Ejercicio para nuestro cerebro

Yamila Papa · 21 junio, 2014

Entre otros “secretos”, Fernández Ibáñez afirma que la rutina y el estrés son dos de los factores más determinantes en el envejecimiento del cerebro y que aprender uno o más idiomas puede significar un retraso de hasta cinco años en la aparición de la enfermedad de Alzheimer. A su vez, que necesitamos hacer ejercicio para poder entrenar la mente, expandir su potencial y mejorar la concentración y la memoria.

El ejercicio corporal es bueno no sólo para preservar la buena salud del organismo, sino también para poder mejorar las funciones cerebrales. Es preciso hacer deporte o actividades de entrenamiento para expandir el potencial de la mente. Es necesario aprender “cómo invertir en nuestro cerebro” antes de que sea demasiado tarde, es decir, cuando todavía es posible evitar la depresión crónica o la enfermedad de Alzheimer. Cualquier persona puede desarrollar su cerebro y disfrutar de estas ventajas principales: aprender cosas más rápido, manejar el estrés, abordar temas cada vez más complicados y retrasar problemas relacionados a la memoria.

El ejercicio cardiovascular es importante. Si bien es cierto que exige un poco de esfuerzo, los beneficios son realmente espectaculares. No se trata de caminar, sino de andar rápido o trotar, por lo menos dos o tres veces a la semana. Cada día, nuestro cuerpo crea neuronas sin importar la edad que tengamos, pero está comprobado que hacer ejercicio físico las incrementa todavía más. Nuestro cerebro, entonces, también precisa ir al gimnasio.

De esta manera, la forma en que se conectan las nuevas neuronas con las antiguas es más eficiente. Y cuánto más las usamos, más se fortalecen. No es sólo hacer sudokus o crucigramas (que sin dudas son muy beneficiosos), porque llega un momento que no es algo difícil ni un reto para nosotros. Los ingredientes de un ejercicio mental eficaz es que requiera cierta dificultad, que no sea parte de la rutina, que se convierta en un desafío. Si es algo fácil o que ya lo hicimos muchas veces es entrenamiento, no estimulación mental, y eso no ayuda.

El manejo del estrés es otra de las cuestiones que debemos tener en cuenta. Una dosis equilibrada de estrés nos hace estar en alerta, pero un exceso es contraproducente porque causa, entre otros, factores, la muerte de las neuronas, reduce la creación de nuevas y no permite desempeñar nuestro trabajo correctamente.

Las acciones rutinarias y el exceso de televisión son dos elementos contraproducentes para un buen desarrollo del cerebro. Tal vez podría decirse que son los enemigos más “íntimos”. Lo que diferencia la mente humana en relación a los animales es su capacidad de ser flexible. Esto quiere decir que se adapta a cualquier circunstancia, pero a su vez, es más vulnerable sino sabemos cómo ejercitarlo correctamente. Se adapta a nuevas formas de aprender, por lo que la televisión y la rutina no son buenas. No está mal distenderse un poco cuando volvemos del trabajo con un partido de fútbol o una película, pero se vuelve contraproducente pasar más de cuatro horas diarias frente a la denominada “caja boba”.

Por otra parte, los estudios han demostrado que la educación bilingüe o bien aprender un idioma es más que beneficioso para nuestro cerebro, tanto en el corto como en el largo plazo. Favorece la flexibilidad mental, permite tomar decisiones más rápido (en comparación con una persona que no sabe otras lenguas). A su vez, aquellos que practican idiomas en toda su vida pueden retrasar los efectos dañinos del Alzheimer por cinco años. Sin dudas es algo muy bueno teniendo en cuenta que no se ha descubierto una cura para esta enfermedad. Al menos de esta manera, los síntomas aparecen más tarde.

El cerebro es maleable y puede aprender hasta en el último instante de nuestra vida, aunque la tasa de neuroplasticidad es menor. Por ello se dice que un niño tiene más capacidad de aprender que un adulto o un anciano, ya que de a poco se van perdiendo esas habilidades de memorizar, comprender o prestar atención.