Édouard Manet, biografía del primer impresionista

Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 19 junio, 2019
Camila Thomas · 23 junio, 2019
La obra de Manet marcó un hito en la elección de temas representados en la pintura europea. Antes de él la pintura generalmente favorecía la narrativa y evitaba las realidades arenosas de la vida cotidiana.

Édouard Manet fue un pintor francés del s. XIX que sirvió de inspiración para muchos otros pintores posteriores gracias a su estilo y manera de representar. Manet abrió nuevos caminos al desafiar las técnicas tradicionales de representación al elegir pintar los eventos y circunstancias de su época.

Su pintura Déjeuner sur l’herbe (Almuerzo sobre la hierba), expuesta en 1863 en el Salón de los Rechazados, despertó la hostilidad de los críticos. Aunque, de manera simultánea, recibió el aplauso y el entusiasmo de una nueva generación de pintores que, más tarde, conformarían el núcleo del movimiento impresionista.

Vida temprana

Édouard Manet nació el 23 de enero de 1832 en París, Francia. Fue el hijo de Auguste Manet, un alto funcionario del Ministerio de Justicia. Su madre, Eugénie-Désirée Fournier, era hija de un diplomático y la ahijada del príncipe heredero sueco.

Adinerados y con un buen número de influyentes contactos, la pareja esperaba que su hijo escogiera una carrera respetable y, como preferencia, la abogacía. Sin embargo, el futuro le depararía a Manet una carrera humanista.

Desde 1839, fue alumno en la escuela de Canon Poiloup en Vaugirard. Desde 1844 hasta 1848, permaneció interno en el Collège Rollin. Fue un estudiante deficiente, al que tan solo le interesaba el curso de dibujo especial que ofrecía la escuela.

A pesar de que su padre quería que se matriculara en la escuela de derecho, Édouard no decidió este destino. Cuando su padre se negó a permitir que se convirtiera en pintor, él solicitó el ingreso al colegio naval, pero no pasó el examen de ingreso.

A los 16 años, se embarcó como aprendiz de piloto en un barco de transporte. A su regreso a Francia en junio de 1849, suspendió el examen naval por segunda vez, y sus padres finalmente cedieron a la obstinada determinación de su hijo de convertirse en pintor.

Édouard Manet

Primeros estudios formales de Manet

En 1850, Manet entró en el estudio del pintor clásico Thomas Couture. Allí, desarrolló su buena comprensión del dibujo y la técnica pictórica.

En 1856, después de seis años con Couture, Manet estableció un estudio que compartió con Albert de Balleroy, un pintor de temas militares. Allí pintó The Boy with Cherries (1858) antes de mudarse a otro estudio en el que pintaría The Absinthe Drinker (1859).

En el mismo año, realizó viajes cortos a los Países Bajos, Alemania e Italia. Mientras tanto, en el Louvre copió pinturas de Tiziano y Diego Velázquez.

A pesar de su éxito con el realismo, Manet comenzó a abordar un estilo más relajado e impresionista; caracterizado por el uso de pinceladas amplias y la incorporación en sus pinturas de personas comunes que se dedicaban a tareas cotidianas.

Sus lienzos se fueron poblando de cantantes, gente de la calle, gitanos y mendigos. Este enfoque poco convencional combinado con un conocimiento maduro de los antiguos maestros sorprendió a algunos e impresionó a otros.

Vida madura y El Desayuno en la hierba

Entre 1862 y 1865, Manet participó en exposiciones organizadas por la Galería Martinet. En 1863, Manet contrajo matrimonio con Suzanne Leenhoff, una mujer holandesa que le había dado clases de piano. La pareja llevaba ya una relación de diez años y tenía un hijo en común antes del matrimonio.

Ese mismo año, el jurado del Salón rechazó su Desayuno en la hierba, una obra cuya técnica fue completamente revolucionaria. Por esta razón, Manet la exhibió en el Salon de los Rechazados, fundado para exhibir las muchas obras rechazadas por el Salón oficial de Bellas Artes.

“Una buena pintura es fiel a sí misma”.

-Manet-

Desayuno en la hierba estuvo inspirado en obras de antiguos maestros como: El Concierto Pastoral (Giorgione, 1510) o El Juicio de París (Rafael, 1517-20). Este gran lienzo provocó una gran desaprobación y comenzó para Manet la ‘notoriedad del carnaval’ por la que sufriría durante la mayor parte de su carrera.

Sus críticos se sintieron ofendidos por la presencia de una mujer desnuda en compañía de dos jóvenes vestidos con ropas contemporáneas. Así, en lugar de parecer una figura alegórica remota, la modernidad de la mujer hacía que su desnudez pareciera vulgar e incluso amenazadora.

Los críticos también se sintieron molestos por la forma en que estas figuras se representaron con una luz dura e impersonal. Además, no comprendieron por qué las figuras se ubicaron en un entorno de bosque cuya perspectiva es claramente poco realista.

Obras principales

En el salón de 1865, su pintura Olympia, creada dos años después, causó otro escándalo. La mujer desnuda reclinada del cuadro mira descaradamente al espectador y se representa en una luz dura y brillante que borra el modelado interior y la convierte en una figura casi bidimensional.

Esta odalisca contemporánea, que el estadista francés Georges Clemenceau iba a instalar en el Louvre en 1907, fue calificada de indecente por la crítica y el público.

En su aflicción, Manet partió en agosto de 1865 hacia España. Sin embargo, su estancia en España fue corta, pues no le gustaba la comida y se sentía frustrado por su total desconocimiento del idioma.

En Madrid, conoció a Théodore Duret, que posteriormente se convertiría en uno de los primeros conocedores y defensores de su trabajo. En 1866, entró en contacto y entabló amistad con el novelista Emile Zola que, en 1867, escribió un artículo brillante sobre Manet en el periódico francés Figaro.

Zola señaló cómo casi todos los artistas importantes comienzan por ofender la sensibilidad del público. Esta revisión impresionó al crítico de arte Louis-Edmond Duranty, quien también comenzó a apoyarlo. Pintores como Cézanne, Gauguin, Degas y Monet se convirtieron en sus aliados.

Obra de Manet

Años posteriores

En 1874, Manet fue invitado a exponer en la primera exposición realizada por artistas impresionistas. A pesar de su apoyo al movimiento, rechazó la invitación y las posteriores que llegarían por parte de los impresionistas.

Manet sintió que era necesario seguir dedicado al salón y su lugar en el mundo del arte. Como muchas de sus pinturas, Édouard Manet era una contradicción, siendo al mismo tiempo burgués y común, convencional y radical.

“Uno debe ser del tiempo de uno y pintar lo que uno ve.”

–Manet-

Un año después de la primera exposición impresionista, se le ofreció la oportunidad de dibujar ilustraciones para la edición francesa de El cuervo de Edgar Allan Poe. En 1881, el gobierno francés le otorgó la Légion d’honneur.

Murió dos años más tarde en París, el 30 de abril de 1883. Además de 420 pinturas, dejó una reputación que lo definiría para siempre como un artista audaz e influyente.

Legado

El debut de Manet como pintor se encontró con una resistencia crítica que no disminuyó hasta casi el final de su carrera.

Su perfil se elevó al final del siglo XIX, gracias al éxito de su exposición conmemorativa y la eventual aceptación crítica de los impresionistas. Pero no fue hasta el siglo XX cuando los historiadores del arte le aseguraron su reputación.

El desprecio de Manet por el modelado y la perspectiva tradicionales marcaron la ruptura del s. XIX con la pintura académica. Su obra, indudablemente, allanó el camino para el trabajo revolucionario de los impresionistas y postimpresionistas.

Manet, a su vez, influyó en el camino de gran parte del arte de los siglos XIX y XX a través de su elección de temas. Su enfoque en temas urbanos modernos, que presentó de manera directa, casi distante, lo distinguió aún más de los estándares del Salón.

  • Venturi, L., & Fabricant, L. (1960). Cuatro pasos hacia el arte moderno: Giorgione, Caravaggio, Manet, Cézanne. Nueva Visión.
  • Álvarez Lopera, J. (1996). Revisión de un lugar común: Goya y Manet. Reales sitios, 33, (128). Patrimonio Nacional, Madrid.