El narcisismo inconsciente presente en las relaciones entre padres e hijos

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 17 febrero, 2018
Raquel Aldana · 17 febrero, 2018

El narcisismo, entendido como el amor hacia sí mismo y la búsqueda de la satisfacción que produce la admiración, está presente en las relaciones parentales. Los padres proyectan en sus hijos un enorme impulso para vivir y amar; sin embargo, muchas veces ese impulso está mediatizado por sus anhelos en mayor o menor medida, tiñendo la relación de un narcisismo no ególatra, sino anhelante o expectante.

Habitualmente, la literatura y la teoría se han ocupado de cómo influyen en los niños las relaciones con los padres. Por ello, es difícil encontrar en la literatura referencias claras al narcisismo presente en las relaciones parentales, entendido este como la visión de lo ajeno como propio o, lo que es lo mismo, la mirada a las características del hijo como propias.

Los primeros vestigios del interés por este fenómeno los encontramos en Freud, quien teorizó la existencia de la tendencia a atribuir al hijo todas las perfecciones (cabe destacar que solo se ocupó en este caso de cómo conformaban los padres las relaciones con sus hijos). Esto se intuye en el inicio de las relaciones parentales cuando el bebé se convierte en la majestad de la casa.

Niño con padres alcohólicos llorando

Así, el fenómeno “Su majestad el bebé” se conforma como una manera de renovar en los hijos los privilegios que ellos mismos se imaginan haber tenido como niños y que tuvieron que abandonar. Observamos que los padres colman a sus hijos de privilegios y consideraciones, endiosando sus cualidades para posteriormente exigir que el desarrollo de las mismas esté acorde con su esquema.

Es decir, muchos padres acaban proyectando en sus hijos “su Yo ideal”, ofreciéndoles a ellos y a sí mismos una versión “perfeccionada y perfeccionista” de lo que creen haber sido o les gustaría haber sido.

Digamos que podemos entender que se concibe un yo ideal en los propios hijos, haciéndoles a ellos responsables de sanar las frustraciones y las apetencias más profundas del yo infantil parental.

Por eso se habla de narcisismo inconsciente, puesto que, al hablar de proyección, sería más un amor por ellos mismos, por cómo ellos creen haber sido o quisieron ser, desdoblando de alguna manera esta relación amorosa.

¿Cómo se construye?

La experiencia clínica lleva a los profesionales relacionados con el ámbito de las relaciones entre padres e hijos a profundizar en el narcisismo inconsciente presente en las mismas. Atendiendo a esto, el psicoanalista Juan Manzano nos habla de los cuatro elementos esenciales que constituyen este narcisismo inconsciente parental:

1. Proyección de los padres sobre el niño

Proyección por parte de los padres de aspectos infantiles propios vividos como abandonados o carenciales. El padre o la madre que realizan esta proyección no quieren que a su hijo/a le falte lo que ellos anhelaron y anhelan; a su vez, ven en sus hijos la representación perfecta de su yo ideal. Es posible que esta proyección sea, en gran medida, inconsciente o que al menos no se haga una reflexión explícita de esto.

2. Identificación complementaria de los padres

El padre o madre va a considerar a su hijo como una parte de sí mismo/a o de sus objetos internos en mayor o menor medida. Es decir, el progenitor se identifica de tal manera que el sentimiento de posesión se exacerba, dificultando así la construcción del yo del niño/a.

3. Finalidad específica

Como se comentaba, el objetivo de esta proyección e identificación complementaria, es la realización de la satisfacción de naturaleza narcisista. Sin embargo, pueden añadirse al cumplimiento del perfil anhelado otras finalidades como la negación de una pérdida.

4. Una dinámica relacional actuada

La interacción se fundamenta en los roles previamente asignados, por lo que sobrepasará la imaginación y conformará el desarrollo de las dinámicas relacionales con otras personas y consigo mismo. Esto crea un perfil ficticio que acaba convirtiéndose en pura realidad.

En los casos patológicos, los menores pueden reaccionar de distintas maneras. Algunas veces, se asumen los roles que les han sido asignados creando trastornos más tarde, lo que ocasionará que el menor se rebele después porque se siente abandonado. Este sentimiento de abandono viene determinado por la simple razón de que la relación entre él/ella y el progenitor no existe o es escasa, puesto que ya siente que sus deseos no son suyos, sino que son impuestos por las expectativas parentales.

NOTA: El contenido de este artículo ha sido extraído de lo expuesto en “Escenarios narcisistas de la parentalidad” de Juan Manzano.