¿Qué nos pasa cuando nadie nos ve?

25 Junio, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga María Vélez
Seguro que has visto a personas que en redes actúan de manera muy ofensiva y buscan siempre el conflicto. Igual ocurre mientras conducen. Estas personas pueden ser unos encantos, pero ¿por qué actúan así en esas condiciones? Es el poder del anonimato. Te contamos más aquí.

Es curioso comprobar qué nos pasa cuando nadie nos ve. El anonimato ampara el ejercicio de comportamientos de dudoso civismo y moralidad entre las personas. Sabemos que las relaciones sociales se suelen regir por determinadas normas de comportamiento, leyes y costumbres que impiden la realización de ciertas conductas.

Por ejemplo, no saludar a un vecino con el que nos acabamos de cruzar en el portal o que le empujemos al entrar por la puerta para pasar antes. Lo primero, sería una falta de educación y una muestra de aversión personal que contraviene los usos sociales; lo segundo, sería simplemente inaceptable desde el punto de vista de estas reglas sociales.

Sometidos a este tipo de normas reguladoras del comportamiento, las personas en circunstancias normales solemos ofrecer una apariencia de seres racionales, civilizados y correctos. Pero, ¿ocurre lo mismo cuando nos escondemos tras el anonimato?

¿Qué nos pasa cuando nadie nos ve?

Pongamos un ejemplo para entender qué nos pasa cuándo nadie nos ve. Cuando estamos conduciendo nuestro vehículo, la protección que nos da la carrocería y el hecho de poder escapar rápidamente del escenario de la discordia con un simple gesto, nos mantiene en un anonimato que permite la liberación de nuestros impulsos. Es entonces, cuando estando liberado de restricciones sociales, uno se puede quitar la máscara de ser civilizado y actuar de un modo irracional y colérico.

Hombre en el anonimato

En el caso concreto de la conducción entra en juego otro factor psicológico independiente del anonimato que es el estrés. Pues, las situaciones complejas o de tráfico denso, son la causa de un estrés que contribuye de manera determinante a este tipo de respuestas agresivas.

Estrés más anonimato, es un binomio que es capaz de sacar lo peor de nosotros mismos cuando estamos al volante. De esta forma, cuando se está en un atasco es una práctica habitual insultar a otros conductores, bloquearles el paso o usar el claxon o incluso las luces como forma no verbal de comunicación agresiva.

El anonimato en Internet

Otra situación en la que nos vemos amparados por el anonimato es en Internet. En la red es muy fácil ocultar la identidad tras un alias o una foto. Sumado a ello, la falta de contacto real elimina los elementos que podrían reprimirnos de decir todo aquello que pensamos y que en otras circunstancias no nos atreveríamos a decir.

Incluso hay quien decide matar su aburrimiento participando en foros o redes sociales y creando discordia con comentarios ociosos y/o provocadores. Es el comportamiento del conocido trol de Internet. Este tipo de personas aprovecha el anonimato para dar rienda suelta a su resentimiento contra ciertos colectivos sociales. Por ejemplo participando en foros de una ideología contraria a la suya en donde realiza todo tipo de comentarios ofensivos hacía los participantes, o dejando constantemente comentarios ofensivos en los perfil de personas concretas.

En estos casos, lo mejor es no alimentar al trol, no responder a sus comentarios. Así verá sus expectativas frustradas y, probablemente, deje de trolear.

El anonimato y el sentido de pertenencia a un grupo

Hay otra forma de anonimato que, aunque no se de con tanta frecuencia en la vida cotidiana, es importante tener en cuenta por las graves implicaciones que puede llegar a suponer. Hablamos del anonimato que representa la pertenencia a un grupo.

En un caso así el individuo se deja llevar por la muchedumbre, incentivado por el sentimiento de pertenencia al grupo, pero amparado también por el anonimato que supone que su identidad pase desapercibida, diluida entre la masa.

Hombre bajo la sombra

Hay un malestar en la cultura, decía Freud. Ese malestar hace referencia al precio que supone sacrificar la vida instintiva y la espontaneidad para lograr la convivencia y el progreso. Y así, es algo que debemos asumir para no convertirnos en seres incívicos.

Cuando nadie nos ve tenemos que seguir siendo cívicos y racionales

Aunque resulte fácil y sea de las primeras respuestas, hay que intentar no llevar a cabo conductas que no se harían si no se estuviera amparado por el anonimato.

Cuando conduzcas tu vehículo trata de interiorizar el contenido normativo de las reglas sociales, entre ellas el reglamento de circulación, en lugar de exteriorizar sus instintos más innobles. Si te encuentras en una situación de tráfico estresante, respira hondo y trata de calmarte, utiliza el claxon solo para evitar accidentes y en ningún caso lo utilices de forma inmotivada o exagerada.

Por otro lado, en Internet no faltes al respeto de manera ociosa con insultos o comentarios ofensivos. Tampoco alimentes al trol, precisamente éste se alimenta de la indignación.