El erotismo en la mujer

Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 21 septiembre, 2018
Edith Sánchez · 30 marzo, 2019
Entender la evolución y comprender qué es el erotismo y cómo lo vive la mujer del siglo XXI es muy importante para saber cómo se la puede satisfacer en el ámbito íntimo y sexual

El erotismo en la mujer es un tema bastante complejo. Las mujeres carecen de modelos culturales fuertes que permitan formarse una idea clara sobre la mejor manera de vivir su sexualidad. A pesar del movimiento de liberación femenina que comenzó en el siglo pasado, identificar y vivir en plena libertad la sexualidad y el erotismo sigue siendo una asignatura pendiente para la mujer.

Seguramente, al decir “plena libertad”, pasen por la mente imágenes fugaces de desenfreno. Este tipo de representaciones muestran precisamente que el referente mental imperativo en nuestras sociedades es el masculino. Se habla de una mujer “liberada sexualmente” solo si ejerce su sexualidad como lo haría un hombre.

«Me duele una mujer en todo el cuerpo»

-Jorge Luis Borges-

Ahí es donde está uno de los grandes equívocos en este tema. En primer lugar, porque una buena parte de los hombres no tiene libertad sexual. Sino que más bien viven «esclavizados» a los mandatos de su pene. Y, en segundo lugar, porque la anatomía, y por lo tanto el mundo interior de una mujer, es muy diferente a la de un hombre. Eso sin contar que tanto unos como otras vivimos en el marco de una cultura que imprime deseos y necesidades que también aluden a la forma de sentir placer.

El erotismo en la mujer. Investigaciones

Mujer y hombre en la cama con erotismo

Hace menos de un siglo todavía predominaba la idea de que no había nada que saber acerca del placer sexual en la mujer. De hecho, no había razón para pensar que la mujer debiera sentir placer durante el sexo. Si lo sentía, quién sabe, puede que tuviera algo mal en su cabeza o en su corazón. Y por mucho que lo nieguen ahora, sigue habiendo personas que en el fondo piensan así.

Con los estudios de Masters y Johnson se llegó a la conclusión de que las mujeres también experimentaban orgasmos. De hecho, se comprobó que sexualmente podían tener mayor vitalidad que la mayoría de los hombres.

Y sus orgasmos podían ser múltiples. A diferencia del género masculino, no había límite en la cantidad de relaciones sexuales que podían tener en cortos lapsos. La vagina se convirtió entonces en el nuevo foco de atención de los científicos. El clítoris se reveló como el nuevo gran protagonista.

Cada año salía un nuevo estudio que agregaba revelaciones: el punto G, las zonas erógenas, las fases en el acto sexual femenino. Y mucho más. Pero pocos fueron los estudios que le dieron importancia a la sexualidad femenina más allá de la vagina.

Se popularizó la idea de que un hombre con educación sexual era aquel que se mostraba capaz de entender que la mujer también sentía placer sexual y que tenía la posibilidad de oprimir la tecla correcta para producir orgasmos en serie.

Más allá de la anatomía

A partir de ese momento, las mujeres comenzaron a exigir su derecho al orgasmo. De esa visión, exclusivamente fisiológica de la sexualidad femenina, surgió una nueva forma de edificar las relaciones de pareja. Los hombres debían aceptar que no solo contaban sus deseos. Sino que era necesario administrarlas en consonancia con lo que le daba placer a la mujer.

Mujer con labios rojos mostrando erotismo

Se propició un discurso orientado a los derechos con un conjunto de evidencias en torno al erotismo y el placer sexual de la mujer. Por una o por otra vía, también apareció una “nueva forma” de ser mujer sexualmente. Cada una admitió como legítimo que sí, que le gustaba experimentar orgasmos. De ahí a adoptar el modelo masculino como propio solo hubo un paso.

El cambio en las tornas del erotismo en la mujer

Fue entonces cuando muchas mujeres se vieron exigidas a actuar como hombres y las cargas se invirtieron. Si antes el ideal de mujer se edificaba sobre la madre y esposa recatada, ahora gozar en la cama se convirtió en imperativo. La mujer que no lo lograra entraba en el orden de una patología. Por ejemplo, era frígida o tenía inhibiciones que debían tratarse en el consultorio de un profesional.

Si el hombre cumple buscando el “punto G” y haciendo todos los preliminares del caso, no hay razón para que ella no le responda haciéndole sentir que es un macho competente. Muchas de ellas no saben aún que, a diferencia de los hombres, su sexualidad no depende tanto de los genitales como de los signos del amor.

Muchos de ellos ignoran que el erotismo en la mujer tiene diferencias radicales con su masculina forma de tener sexo. Aunque todo parezca haber sido revelado, queda mucho por discutir aún.

En palabras de Carl Jung:

“El instinto erótico pertenece a la naturaleza original del ser humano. Está relacionado con la más alta forma de espíritu”

  • González, S. (2006). Pornografía y erotismo. Universidad del Rosario.
  • Jung, C. G., Jaffé, A., & Borrás, M. R. (1966). Recuerdos, sueños, pensamientos (pp. 476-477). Seix Barral.
  • Rodríguez, R. M., & Magda, R. M. R. (2003). El placer del simulacro: mujer, razón y erotismo (No. 40). Icaria Editorial.
  • Thomas, F. (1990). Amor, sexualidad y erotismo femenino. Revista de la Universidad Nacional (1944-1992)6(23), 23-28.