresión mayor?

A grandes rasgos, podemos establecer una diferencia clara entre los tratamientos farmacológicos, encargados de restablecer el desequilibrio bioquímico cerebral del que hablamos anteriormente, y los tratamiento psicológicos, aquellos destinados a mejorar el estado anímico del paciente, así como su funcionamiento vital. Dependiendo del caso a tratar, los profesionales de la salud mental optarán por utilizar uno, otro o ambos combinados.

Dentro del tratamiento farmacológico, los fármacos más empleados son los llamados Inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina (ISRS). Se usan con más frecuencia porque tienen menos efectos secundarios que los antidepresivos tricíclicos o los Inhibidores de la Monoaminooxidasa (IMAOS). Seguro que a todos nos suena el Prozac (fluoxetina) que entraría dentro de este grupo.

Lo que se pretende con estos fármacos, como su nombre indica, es impedir que la serotonina sea reabsorbida rápidamente y, por lo tanto, no se pierda tan rápidamente su efecto en el cerebro cuando esta es liberada el pequeño espacio que existe entre neuronas. El fármaco actuaría como un primer impulso que haría que el paciente se sintiera más animado para emprender acciones.

¿Se cura la depresión con medicación? No. Como hemos dicho, la medicación nos ayuda a que la persona que no es capaz de realizar ese primer paso, se vea más preparada anímicamente para hacerlo y es, precisamente, este primer paso, el que hará que su depresión vaya mejorando.
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Mujer en terapia psicologica

Por otro lado, dentro de los tratamientos psicológicos, los que se han mostrado más eficaces son aquellos que están integrados dentro de la corriente cognitivo-conductual. Basándonos en que la causa de la depresión es que el paciente tiene una percepción distorsionada, hacia el polo negativo, de su propia realidad y que en función de ella, siente y actúa, el objetivo de este tratamiento será que la persona modifique estos sesgos cognitivos.

Siguiendo esta lógica, la terapia está enfocada a modificar la manera de pensar del paciente, proporcionándole herramientas para identificar y modificar dichos sesgos. Así, gracias a un cambio en su forma de pensar, el paciente comenzará a llevar a cabo las actividades que ha ido dejando de lado y que antes le producían placer, así como a incorporar nuevas que pueden beneficiarle y agradarle.

Modificamos la conducta

En este sentido, no tenemos por qué comenzar modificando los pensamientos y creencias del paciente, sino que podemos empezar directamente con la activación conductual. Si se elige esta opción, ayudaremos al paciente a diseñar un planning diario en el que van a quedar encuadradas diferentes tareas que el paciente se compromete a completar.

¿Cuál es el objetivo? Que la persona que ha perdido, debido a su falta de actividad, los reforzadores vitales que antes tenía y hacían que estuviese más feliz, vuelva a recuperarlos mediante la acción.
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El plan semanal debe incluir tareas tanto de dominio como de agrado. Las tareas de dominio son aquellas que ayudarán a que el paciente se sienta competente y no se vea a sí mismo como un fracasado o un inútil. Un ejemplo puede ser retomar o empezar a ir a clases de inglés. Las tareas de agrado son aquellas que implican ocio y placer, como ir de compras, dar un paseo, llamar por teléfono a un amigo, etc.

Lo que suele ocurrir es que la persona depresiva nos dirá que no se siente motivado a realizar ninguna tarea, que no le encuentra sentido, que no cree que ese sea su problema o que no tiene energías ni ganas. Lo habitual es que tenga un cajón lleno de excusas para no cumplir con estas tareas. Como terapeutas, debemos de saber que esta actitud y estas excusas forman parte del trastorno y hacerle ver a la persona que ha de luchar en contra de esa inercia.

Modificamos las cogniciones

Las técnicas cognitivas que emplearemos para modificar los pensamientos negativos y creencias serán la reestructuración cognitiva y los experimentos conductuales. Mediante la reestructuración lo que pretendemos es que la persona cambie su forma de pensar tan negativa por una visión de la realidad más adaptada -que no positiva- y que se dé cuenta de que es capaz de soportarla y de que además no es tan terrible como piensa.

Por otro lado, los experimentos conductuales ayudarán a que el paciente se dé cuenta de lo distorsionados que están algunos de sus pensamientos. El terapeuta propondrá al paciente que realice una actividad o acción. Este debe escribir qué es lo que cree que va a ocurrir y una vez realizada, en la siguiente sesión, terapeuta y paciente analizarán qué es lo que realmente ha pasado.

Hombre triste al amanecer

Por último, y dependiendo del paciente, podemos usar otras técnicas más emocionales, como la imaginación racional emotiva -verse a uno mismo realizando una actividad y modificando sus emociones en imaginación-, el mindfulness -centrarse en el aquí y ahora sin dejar que la atención se desplace y aceptando de forma plena la realidad circundante-, el entrenamiento en asertividad o el entrenamiento en solución de problemas.

Referencias bibliográficas:

Ortiz-Tallo, M (2004). Trastornos psicológicos. Ediciones Aljibe.

Forjan, M (2010). Tratando…depresión. Recursos terapéuticos. Pirámide Psicología.

Bosh, M.J.(2009). La danza de las emociones. Edaf.

Alicia Escaño Hidalgo

La psicología me enseñó que ser feliz es una decisión.

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