El caso del Doctor P, el hombre que confundió a su mujer con un sombrero

Edith Sánchez · 15 septiembre, 2019
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 15 septiembre, 2019
El caso del Doctor P corresponde a un músico que presentaba extrañas dificultades en la percepción del mundo. Como era un tipo sociable, simpático y con gran sentido del humor, sus problemas pasaron desapercibidos durante muchos años.

El caso del Doctor P pasó a la historia como uno de los más extraños y curiosos de las neurociencias. Es un ejemplo perfecto de los singulares caminos que puede tomar el cerebro cuando, como portentosa máquina biológica que es, deja de funcionar como debiera.

A veces, nos parece que actos como mirar lo que nos rodea y reconocer que una mesa es una mesa, o que una puerta es una puerta, son procesos naturales y sencillos. No nos damos cuenta de que en ello está involucrada una compleja red de asociaciones, que implican funciones cerebrales muy sofisticadas. El caso del Doctor P nos lo recuerda.

Lo más aterrador del absurdo, a fin de cuentas, es que posea su propia lógica”.

-Ricardo Menéndez Salmón-

Técnicamente, el caso del Doctor P se refiere a un problema de percepción llamado “agnosia visual”. Consiste precisamente en la dificultad para identificar de manera acertada los objetos o estímulos visuales que nos brinda el mundo.

Tuvimos noticia de esta condición gracias al famoso neurólogo londinense Oliver Sacks. Este publicó un libro que relataba esta situación, este libro se tituló: El hombre que confundió a su mujer con un sombrero.

Cerebro

El caso del Doctor P

Oliver Sacks nos cuenta que el caso del Doctor P se refiere a uno de los pacientes que lo consultó. Se trataba de un talentoso músico que había alcanzado importante fama como cantante. Tras el éxito, se había retirado del espectáculo y estaba dedicado a la enseñanza en una escuela de música. Fue durante esa labor cuando empezó a registrar situaciones extrañas.

Todo comenzó cuando notó que algunas veces los estudiantes se presentaban ante él, pero no los reconocía. Era como si no estuvieran ahí. Sin embargo, cuando estos hablaban sí detectaba su presencia y sabía de quién se trataba. En otras palabras, reconocía a los alumnos por la voz y no por su presencia.

Más adelante, la situación se volvió un poco más crítica. El Doctor P no solo no reconocía las caras de sus estudiantes, sino que además comenzó a ver caras donde no las había. Por ejemplo, terminaba saludando a un parquímetro o le daba palmaditas a los tanques contra incendio. ¿Se estaba volviendo loco?

Un hallazgo incidental

El Doctor P siempre había sido una persona alegre y bromista. Así que los demás no creyeron que hubiera algo anormal en sus confusiones. Las tomaban como bromas surgidas de su particular sentido del humor.

Sin embargo, el propio hombre tampoco encontraba nada anormal o preocupante en sus dificultades para percibir la realidad. Vino a darse cuenta de ello de una forma completamente accidental.

Esto ocurrió unos tres años después de haber manifestado los primeros síntomas de fallas en su percepción. El hombre enfermó y le diagnosticaron diabetes. Le recomendaron visitar el oftalmólogo, ya que la diabetes podría causarle problemas de visión y debía mantener vigilada la condición de su vista. El especialista le hizo varios exámenes minuciosos.

Al final de estos, le señaló que no tenía ningún problema visual. En cambio, sí había podido detectar que tenía algunas dificultades en las zonas visuales del cerebro. Debía entonces consultar con un neurólogo. Así fue como el Doctor P llegó a la consulta de Oliver Sacks. Este no lograba detectar qué le sucedía, pero sí notaba que había “algo extraño” en este simpático personaje.

Oliver Sacks

Confundía a la mujer con el sombrero

Sacks le pidió que mirara la portada de una revista. En ella había una duna desértica. El Doctor P aseguró ver un río, personas disfrutando bajo parasoles y otra serie de objetos que no estaban allí. Al despedirse, tocó a su esposa como si esta fuera un sombrero y quiso “ponérsela”. Ella apenas sonrió. Estaba acostumbrada a esos percances.

El neurólogo se interesó mucho en el caso del Doctor P y decidió hacerle un seguimiento minucioso. Lo visitó en su casa. Le mostró un guante y le preguntó que era. Notó que el hombre podía describir todo el guante, pero no sabía decir qué era. La esposa le comentó que, para vestirse, para comer y para realizar todo tipo de actividades cotidianas, el Doctor P tenía que cantar. Si no lo hacía, se quedaba paralizado y no sabía qué hacer.

Sacks concluyó que el Doctor P tenía una incapacidad de reconocer rostros, la cual se denomina prosopagnosia. Tampoco podía reconocer sus propias limitaciones, lo cual se conoce como anosognosia, y, obviamente, avanzaba hacia una agnosia visual.

En el avance de su problemática, tenía grandes dificultades para asociar lo que veía con los conceptos que estaban en su mente y con su propia capacidad para percibirlas. Nunca se recuperó, pero su existencia fue tranquila y siempre estuvo cantando hasta que murió.

Sacks, O. (2016). El hombre que confundió a su mujer con un sombrero. Anagrama.