El darte cuenta

20 Marzo, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga María Vélez
¿Te has parado a pensar alguna vez en cuántas veces has vivido algo casi sin darte cuenta? No dejes que eso pase más, aprende a vivir siendo consciente de aquello que te ocurra.
 

Cada persona reacciona de forma diferente antes las experiencias que se encuentra en la vida, y cada una tiene una percepción de las mismas. Suele ocurrir, además, que la mayoría de individuos pasar por esas experiencias sin ser totalmente conscientes de lo que están viviendo. Darse cuenta de por lo que uno está pasando es una parte esencial del proceso que, sin duda, lleva al conocerse mejor. Además, hace que se disfrute más y que se actúe de una manera más consecuente.

Puede suceder que se experimenten situaciones en las cuales, para evitar cierto sufrimiento, se deje la consciencia a un lado. Sin embargo, las respuesta emocionales seguirán estando ahí en cierta manera, y llegará un día en el que para sanarse sea necesario darse cuenta de la propia experiencia.

Desde el punto de vista emocional y cognitivo, el ser humano es excepcional. Es capaz de recoger y aprender de multitud de experiencias, positivas y negativas. Esto, hace que seamos capaces de enfrentar otros retos o problemas que aparezcan, pero para hacerlo de forma adecuado es fundamental haber gestionado adecuadamente todo lo vivido. Y, para ello, darse cuenta de qué es lo que ha pasado, darse cuenta de qué has sentido y qué ha cambiado en ti, es lo único que permitirá estar preparado. Además, en situaciones agradables será imprescindible para saber disfrutar cada segundo.

¿Qué quiere decir darse cuenta?

Darse cuenta significa comprender, entender, tomar conciencia o notar aquello que nos sucede. Normalmente caminamos con el modo automático, incluso el modo avión, y no llegamos a fijarnos siquiera en qué nos pasa a nosotros mismos. La consecuencia de ir así es que al final nos relacionamos, con los demás y con uno mismo, de una manera superficial, sin profundizar. No profundizar con uno mismo significa no conocerse.

 

Tomar consciencia de los propios sentimientos lleva a ser más honesto, también con los demás. A comunicarse mejor y a tomar la responsabilidad de los propios actos. También afecta a cómo nos relacionamos con los demás, dejará de lado los reproches, las culpas y los rencores.

En definitiva, darse cuenta provoca que cada uno tenga el control de sus pensamientos, sentimientos y, por tanto, de su vida. Permitiendo avanzar, cambiar y crecer.

¿Qué puedes hacer?

El modo automático, como su nombre indica, se activa por sí solo. En nosotros está desactivarlo y tomar consciencia. Para ello, la clave está en conectar con lo que estamos viviendo, aquí y ahora. Ser conscientes también de lo que pasa alrededor y cómo eso afecta al interior.

Para ello, se pueden hacer algunos ejercicios:

  • Meditación. Es por excelencia la herramienta para tomar consciencia del aquí y ahora. A través de ella, se intenta entrenar a la mente para autorregularse y tener una mayor percepción del propio cuerpo y mente.
  • Ejercicios de relajación. Cuando nos relajamos mejora nuestra atención, incluso la interocepción. Es decir, la capacidad para percibir las señales del propio cuerpo. Relajarse también despeja la mente y mejora nuestra habilidad para comprender lo que nos sucede sin dejarnos llevar por las emociones o pensamientos erróneos.
  • Pensar en experiencias pasadas. Analizar situaciones con perspectiva puede ayudarnos a asimilar qué provocó determinadas emociones y así, en el futuro, será más fácil identificarlo.
 
  • Aprender a identificar y clasificar emociones. Experimentar y detallar cada efecto de las distintas emociones en uno mismo. Qué te hace sentir, qué piensas… ayudará a verbalizarlas mejor y a tomar consciencia de los sentimientos.