El Joker, el perfecto villano

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 2 octubre, 2018
Leah Padalino · 6 octubre, 2018
¿Cómo se construye el villano? ¿Por qué nos gustan tanto? Uno de los villanos más conocidos es el eterno rival del Batman: el Joker. Su personalidad sádica, narcisista y sociópata son solo algunas de las claves de su éxito.

El Joker es uno de los villanos más reconocidos y amados por el gran público. Su popularidad es tal que ya no necesita a Batman para ser reconocido; actualmente, está en marcha una nueva película que girará en torno a su figura con Joaquin Phoenix como protagonista.

Son varios los actores los que han dado vida a este particular villano, pero destaca, especialmente, el Joker de Heath Ledger, cuya interpretación le valió el Óscar póstumo y convirtió tanto al personaje como al actor en todo un icono del cine, sin menospreciar otras interpretaciones de gran calidad, como la de Jack Nicholson. El cine ha contribuido, en gran medida, a que la imagen del Joker se mitifique, a que se asocie con la del eterno villano.

“La gente, cuando está a punto de morir, se muestra tal y como es. Así que, en cierto modo, yo he conocido a tus amigos mejor que tú”.

-Joker-

La evolución del Joker

Hasta los años 40, Batman pertenecía a la serie Detective Comics y, a partir de este momento, el personaje se independizaría pasando a ser protagonista de un cómic con su mismo nombre. Como todo buen superhéroe, necesitaba un rival, de este modo comienza a configurarse la figura del Joker, cuya autoría ha sido bastante disputada. Este primer Joker se asemejaba a la figura del comodín de la baraja de póquer que lleva el mismo nombre, sus intrusiones eran menos elaboradas y se presentaba como un villano al uso.

Con el paso del tiempo, su popularidad se fue incrementando y parecía una figura esencial en los cómics de Batman, casi como si ambos personajes fueran las dos caras de una misma moneda: el bien y el mal, inseparables, indisolubles.

Joker con una cámara de fotos

Esta idea es la que trató de transmitir el aclamado guionista británico Alan Moore en La broma asesina, la idea de que héroe y villano no son tan distintos, de que ni la bondad de Batman es tan pura, ni tampoco la maldad del Joker. La broma asesina surge en un momento de crisis, en un momento en que las viejas normas editoriales ya no funcionan, en el que lo viejo empieza a cansar y las bromas del Joker están perdiendo su gracia.

Moore consiguió dar un giro radical, logró que el Joker adquiriera su verdadera personalidad, que ya no fuera un personaje plano y superficial, pero sin perder su esencia de villano. Gracias a Moore, el Joker dejó de ser un personaje secundario que, aunque presentaba tramas interesantes, se veía relegado al segundo plano y, como consecuencia, era un complemento del protagonista: Batman.

A partir de este momento, aumenta el interés por el villano, por descubrir su oscuro y confuso pasado del que poco o nada sabemos, por ver si la naturaleza del villano siempre ha estado ahí o, por el contrario, es fruto de un mal día. Moore logró encajar las piezas que le faltaban al rompecabezas y trazó los principales rasgos de la verdadera personalidad del Joker, del motivo de su locura.

¿Quién es el Joker?

Su aspecto físico supone una auténtica burla a Batman, personaje serio, oscuro y de pasado trágico, que contrasta con el aspecto circense, excéntrico y colorido del Joker. Su apariencia física, explicada de diversas maneras a lo largo de los cómics, se debe a una caída en un tanque que contenía residuos químicos que desfiguraron su cara y modificaron su piel. Algunos autores suelen añadir maquillaje, otros explican que el color de sus labios se debe al contacto con los residuos.

  • En La broma asesina, el Joker recuerda su pasado de diversas formas, vemos algunos flashbacks, pero no sabemos si son reales o no.
  • En Mad Love, el Joker le explica a Harley Quinn un triste pasado en el que tuvo problemas con su padre, sin embargo, también descubrimos que a Batman le había contado otra versión similar, pero con algunas variantes.
  • En la película Batman (1989) dirigida por Tim Burton con Jack Nicholson en el papel de Joker, vemos que se le asigna un nombre: Jack Napier y asistimos a su transformación en Joker en el tanque de productos químicos.
  • El Joker de Heath Ledger presentaba un tono más realista, más próximo al de un criminal, un asesino en serie que deja siempre su seña de identidad al lado de su víctima, siguiendo un poco la estela de los orígenes que veíamos en los primeros cómics.

Joker interpretado por Jack Nicholson

De este modo, no tenemos un pasado claro ni definido del personaje, sino diversas versiones que dibujan diferentes posibilidades y, en casi todas, el pasado está borroso. El Joker suele inventar sus historias y manipularlas con el fin de conseguir un objetivo como ocurre en Mad Love. No sabemos qué es real y qué es mentira, pero podemos intuir un oscuro pasado, un pasado quizás no tan distinto al de Batman que, unido a su sadismo, ha construido al personaje que conocemos en la actualidad.

Sádico, burlón, extremadamente inteligente, loco, manipulador, así es el Joker, no importa la versión. La locura parece ir estrechamente ligada al personaje y logra transmitirla a quienes le rodean, tal y como ocurre con Harley Quinn: a pesar de ser su psiquiatra, se enamora de él y de su locura. Y es que el Joker tiene algo de encantador, tiene un aura narcisista, egocéntrica y cruel, pero que no podemos evitar que nos atrape.

Su gusto por las bromas, por reírse de lo que a nadie le haría gracia, su burla hacia la vida y hacia la muerte, sus retorcidos, pero inteligentes y elaborados planes lo convierten en el perfecto villano. El villano absoluto, tan perfecto en su arquetipo, que logra enamorarnos.

El villano

Al no conocer su pasado y aunque Moore intentase desdibujar el bien y el mal, lo cierto es que el Joker es el perfecto psicópata, el villano literario o cinematográfico que lo es porque sí, sin ninguna causa externa que lo llevara a tomar ese camino. Son muchas las versiones y son distintas las propuestas, pero todas coinciden en dibujarnos a un sociópata sin escrúpulos cuyo único objetivo es sembrar el caos.

Se ha intentado ver al villano como todo aquello que el héroe no es o no puede ser: si Batman es orden, Joker es caos; si Batman es el bien, el Joker es el mal… Sin embargo, la figura del villano es mucho más compleja y se ha estudiado desde diversas áreas, existen muchos tipos de villanos y no resulta fácil hacer una clasificación de los mismos.

El arquetipo del villano podemos encontrarlo en manifestaciones artísticas de carácter muy diverso, el villano no siempre es un personaje, también puede ser una institución, un grupo, etc. Solemos vincularlo a los cuentos, a la tradición popular, lugar en el que los arquetipos son bastante claros, los personajes se amoldan y se configuran dentro del mismo.

Vladímir Propp realizó un profundo estudio sobre la morfología del cuento; en él, habló de una serie de 31 puntos comunes o recurrentes en todos los cuentos de hadas y, por supuesto, se refería al villano y a su relación con el héroe. Estas funciones han servido para la construcción de relatos, para el estudio de la narratología, y no solo las vemos en los cuentos de hadas, sino que podemos encontrarlas también en obras más extensas, incluso en el mundo del cómic o del cine.

La figura del héroe parece esencial en la morfología del cuento de Propp y, de igual manera, todo héroe necesita un villano, un personaje que intente sabotear al héroe, que hiera a su familia, que destruya sus planes y que contribuya en la construcción y mitificación del propio héroe.

“Solo hace falta tener un mal día para que el hombre más cuerdo que existe enloquezca, esa es la distancia que separa al mundo del lugar que yo habito: un mal día”.

-Joker-

 

Propp, V., (1985): Morfología del cuento. Madrid, Akal.