El Libro rojo o como Carl Jung rescató su alma

El Libro rojo o cómo Carl Jung rescató su alma

Valeria Sabater 11 febrero, 2018 en Literatura y psicología 657 compartidos
tres ilustraciones representando el el libro rojo de Jung

Dicen del Libro rojo de Carl Jung que en sus páginas se contiene la alquimia de una mente que aspiraba viajar al inframundo para rescatar su alma. Estamos ante un legado intelectual enigmático y fascinante, el santo grial del inconsciente para muchos y para otros, la obra de un loco que en un momento dado llegó a repudiar a la humanidad.

Si hay un misterio aún por resolver en el mundo de la psicología es el referente a este manuscrito que Carl Gustav Jung escribió entre 1914 y 1930. Es una obra inacabada, un libro a medio camino entre lo profético, lo místico y lo psicológico; además, cuenta con sobrecogedoras ilustraciones, donde las deidades se confunden con demonios ancestrales.

Son pocos los que se aventuran a dar una explicación lógica y racional sobre lo que el padre de la psicología analítica pretendía con su Liber Novus. Sin embargo, tal vez no pretendiera nada, tal vez no hay que mirar con ojos científico y objetivos un trabajo que en realidad, podría haber respondido más bien a un ejercicio catártico, a una terapia personal con la que permitir que corrieran solos sus demonios mentales en un momento de crisis existencial.

Tal vez fuera eso y nada más. No obstante, hay algo que queda en evidencia: tras la muerte de Jung, la familia guardó con recelo y bajo llave este manuscrito en una casa de Kusnacht, en los suburbios de Zúrich. Nadie debía acercarse a ese trabajo, ni siquiera los estudiosos ni sus compañeros junguianos. Más tarde, en 1984, el Libro rojo o Liber Novus fue transferido a un banco. No fue hasta el 2009 cuando Ulrich Hoerni, nieto de Jung, permitió la publicación del mismo. Un evento largamente esperado que dejó casi sin aliento y sin palabras a expertos y profanos…

Páginas del el libro rojo de Jung

El Libro rojo de Jung, la obra de una mente en crisis

Este es uno de los párrafos del primer capítulo del Libro rojo de Carl Jung. Para quien conozca su obra, y aún no se haya acercado a este trabajo, cabe decir que lo primero que experimentará es extrañeza, contradicción y la sensación de tener entre las manos un mundo a instantes salvaje. Es casi como una biblia de lo sagrado y lo prohibido, encuadernada en cuero rojo y habitada a su vez por bellos pergaminos color crema inundados de las letras doradas.

Es interesante destacar que en el momento de su publicación muchos junguianos, como fue el caso de Andrew Samuels, se apresuraron en aclarar que Jung no padecía ningún desorden mental. Hay quien se aventura a decir que esta obra no es más que el resultado de un brote psicótico que pudo experimentar Jung tras sus discrepancias con Freud.

No fue así. En realidad lo que experimentaba Carl Jung era una profunda crisis personal y el inicio de una nueva etapa en su vida, esa que dio paso a una posterior evolución intelectual. Este manuscrito empezó a redactarse en 1914, justo al final de la Primera Guerra Mundial, instante en que este médico y psiquiatra suizo experimentaba una decepción profunda con la humanidad y un escepticismo casi descarnado hacia el racionalismo científico de su época.

Carl Gustav Jung cuando concluyó el el libro rojo

La finalidad catártica del Libro rojo

El Libro rojo es por encima de todo un diario íntimo. La dificultad que encontramos a la hora de desentrañar todo ese entramado de símbolos, de códigos mundi y de autoalquimia responde por tanto al simple hecho de que nadie puede desgranar ni diseccionar ese cuerpo que conforma la mente ajena, y más si esa mente es la de uno de los mejores representantes del universo onírico.

En estas páginas, Jung fue explorando su propia psique, sus relaciones con el inconsciente y toda esa arquitectura profunda donde él, cómo no, era un explorador privilegiado. Utilizó la técnica psiconáutica para dar forma a cada página, lo hizo con imaginaciones activas conformadas mediante la meditación, ahí donde permitir que fluyeran las imágenes, esas que más tarde daba forma en una ilustración y en una descripción.

Así, y de este modo, afloraron todo ese conjunto de arquetipos que más tarde desarrollaría, emergieron también sus universos más turbios, y esa sombra que a menudo no deseamos reconocer como propia, pero que conforma también nuestro auténtico ser.

Escalera que lleva a una puerta ante el universo representando el misticismo del el libro rojo

Un dato curioso y a la vez maravilloso sucedido a raíz de la publicación del Libro rojo en el 2009, fue el hecho de que salieron múltiples testimonios de personas que habían sido pacientes de Carl Jung. Y ellos sí entendieron la finalidad de este trabajo.

Mientras algunos se llevaban la mano a la cabeza ante todo aquel océano literario habitado por árboles de la sabiduría, cerebros reptilianos, dragones devoradores o la serpiente kundalini, otros recordaron un consejo que el doctor Jung solía darles a menudo:

“Le recomiendo que escriba sus pensamientos, emociones y sensaciones en un libro hermosamente encuadernado. Practique la visualización, medite, relájese y entonces se liberará su poder… Cuando esas cosas estén en su querido libro usted puede acudir a él para mirar las páginas, y será para usted su iglesia -su catedral-, el lugar silencioso de su espíritu donde encontrará renovación. Si alguien le dice que eso es algo mórbido o neurótico y usted les hace caso, usted perderá su alma, y ese libro será su alma”.
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Un sabio consejo de un gran maestro, cuya sombra, en forma de legado intelectual, aún nos deleita y nos asombra.

Valeria Sabater

Soy psicóloga y escritora. La curiosidad por el conocimiento humano es mi cerradura particular, la psicología mi llave, la escritura, mi pasión.

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