El corazón de cebolla, una historia sobre la justicia

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 7 diciembre, 2018
Edith Sánchez · 7 diciembre, 2018
Esta es una historia sobre la justicia, que nos cuenta por qué es importante aprender a observar la naturaleza y dejarnos guiar por sus ciclos, en lugar de intervenir en ellos, causando grandes desequilibrios.

Esta es una historia sobre la justicia que comienza hace muchísimos años, cuando nada tenía nombre y las cosas se estaban creando todavía. Los dioses se reunieron y acordaron crear una hortaliza que fuera noble y grata para todos los seres humanos, quienes también habían sido recientemente creados.

En aquel entonces, los dioses tenían especial cariño a la mayor de sus obras y por eso querían darle ese regalo tan especial. Pensaban que podían crear un sabor que hiciera más deliciosas las comidas que los humanos probaban. De esta manera, buscaron un vegetal que pudiera integrarse bien en la mayoría de sus recetas. Así fue como se les ocurrió diseñar la cebolla.

En un principio, los dioses solo se fijaron en su sabor. Así que hicieron un fruto compacto, muy distinto al que conocemos actualmente. Era suave, blando, con un gusto delicioso. Combinaba muy bien con casi todos los alimentos. Los humanos se sintieron encantados cuando comenzaron a verlo en sus huertas, porque al principio nacían espontáneamente.

Vivimos en la tierra como si tuviéramos otra a la que ir”.

-Terry Swearingen-

El reinado de la cebolla

Esta historia sobre la justicia nos cuenta que pronto las cebollas se convirtieron en las reinas de los huertos. Las había de varios colores y todos las consideraban unas verdaderas joyas de la naturaleza. Los humanos estaban encantados con ellas; por muchas que comieran, su presencia en el plato siempre le daba a este un toque especial.

Creció tanto la fama de las cebollas, que en poco tiempo la producción alcanzó cotas que hoy no podemos imaginar. De esta manera, comenzó la siembra de cebollas sin control. Lo que conocemos de esta historia sobre la justicia nos dice que había tantos huertos con sembrados de cebollas que los humanos se olvidaron a las demás plantas. Así, muchas otras hortalizas y frutas comenzaron a desaparecer.

Llegó un momento que la cantidad de cebollas fue tal que los hombres comenzaron a arrancar las raíces que antes habían plantado con tanto entusiasmo. Se produjo así lo que podríamos llamar la “masacre de las cebollas”.

Cebollas plantadas

Se acaban las cebollas

Cuenta esta historia sobre la justicia que, ante la actitud de los humanos, los dioses decidieron intervenir. Enviaron una gran plaga y esta acabó con todas las cebollas que había sobre la tierra. Los humanos volvieron a cultivar otras plantas, pero muchos de ellos recordaban el delicioso sabor de esa hortaliza que tanta conmoción había generado.

Muchos de los alimentos ya no sabían como antes. Los dioses se dieron cuenta de que así eran los seres humanos: caprichosos e inestables. No sabían qué hacer con los grandes regalos del cielo. Si eran pocos, querían más. Y si eran muchos, los despreciaban. Los dioses no entendían por qué.

Los humanos, en todo caso, se mostraban arrepentidos. Rogaban a los dioses que volvieran a enviar esa deliciosa hortaliza que tanto les había gustado. En el Olimpo habían conservado unos pocos ejemplares de cebolla como un recuerdo de aquel episodio. Al ver que los humanos estaban tan tristes, decidieron darles una nueva oportunidad.

Una historia sobre la justicia

Los dioses iban a enviar de nuevo varios ejemplares de cebolla para que poblaran la tierra. Sin embargo, ellas, que en el cielo habían adquirido sentimientos, estaban aterradas. Tenían miedo de que otra vez los caprichosos humanos se obsesionaran con ellas, para exterminarlas. Entonces, al dios de la sabiduría se le ocurrió que esta podría ser una buena oportunidad para darle una lección a los humanos. Debían aprender a valorar lo que el cielo les enviaba, y a administrarlo con inteligencia.

Por eso, al día siguiente, los humanos encontraron pequeños bulbos en sus huertas. Parecían de cebolla, pero eran demasiado pequeños. Tanto, que no se atrevieron a recogerlos, ya que pensaron que crecerían más. Pasaron algunas semanas y entonces, un día los pequeños bulbos amanecieron cubiertos de una nueva capa, una capa que hacía que parecieran mayores. Los humanos empezaron a pensar que esas pequeñas bolas podían ser una nueva especie de cebolla.

Mujer llorando mientras pela cebollas

Cuenta esta historia sobre la justicia que las cebollas continuaron llenándose de capas hasta recuperar la constitución que los hombres conocían. Los humanos estaban muy felices. Sin embargo, al ir a cortarlas para añadirlas a sus alimentos, notaron que por dentro ya no eran como antes; no se veían compactas y, además, tenían varias capas.

Al dividirlas con el cuchillo, salía un líquido irritante. Era importante recordar la masacre que había tenido lugar. Esa es la razón por la cual todo aquel que corte una cebolla, debe llorar. Los humanos debían recordar para siempre que todo lo que existe en la naturaleza tiene un valor para que pueda darse la vida tal y como la conocemos.

  • Rawls, J. (2009). Lecciones sobre la historia de la filosofía política. (Vol. 131). Grupo Planeta (GBS).