El caso de la dama desencarnada

Edith Sánchez · 24 enero, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González el 23 enero, 2020
El caso de la dama desencarnada es desconcertante y conmovedor. Como el mismo nombre sugiere, nos habla de una situación en la que persona tiene la sensación de que cuerpo y mente actuaran de forma separada. Un “desdoblamiento” eterno.

El caso de la dama desencarnada es uno de los más sobrecogedores en la neurología. La protagonista es una mujer inteligente y valiente, a quien se conoce simplemente como Christina. Su caso fue reportado por el doctor Oliver Sacks, en 1985, y es genuinamente trágico y desconcertante.

Digamos, en primer lugar, que el caso de la dama desencarnada tiene que ver con la pérdida de la “propiocepción”. Esta es una habilidad compleja que, para la mayoría de nosotros, funciona automáticamente y por eso ni siquiera nos damos cuenta de que existe. Sin embargo, es fundamental. Se le conoce también como un “sexto sentido” del cuerpo.

Dicho de una forma muy sencilla, la propiocepción nos permite ser conscientes de que el cuerpo es nuestro. Que nuestras manos, efectivamente, son nuestras, así como nuestros pies, nuestros brazos y todo lo demás.

Sabemos que, por ejemplo, nuestra mano está sobre la mesa en este momento. Lo sabemos automáticamente, gracias a la propiocepción. En el caso de la dama desencarnada este mecanismo falló. Conozcamos su historia.

Escúchame, has extendido alguna vez los brazos y dado vueltas… se te acelera el corazón, el mundo se vuelve del revés, pero si no tienes cuidado y fijas la mirada en algo, puedes caer”.

-De la película Prácticamente magia

Oliver Sacks
Oliver Sacks

El inicio del caso de la dama desencarnada

Cuando todo comenzó, Christina era una mujer joven, de 27 años completamente sana. Tenía dos hijos pequeños y una personalidad bien asentada. Era segura de sí misma y muy entusiasta. Practicaba hockey y equitación.

Además, era programadora de sistemas y trabajaba en casa. Sus antecedentes indicaban que no había estado enferma, prácticamente nunca. Un día cualquiera tuvo un dolor abdominal muy fuerte.

Eso la llevó a una consulta médica, en la cual le descubrieron algunas piedrecillas en la vesícula. Se le aconsejó practicarse una cirugía para retirar ese órgano. El procedimiento era sencillo y no ameritaba mayor preocupación.

Christina fue internada en el hospital tres días antes de la cirugía. Se le preparó para el procedimiento empleando antibióticos, como era costumbre. Todo iba según lo previsto, pero un día antes de la operación ella tuvo un sueño bastante vívido que la inquietó notablemente. Soñó que su cuerpo temblaba, que tenía sacudidas y que no era capaz de sostenerse en pie. Nunca había tenido un sueño tan vívido y esto la angustió.

Una situación inusual

Lo más extraño ocurrió poco después: el sueño comenzó a hacerse realidad. Christina comenzó a sentir que perdía el control sobre su cuerpo. No podía mantenerse en pie, sus movimientos eran torpes y, a veces, inexplicables. Tampoco tenía fuerza y por eso las cosas se le caían de las manos. Acudió al psiquiatra, quien estableció que se trataba de una reacción psicológica a la angustia por la cirugía.

Con las horas, la situación de Christina empeoró. Esto llamó la atención de los neurólogos, en particular, de Oliver Sacks. Especialmente después de que la joven dijera una frase que parecía expresar una situación inusual. Ella dijo: “No siento el cuerpo. Me siento rara… desencarnada”. Esto les llevó a pensar que en la situación había algo más que un síntoma de angustia.

Así, hicieron una serie de pruebas sensoriales. Fue así como se comprobó que Christina había perdido la propiocepción. Técnicamente era un caso de “polineuritis”.

Había una extraña desconexión en su cuerpo. En palabras sencillas, su cuerpo no se reconocía a sí mismo. Actuaba como por cuenta propia. Ella buscaba una de sus manos y la encontraba en un lugar y en una posición que no había adoptado voluntariamente.

Mujer con la mano dormida

El ser y el hacer

Una situación así era muy extraña y dramática. El caso de la dama desencarnada era el primero que se registraba en su género. ¿Qué hacer cuando uno siente que el cuerpo de uno no está ahí, que no sigue las órdenes que uno le da, sino que es una entidad separada de todo el resto del “yo”? Lo peor era que la ciencia no podía decir ni por qué había ocurrido, ni si era posible revertirlo.

Había una pista. Pacientes en estados más o menos parecidos lograban algún control sobre su cuerpo a través de la mirada. Es decir, que si miraban su mano, también podían dirigirla. En el momento en que dejaban de verla, la mano iba por su propia cuenta. Así mismo, la falta de propiocepción afectaba el habla. Sin embargo, gracias a la acción del oído también era posible ejercer algún tipo de control y recuperarla.

Eso fue lo que hizo Christina durante el siguiente año. Pudo volver a moverse y a hablar, aunque de una forma “extraña”, artificiosa. Logró volverse nuevamente funcional, pero le resultó imposible sentir de nuevo que su cuerpo era suyo realmente. Después del caso de la dama desencarnada se han reportado otros similares, pero siguen siendo muy pocos y completamente enigmáticos.

Häfelinger, U., & Schuba, V. (2010). La coordinación y el entrenamiento propioceptivo (pp. 377-381). Paidotribo.