Donald Ewen Cameron y la psiquiatría como manipulación

Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 30 mayo, 2019
Edith Sánchez · 4 junio, 2019
A Donald Ewen Cameron se lo conoce en algunos ámbitos como “el padre de la tortura”. Sus estudios y sus conclusiones le han servido a las dictaduras más feroces de todo el mundo para infligir sufrimientos a sus contradictores. Sus métodos resultan escalofriantes, pero parece ser que Cameron salió impune. ¿En qué consistía la atrocidad de Cameron? ¿Qué ocurrió con sus víctimas?

Existe una gran contradicción en torno al nombre de Donald Ewen Cameron. Por un lado, se lo recuerda como uno de los más importantes psiquiatras de la historia. Fue nada más ni nada menos que el primer presidente de la Asociación Mundial de Psiquiatría y también de la Asociación Americana de Psiquiatría y la Asociación Canadiense de Psiquiatría.

Por otro lado, también fue el protagonista de uno de los episodios más sombríos de la psiquiatría. En muchos círculos, se lo recuerda como ‘el padre de la tortura’. Este sobrenombre se le dio por haber estado detrás de algunos de los experimentos mentales más bárbaros de los que se tenga noticia.

“Las atrocidades no lo son menos si ocurren en laboratorios y se llaman investigación biomédica”.

-George Bernard Shaw-

De hecho, en la actualidad, un grupo de personas en Canadá está promoviendo una revisión de los hechos en los que Donald Ewen Cameron participó. La mayoría de ellos son familiares de las víctimas de este psiquiatra y lo que buscan es que se haga totalmente público lo acontecido y, finalmente, que se sancione histórica y moralmente.

En este artículo, os proponemos un breve repaso a su vida y a estas acciones que han sido (y siguen siendo) enormemente censuradas.

Ilustración de un hombre con la cabeza abierta mirando un cerebro

¿Quién fue Donald Ewen Cameron?

Donald Ewen Cameron nació en Bridge of Allen, un pequeño poblado de Escocia, el 24 de diciembre de 1901. Estudió Medicina en la Universidad de Glasgow y obtuvo su título en 1924 y, posteriormente, se especializó en Psicología.

En 1926, emigró a los Estados Unidos gracias a una beca de investigación en psiquiatría que le ofreció la Clínica Phillips, con sede en Baltimore. Más tarde, ejerció en diversas instituciones de Estados Unidos, Canadá y Europa convirtiéndose en una figura prominente en el campo de la psiquiatría.

Donald Ewen Cameron realizó varias publicaciones en esos años, todas ellas de carácter académico y que no ofrecían mayores innovaciones. Sin embargo, en 1937, publicó un artículo particularmente llamativo acerca de la epilepsia.

En aquel entonces, se veía a los epilépticos como enfermos mentales. En su texto, Cameron hablaba sobre tratamientos que, según él, generaban mejorías; estos tratamientos incluían prácticas para deshidratar por completo a los pacientes e infectarlos de malaria. Además de la aplicación indiscriminada de insulina, electrochoques y lobotomías. De este modo, Cameron dejó a un lado sus textos puramente académicos para adentrarse en un sendero lleno de controversia.

Un hombre de la CIA

Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, la OSS (Oficina de Servicios Estratégicos) de Estados Unidos reclutó a Donald Ewen Cameron; la organización fue la precursora de la CIA. En 1943, Cameron se radicó en Canadá para crear el departamento de psiquiatría de la Universidad McGill en Montreal; también se convirtió en el director de la Allan Memorial Institute.

En esta última institución, se llevaron a cabo varios experimentos mentales macabros entre 1950 y 1965. Los dirigió Donald Ewen Cameron y la mayoría de esas investigaciones se realizaron de forma clandestina y fueron copiosamente financiadas por la CIA y el gobierno canadiense.

Cameron implementó un tratamiento de ‘desprogramación’ del cerebro. Para su desarrollo, contaron con diversos pacientes de salud mental que incluían niños, mujeres con depresión postparto y esquizofrénicos, entre otros.

El tratamiento incluía tres fases: en la primera, se inducía un coma por un lapso de hasta tres meses o más; la segunda fase consistía en la aplicación de electrochoques que provocaban una severa amnesia; por último, durante la tercera fase, se aislaba al paciente en una celda y se le administraban elevadas dosis de LSD.

En ese punto, el paciente quedaba listo para que su mente fuera ‘reprogramada’. Muchos de ellos se comportaban como bebés, hasta el punto de chuparse el pulgar como hacen los niños. El tratamiento dejaba a los pacientes absolutamente indefensos y sin capacidad de decidir. Por estas razones, Cameron ha sido visto como ‘el padre de la tortura’, un hombre sin escrúpulos capaz de llevar al límite sus investigaciones dejando a un lado toda ética y moral.

Mente de una persona con cuadrados negros

¿Un delito de lesa humanidad sin consecuencias?

No se sabe a cuántas personas en total se les aplicó la desprogramación. En Canadá, las víctimas se contabilizan en un mínimo de 100, pero no se sabe la cifra exacta. Muchos de los pacientes sometidos a dichas vejaciones fallecieron o jamás se recuperaron, quedando completamente anulados y sometidos.

Se sabe que el gobierno norteamericano indemnizó a nueve pacientes con daños permanentes. En Canadá, 77 víctimas recibieron una compensación económica por esas torturas y, al menos, otros 12 pacientes han recibido indemnizaciones extrajudiciales, pero con cláusulas de no divulgación.

Lo cierto es que en mayo de 2018, por primera vez, se reunieron las familias de las víctimas. En conjunto, decidieron interponer una demanda contra el gobierno canadiense. Su principal objetivo es que el Estado admita públicamente su participación en esos hechos, pida perdón por ello y se comprometa a impedir que algo así ocurra nuevamente.

Entre tanto, Donald Ewen Cameron murió en 1967, con su prestigio intacto. Su deceso se produjo durante la escalada a una montaña. Tan pronto como se supo que había muerto, su familia quemó todos los archivos que este hombre conservaba en su poder.

  • Pavón-Cuéllar, D. (2017). Psicología y Destrucción del Psiquismo: La Utilización Profesional del Conocimiento Psicológico para la Tortura de Presos Políticos. Psicologia Ciência e Profissão, 37, 11-27.